Cochabamba, lunes 20 de agosto de 2018

Mayo del 78

| Bartolomé Leal | 13 may 2018

Hoy deliro de mala manera. Estoy lleno hasta por dentro de los huesos húmeros, de arañas peludas, las que en los últimos siglos, años o meses pasados en París no me dejan percibir correctamente el transcurso del tiempo. Se han ido multiplicando y creciendo. Al menor descuido comienzan a torturarme. No doy más.

Hace unos días debí irme de entrevista para postular a un trabajo. Soy un parado, un cesante. En el metro, ahogado por la corbata degradante y empaquetado en mi terno color marengo, me percaté que las peludas estaban en acción. El resultado fue llegar a la cita frenético, descontrolado. Mi corazón, vuelto una batahola, es el lugar predilecto de las alimañas: allí se juntan a ver como decaigo. Odio el hábito de las arañas peludas de manifestarse cuando más necesito estar tranquilo, controlado, frío.

(Pido pega. ¿Puesto público, proyecto privado? ¿Papel pasivo, perfil pujante? Postergo preferencia. ¿Poca paga? Perfecto. ¿Posición principal? Prescindible. Pregunto para percatarme por probabilidad, por pigmea pudiera parecer; pero personajes presuntamente partidarios poseen poder precario. Peor: pérfidos pusilánimes presentan parca pelea porque proveo poca plata. Poseo peculio pequeño. Piden perlas, pendientes preciosos, pieles, pomos perfumados. ¡Pontífices podridos, pordioseros ponzoñosos, perjuros! ¿Promesas? Puros pedos. Presumo predominan pequeñeces personales: pasividad política, pésima pinta, posición precaria, poca perseverancia. Perezco putrefacto por pereza permanente. Pero persisto porque puedo prodigarme para perpetrar pasiones pecaminosas, prohibidas para pacatos, padecidas primero por protestantes, proxenetas, prostitutas, pederastas).

Me gustaría saber como hacerlas salir. A las arañas. Muchas veces me siento a pensar al atardecer, cuando las bellacas, tranquilas, se dedican a peinar sus peludeces, a aceitar sus articulaciones para la noche. Yo, arrullado por un interminable cuarteto de cuerdas, reflexiono y concluyo que la solución para expulsarlas pasa por saber cómo entraron. Digo entraron porque una vez tuve la revelación de haber estado, en cierta etapa de mi vida, libre de su presencia abominable. Pero de esto hacen añares y yo creía en muchas cosas, y juraba que iba a ser astrónomo o arqueólogo, y que la contemplación relajada de lo bello llenaría mi futuro.

Las arañas penetraron con alguna decisión. Al parecer, toda decisión implica abrir un pasaje oculto en nosotros, algún socavón invisible por donde entran y salen olores, sabores, formas y texturas. Junto con eso, con lo sublime, suelen colarse los terrores, las fetideces, la fealdad. Mis arañas peludas son una forma tangible, pragmática, del mal.

(Pretendo privilegiar paciencia, pero puedo ponerme poseso por prescripción popular & proletaria. Palitroques prepotentes: perderán penosamente propias posesiones. Probarán puercas pudriciones, pus, porquerías. Pálidos, pedirán perdón. Presiento proclamarán penitencias, pagadas peso por peso pasando por parroquias. ¡Patrañas pueriles! Proyecto potenciar pistolas, potro, puñales, paredón, prisión, pilar. Peligro. Padecimientos parecen perfilarse por poniente. Poco podré perdonarles. Perros pulguientos. Pavorreales presumidos. Primates pestilentes. Prodigan pistones, pitutos, préstamos, pero puramente para parientes pedigüeños, para pitucos poderosos, para putas pijas… Perdón por proferir, porfiado, perorata panfletaria. Permítanme participar placeres. Púdrome. ¡Pega pronto, por piedad!).

Escritor chileno - bartolome_leal@yahoo.com



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