Cochabamba, martes 25 de septiembre de 2018

Enrique Arnal: el mundo de su memoria

Sobre la película de Matías Arnal que se proyectará este martes 8 de mayo, a las 19.00, en el Centro Simón I. Patiño (Av. Potosí casi Portales).
| Claudio Sánchez | 06 may 2018



Son pocos los ejemplos de materiales audiovisuales realizados para celebrar y reconocer la obra de tal o cual artista en Bolivia. Quizás la serie más interesante sobre artes plásticas sea aquella que realizaron Jorge y Guillermo Ruíz, junto con Alberto Villalpando, en los años 80. He ahí los documentales que se aproximan a figuras importantes de la pintura boliviana como Wálter Solón Romero, Graciela Rodo Boulanger, Luis Silvetti y Enrique Arnal, entre otros.

Enrique Arnal: el mundo de su memoria es una película realizada por Matías Arnal (hijo del artista) sobre el audio de una entrevista de Alejandra Echazú Conitzer, donde se puede escuchar una “autobiografía” que recupera cronológicamente ciertos hechos que marcaron la vida del pintor. Es a través de su propia voz y desde la lucidez de su memoria que se completa un capítulo de la historia de la pintura boliviana. Al menos esa puede ser la primera impresión que deja esta película biográfica tan sui géneris dentro de nuestra cinematografía.

La película que produce Matías Arnal tiene cualidades únicas. Más allá del testimonio de su padre, aquí se combina la memoria de un país a través de imágenes familiares inéditas, las cuales han permanecido hasta ahora como parte de las pertenencias íntimas de la familia Arnal. El padre de Enrique –Luis Arnal Larraidy– filmó en los años 30 la vida cotidiana de su entorno inmediato. He ahí su familia, como también su entorno primario, el distrito minero de Catavi, el altiplano y su inmensidad.

A través de la puesta en valor de estas imágenes documentales, la película alcanza una dimensión bastante más arriesgada de lo que usualmente suele hacerse, ya que es con estas imágenes que el director presenta a su familia, la lleva a la pantalla y la expone desde el relato de uno de sus más importantes representantes. Enrique Arnal matiza con sus palabras el retrato de ciertas épocas que lo marcan a fuego en su vida y que posteriormente en su obra alcanzarán gran significado.

En el ejercicio de devolver con imágenes parte del relato, se descubre la obra de Enrique Arnal, quien, sin explicar sus cuadros; y más bien, al recordar ciertos momentos de su vida, le otorga contextos y sentido a cada una de las imágenes que vemos. Este es otro acierto de la película, la forma de cómo se hace el montaje, el cual, a partir de imágenes fijas, le suma valores al hecho de poder escuchar la reflexión sobre la vida de su propio autor.

Para la realización de esta película, además de aquellas imágenes familiares de los años 30, se ha recurrido a ciertos archivos que la Fundación Cinemateca Boliviana custodia y que dan muestra de entrevistas realizadas al pintor en su propio taller (en uno de los casos), lo que permite retomar esta idea primaria de los espacios íntimos, los lugares donde surge la magia tanto de la creación como también de la inspiración.

Esta película reubica a una de las figuras más importantes del arte boliviano del siglo XX, lo vuelve a la vida más allá de su obra repartida en colecciones privadas, museos y galerías en diferentes ciudades del mundo. Lo hace organizando sus recuerdos y mostrando sus cuadros ordenados de acuerdo a las épocas a las cuales corresponden, brindando de este modo un nuevo instrumento para aproximarse al arte con mejores herramientas y mayores insumos en su posible comprensión.

Matías Arnal ha logrado (muy probablemente por su condición de hijo) hacer un gran homenaje a su padre con esta película. Indiscutiblemente, su valor excede lo cinematográfico, se hace testimonial, se vuelve una atalaya adónde retornar a la hora de pensar el arte boliviano de más de medio siglo, y con esta excusa revisitar la propia historia del país en sus momentos más importantes.

Crítico e investigador de cine - mardecine@gmail.com





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