Cochabamba, viernes 19 de octubre de 2018

Estigma sobre incontinencia evita tratamiento oportuno

La pérdida involuntaria de orina afecta a 25 millones de latinoamericanos. Las personas que sufren este problema, un 75% de mujeres, sienten vergüenza y no acuden a tiempo a consultar a un especialista.
CRISTINA SÁNCHEZ/EFE MÉXICO | | 10 may 2018



El estigma que rodea la incontinencia urinaria lleva a que los afectados no reciban un tratamiento oportuno, sufran en silencio y con vergüenza, lo que deriva además en estrés, miedo, depresión y, muchas veces, aislamiento.

"El problema es que al no querer hablarlo, las personas no reciben a tiempo el tratamiento que necesitan", señaló a EFE el doctor Alexandre Kalache, especialista en epidemiología del envejecimiento.

El experto explicó que este padecimiento consiste en el escape de poca o mucha orina involuntariamente, la necesidad de acudir con frecuencia al baño, levantarse varias veces en la noche a orinar, padecer dificultad para aguantarse y dolor y molestias al orinar.

De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) más de 400 millones de personas en el mundo, entre ellas 25 millones de latinoamericanos, presentan incontinencia urinaria.

En México, se estima que un 30 por ciento de los mayores de 70 años presentan este problema.

Aunque es más común que se vea en la población de la tercera edad, el especialista advierte que puede ocurrir en cualquier momento de la vida y que el 75 por ciento de los casos se da en mujeres.

Pese a su prevalencia, Kalache asegura que es un padecimiento "olvidado en los sistemas de salud y poco estudiado por el personal médico profesional".

Y es el estigma y la vergüenza lo que hace que muy pocas personas busquen una cura.

El experto explicó que entre los factores de riesgo se encuentran la dieta, el uso indiscriminado de ciertos medicamentos o la interacción que tienen entre ellos en el organismo, además de cirugías y el cáncer colorrectal y de estómago.

Además, los padecimientos cognitivos como el Alzheimer y, en el caso de las mujeres los partos múltiples, son también un factor determinante.

Sin embargo, el principal factor de riesgo es la edad y por ello, la preocupación, señala Kalache, es el acelerado ritmo de envejecimiento que tiene actualmente la población. "La gente envejece en un tiempo más corto, y cada vez tenemos menos tiempo para solventar este tipo de padecimientos", señaló el experto.

Según datos de la revisión de 2017 del informe "Perspectivas de la Población Mundial" de Naciones Unidas (ONU), se espera que el número de personas mayores, es decir, aquellas de 60 años o más, se duplique para 2050 y triplique para la gestión 2100.

Es decir, pasará de 962 millones en 2017 a 2.100 millones en 2050 y 3.100 millones en 2100.

El exdirector del programa de envejecimiento y activo de la OMS explicó que otro de los principales problemas es la falta de conocimiento y actualización por parte del personal médico acerca de este padecimiento.

"En los países en vías de desarrollo el personal médico no está capacitado, ni familiarizado con los problemas de personas mayores y los servidores públicos no dan prioridad a este sector de la población", advirtió.

El especialista señaló que, por ejemplo, los programas de estudio de medicina están enfocados en la población joven no en las enfermedades que se padecen con el paso de la edad.

Por esta razón, durante el Foro Global sobre la Incontinencia realizado en abril pasado, Kalache junto con organizaciones civiles, y un panel de expertos elaboraron el estudio titulado "Midiendo los Resultados para Mejorar la Gestión del Cuidado de la Incontinencia".

Impacto en la calidad de vida



La incontinencia, o pérdida involuntaria de orina está posicionada en el quinto lugar en cuanto al impacto en la calidad de vida de los pacientes por encima de patologías como el infarto de miocardio o de la diabetes. Esto hace que exista una mayor predisposición en el índice de morbilidad y mortalidad de pacientes. La incontinencia crónica, reconocida por la Organización Mundial de la Salud como enfermedad, afecta de manera decisiva a la calidad de vida de los pacientes tanto en el entorno social (aislamiento), como en el físico (problemas de piel).

También al sexual (distanciamiento de la pareja por miedo a la pérdida de orina), psicológico (depresión, ansiedad, pérdida de autoestima) y laboral (absentismo).

El director de División de Medicina Geriátrica de la Universidad canadiense de Alberta, Adrian Wagg, afirmó a EFE que sigue existiendo una percepción social de sentimiento de vergüenza, y esto origina que el 50 por ciento de los pacientes no consulte a un especialista, lo que dificulta su diagnóstico y un correcto abordaje, y, por tanto, agudiza la enfermedad y incrementa los costes asociados.





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