Cochabamba, domingo 19 de agosto de 2018

Mayo del 68: cuando la imaginación tuvo el poder

Dos conversatorios en el Centro Patiño y un ciclo de películas dieron inicio la semana pasada a un programa de actividades para recordar el 50 aniversario de Mayo del 68. Aprovechando la coyuntura, reeditamos un texto introductorio sobre ese acontecimiento histórico (que tuvo su epicentro en Francia), originalmente publicado hace 10 años, en ocasión de sus 40 años, y compartimos un artículo sobre la cinta francesa Los amantes regulares (1995), de Phillippe Garrel, que dará continuidad al ciclo este lunes 14, en la Alianza Francesa (calle La Paz N° 784 casi Crisóstomo Carrillo), a las 19:00. 
| Santiago Espinoza A. | 13 may 2018



Puede que no sea la mejor manera de empezar estas líneas, pero es que no se puede negar que hay mucho de oportunismo mediático en esto de recordar los 50 años de Mayo del 68. El aniversario se presta para elaborar minuciosas cronologías de la revuelta callejera francesa, recuperar sendas imágenes con miles de jóvenes tomando la ciudad más fotogénica del orbe, memorizarse ocurrentes grafitis y eslóganes de la época, buscar a los ubicuos protagonistas de los disturbios y hostigarlos hasta hacerlos escupir el sentido actual de aquel histórico mes, y si el medio lo permite, crear juegos y otros divertimentos del estilo “cuánto sabe sobre Mayo del 68” para cazar al lector promedio. La excusa es la misma: determinar si sirvieron de algo o no aquellos convulsionados días en que la imaginación tuvo el poder.

Pero, aunque los caracteres y las imágenes se multiplican a cada segundo, la respuesta se mantiene esquiva. El rompecabezas de hechos, nombres e interpretaciones se torna más insoluble. Uno sigue repasando que la agitación empezó el 22 de marzo de 1968, con la protesta del grupo de estudiantes de Nanterre –entre los que figuraba el célebre Daniel Cohn-Bendit- por la detención de miembros del Comité Nacional de Vietnam. Que, apenas un mes antes, había empezado un paro de estudiantes en la Sorbona, quienes, entre otras cosas, reclamaban el acceso a los dormitorios de sus compañeras y, claro, reformas académicas. Que, en esas mismas fechas, la comunidad cinéfila parisiense –a la cabeza de Godard, Truffaut, Lelouch y Berri- protagonizaba su propia revuelta en rechazo a la separación de la Cinemateca de su fundador, Henry Langlois (una medida impuesta por el entonces ministro de Cultura, Andre Malraux, que desembocaría en la suspensión del Festival de Cannes de 1968 sin palmarés, precisamente en mayo). Que el intento fallido de Charles del Gaulle por reprimir las crecientes manifestaciones precipitó una reacción en cadena inimaginable desde finales de abril, provocando violentos enfrentamientos entre policías y estudiantes en el Barrio Latino ya a principios de mayo que serían el preámbulo de la histórica Noche de las Barricadas del 10 de mayo. Que, de ahí en adelante, el movimiento no hizo más que crecer, sumando la participación de los trabajadores, sus sindicatos y los oportunistas partidos de izquierda galos (sobre todo, el Partido Comunista Francés), con demandas laborales específicas. Que, para el 17, el paro en Francia era total y el más grande de la historia, con más de 10 millones de personas en huelga. Que de Gaulle se vio obligado a disolver la Asamblea Nacional y convocar a elecciones parlamentarias anticipadas para el 23 de junio. Que, con la neutralización del movimiento obrero y la anuencia de la izquierda, el general de la resistencia francesa en la Segunda Guerra salió más fortalecido de los comicios. Y que, hasta finales de junio, todo el remezón era ya historia…

Pero, por más que seguimos repasando una y más veces esta maraña de eventos, personajes y fechas, añadiendo unos y quitando otros, el legado de Mayo del 68 se nos muestra aún críptico o, cuando menos, desalentador, tal como lo revelan los propios franceses.

Es que el error común está –tal vez- en intentar buscar las huellas de Mayo del 68 solo en Francia o, lo que es lo mismo, en interpretar los disturbios de aquel mes como un hecho aislado. Lo cierto es que lo del mayo francés fue el punto culminante de esa ola de agitación política y social en que se encontraba sumido el mundo occidental y también gran parte del mundo no occidental. Aquél fue también el año de la Primavera de Praga, del asesinato de Luther King y Bobby Kennedy, de las masivas movilizaciones contra la Guerra de Vietnam, de la Masacre de Tlatelolco, de la eclosión del movimiento estudiantil brasileño, del inicio del Movimiento hacia el Campo de Mao, del levantamiento estudiantil paquistaní y de un largo etcétera de eventos que revelaron el inconformismo campante de aquellos años, la sed de cambios de las sociedades y su repertorio amplísimo de reivindicaciones políticas, sociales y culturales que coincidían en la necesidad de sentar las bases para una sociedad más justa y tolerante con las minorías o disidencias.

De ahí que no sea descabellado rastrear las huellas de Mayo del 68 también en otros lugares y en cuestiones no tan visibles como las tendencias actuales de la política mundial. Una de ellas, cuándo no, el cine.

Periodista – santi.espinoza@gmail.com





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