Cochabamba, viernes 17 de agosto de 2018

Vuela alto, Manrico Montero

Sobre el científico y artista sonoro mexicano fallecido el pasado martes en su país natal. 
| Lucía Querejazu Escobari | 27 may 2018



Manrico Montero llegó a Bolivia en 2009. Enamorado de la música andina y los paisajes bolivianos, aprovechó el Encuentro de Dialectos Digitales para llegar y quedarse. Participó en múltiples encuentros, exposiciones, siempre colaborando e innovando entre el público y los artistas bolivianos. Los talleres de experimentación sonora que empezó a dictar se caracterizaron, como todo en él, por la generosidad en la enseñanza y en dar muestra de una apertura intelectual, emocional y espiritual muy particular, única de Manrico.

Músico y compositor

Lo escuchamos después en Cochabamba, en 2012 en el concierto en el Martadero, donde, como en otras oportunidades, antes y después, hacía improvisación libre en tiempo real con instrumentos electroacústicos y objetos concretos. Verlo y oírlo era un espectáculo poco común en Bolivia, donde los artistas visuales habían incursionado en artes digitales y videoarte pero poco se había experimentado en arte sonoro y mucho menos en la conjunción de todas estas facciones de las artes digitales contemporáneas.

Ya antes de llegar a Bolivia, se había paseado muchos países colaborando con decenas de artistas y músicos. De estas fructíferas relaciones creativas salieron al menos siete álbumes bajo diferentes sellos como SEM (Francia), Iod/Eko (Francia), Trente Oiseaux (Alemania) y Rain Music (Francia). Gestionó además su propio sello discográfico, Mandorla, bajo el cual publicó sus últimos trabajos. Su música era electrónica pero no sorprende encontrar que está etiquetada también como non-music por ser ambiental, producto del registro sonoro de espacios diversos y, por lo tanto, profundamente experimental.

En esta búsqueda y encuentro de nuevas formas, nuevos sonidos, nuevas necesidades es que Manrico tomaba el sonido como materia plástica para generar espacios sonoros. En sus entornos se abría al oyente/espectador a percibir una experiencia que sonaba en la piel, se oía en la vibración del suelo y en el efecto intermedial de la producción audiovisual generado por nuevas tecnologías.

Gestor

Manrico era también gestor y de gran empuje. Su sed de diálogo lo llevó a encargarse de la sección Pensamientos Abiertos de la Bienal del SIART, curada por Sandra de Berduccy. Buscó que ese espacio generara la discusión necesaria dentro de las artes, tanto desde la creación como de la gestión. Contando con la presencia de muchos curadores, artistas y gestores, esta fue una de las pocas bienales en las que el diálogo tuvo un escenario prioritario.

Su inquietud constante por producir, compartir y generar le llevó a ser el mejor gestor de su propio trabajo que, de otra manera, probablemente no habría recibido apoyo por ser totalmente innovador. Su pasión por el trabajo que realizaba se contagiaba a quienes trabajamos cerca e invitaba constantemente al cuestionamiento crítico de lo establecido.

Científico

Como científico, Manrico se presentaba como un producto del estudio interdisciplinar entre la lingüística, la semiótica y la ecología. De ello surgían oficios únicos, probablemente representados sólo por él en el continente como ser la investigación de bioacústica o la exploración de la ecología del paisaje sonoro, siguiendo su inquietud por el funcionamiento del sonido en la naturaleza.

Manrico era viajero. Siempre en movimiento, se paseó los bosques de niebla desde su natal México hasta la Patagonia donde los hubiese; se internó en las selvas maya y amazónica en una y otra parte del continente; se caminó la aridez de la Patagonia y las alturas andinas con su kit de registro y grabación. En numerosas ocasiones construyó sus propios micrófonos porque era un convencido de que la mejor manera de afrontar la grabación y por medio de ella, la comprensión de una especie, es el comprender su entorno y adaptar las herramientas tecnológicas disponibles a la necesidad planteada en cada caso.

Manrico nos enseñó a escuchar, nos mostró cómo es posible ejercer el oficio con una ética del amor y la paz cósmicos al tiempo que se gestionaba entre arte, ciencia y música. El mundo necesita más hombres así, por eso lloramos su ausencia, nosotros, las aves y los grillos.

Historiadora y amiga de Manrico





TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR:

MÁS NOTICIAS DE « RAMONA »:

Opinión en Twitter
Opinión en Facebook
Portada Impresa