Cochabamba, viernes 17 de agosto de 2018

Animales domésticos

Sobre la obra teatral de Mercedes Campos que fue parte de la Muestra Off efectuada recientemente en el mARTAdero.
| Claudia Michel | 27 may 2018



La dulce melodía con la que inicia la obra “Animales domésticos” nos transporta a un lugar cálido y amoroso, como el útero de una madre. La metáfora parece esa, la actriz está en el piso en posición fetal cubierta por una sábana dentro la que se mueve con suavidad, como queriendo salir de ella sin apuro. Salir, será otra palabra que describe a esta puesta en escena de Mercedes Campos.

Una mujer llega a una casa nueva con su pareja, una casa con una sola ventana. Tiene un perro Tuti, el único animal, o al menos eso parece.

Con cartones por toda utilería, “Animales domésticos” nos permite mirar con los ojos de una mujer que se las arregla ante toda incomodidad, tiene los lentes del amor que le hacen mirar con ilusión la única ventana de su casa por la que no entra el sol. Pero algo cae, literalmente, es la comida de Tuti, las grageas del perro que se desparraman, se estrellan en el piso y marcan el inicio de los golpes.

La actriz es la mujer, después el hombre que golpea. Con una simpleza de recursos pero una presencia escénica imponente, todos sabemos lo que hace ese hombre y a quién se lo hace. Luego es otra vez ella tomando una taza de té, hablando sobre como odia la palabra “perdón”. Pensando en una casa donde ser felices, un lugar donde todo puede mejorar. Pero sus deseos se confunden con los golpes en la puerta. Ahí está él, otra vez y no viene a conversar.

En una de las escenas más conmovedoras de la obra, la mujer le dice que no, que espere, que pare. Estira la mano para detenerlo pero cae sobre ella el muro de cajas de cartón. En “Animales domésticos” uno siente la angustia, la necesidad de mentirse, de huir, de zafar para finalmente entender una realidad que no se quiere ver.

Aunque el tema de género parece haberse puesto de moda en las artes escénicas de Bolivia, “Animales domésticos” logra salir de este lugar común sacudiendo al público de sus asientos. A pesar de que a momentos el texto se hace lento, la propuesta logra mostrar sin panfletos ni buenos deseos, la crudeza de la violencia.

“Animales domésticos” conmueve e incomoda, mostrando sin juzgar ni dar moralejas con una simpleza que hace que la tarea más pesada se la lleve el espectador.

Escritora - claudiamichel@gmail.com





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