Cochabamba, domingo 27 de mayo de 2018

Lecturas sutiles Bulgakov: dolor y morfina

Psicoanalista claudiospivak@gmail.com Buenos Aires-Argentina | Claudio Spivak | 06 may 2018

El ruso Mijail Bulgakov fue forzado a abandonar dos carreras. La primera, el ejercicio de la medicina por causa de la guerra civil que continuó a la Revolución de Octubre. La segunda, la literaria, cuando se prohibieron sus libros, apreciados como contrarrevolucionarios. Hay otra carrera abandonada, y esta por motivos personales: el consumo de morfina.

Dichas carreras se encuentran trenzadas en su cuento “Morfina”. El relato pertenece al ciclo ‘Notas de un médico joven’, donde se retratan las experiencias del escritor como médico rural. Fue al final de este periodo como médico que abandonó su morfinismo.

“Morfina” está escrito en forma de diario y tiene como protagonista a un joven médico rural de nombre Poliakov. En el cuento se describe, además, algo que suele encontrarse en los relatos de algunos sujetos consumidores. Bulgakov ha encontrado la manera de escribirlo de forma precisa.

A poco de comenzar el relato, el médico Poliakov nos pone al tanto de cómo ha llegado al pueblo donde ejercerá. Ha querido aislarse del mundo. Por las metáforas usadas parece, además, haber querido sepultarse en vida. Alude a su residencia como un entierro y un ataúd. Más adelante surgirán menciones a la asfixia.

También nos sugiere una herida. Pronto esa herida toma forma de despecho amoroso: ha sido abandonado por su esposa, cantante de ópera. Por este motivo se ha aislado y no quiere ver o hablar con nadie.

El diario que escribe Poliakov se irá transformando en una historia clínica. Se piensa como enfermo.

Un intenso dolor estomacal, continuo y asfixiante, permite la aparición de un nuevo personaje: Ana, la enfermera del lugar. Ella traerá la morfina como paliativo del dolor. En esa primera inyección, junto al alivio aparece la posibilidad de una noche de sueño. Hacía meses que esto se le negaba a Poliakov. Otro elemento se suma: no ha pensado en su amada. El pensamiento perturba el dormir.

Al día siguiente Ana lo encuentra con el ánimo cambiado; ha dejado de ser sombrío. Poliakov volverá a inyectarse morfina, esta vez para prevenir un posible dolor. Repetirá la experiencia, aumentando las dosis durante los siguientes 15 días.

En ese lapso no piensa en la cantante y comienza una relación con Ana.

Mientras Poliakov escribe sobre los beneficios que le trae la droga, de a poco aparecen los indicios de la habituación y la abstinencia.

Llamativamente, entre ingesta e ingesta, lo que se impone es la asfixia. Avanzado el consumo, la falta de morfina es la falta de oxígeno del enterrado vivo o del incendiado. Su ausencia es la desesperación de capturar alguna burbuja de aire atrapada en el ataúd o el sufrimiento del condenado a la hoguera. Cada inyección será, desde entonces, un respiro.

Bulgakov describe cómo el lazo con un tóxico viene a traer solución a un padecimiento lateral, diferente del que motivaba su prescripción. Esto es, ahí donde el dolor era la causa de la primera inyección y donde el efecto pretendido era el alivio, hay una ganancia extra y anhelada: la suspensión del problema de los pensamientos. Este hallazgo es el que convoca la reiteración de las ingestas y la habituación al consumo.

Por otra parte, con la abstinencia de la morfina aparece, exacerbada y en acto, la asfixia. Esta ya estaba asociada con la fantasía del enterrado vivo.

Aquí, los efectos de la intoxicación ofician como un amplificador y realizan lo que, en la fantasía de enterramiento, funciona mordiendo el cuerpo: la asfixia.

NOTA: Para cualquier consulta o comentario, contactarse con Claudia Méndez Del Carpio, responsable de la columna, al correo claudiamen@hotmail.com Visítanos en Facebook como LECTURAS SUTILES



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