Cochabamba, viernes 19 de octubre de 2018
FERIA LIBRE

Alucinando con Dziga Vertov

| Bartolomé Leal | 29 abr 2018

En otro tiempo, el de los de cine-club y las revistas de cine, hablábamos mucho de Dziga Vertov y regañábamos por las dificultades irremontables para ver sus películas, tan mencionadas en las revistas que descifrábamos con sufrimiento y placer, como Cahiers du cinéma y Sight & Sound, entre otras. Golpeábamos las puertas de la embajada rusa y a veces nos prestaban algún Einsenstein en 16 mm, pero no al creador del Cine-Ojo. No estaba disponible en su cinemateca, ni siquiera lo conocían. Mirábamos fotogramas. Leíamos en un libro sus planteamientos realmente revolucionarios. Repetíamos su frase: “Nuestro ojo ve poco y mal. Primero vinieron el microscopio y el telescopio. Ahora la cámara nos permite entrar más profundamente en el mundo visible, explorar y grabar los fenómenos visuales”.

En la red virtual es posible ver completas al menos dos de las obras maestras de Vertov: El hombre de la cámara (1929), muda; y Entusiasmo/Sinfonía del Donbass (1930), sonora. También se pueden ver sus aportes a los noticiarios, sus filmes de propaganda y sus animaciones. La primera es considerada una de las películas más influyentes en la historia del cine. Para Vertov, un teórico aplicado, la cámara de cine es un ojo que tiene por misión moral mostrar la verdad y desentrañar sus engranajes internos. La idea básica está expresada en esta frase de Vertov (tomada de sus escritos): “Yo soy un ojo. Yo soy un ojo mecánico. Yo, una máquina, les muestro un mundo que sólo yo puedo ver”. La cámara es pues una forma más amplia y verdadera de mirar la realidad.

En El hombre de la cámara, película abiertamente experimental hecha por Dziga Vertov tras su larga experiencia como documentalista informativo, se utilizan recursos propios de la cámara de cine/super ojo: filmación lenta y rápida, retrocesos, partición de la imagen, picados y contrapicados, travellings, difuminados, superposiciones, montaje contrapuntístico, distorsiones, primeros planos y planos lejanos, tomas fijas... Lo mismo que se usa ahora, aunque con mayores herramientas técnicas. Lo de Vertov es como una suite musical. El tema único es un día en la vida de un camarógrafo. Nada de actores, su propio técnico interpreta al hombre de la cámara, el cual es su hermano Mijail Kaufman, colaborador habitual y compañero de juegos desde la infancia.

En Entusiasmo, su primera película sonora hecha apenas un año después de la anterior, Dziga Vertov se aboca a revelar la trascendencia del sonido directo como forma de expresar la vida verdadera. Creo que nadie había hecho antes tal combinación de música, sonidos, voces y ruidos industriales de forma tan integrada y expresiva. Dimitri Shostakovich fue el encargado de la partitura musical. Charles Chaplin aplaudió con entusiasmo este filme que nunca alcanzó la popularidad que merecía, aunque influyó a varias generaciones de cineastas hasta la Nueva Ola francesa. Y no únicamente a los documentalistas, como Jean Rouch y Leni Riefenstahl.

Dogma 95 y Lars von Trier a mediados de los 90 trataron (aunque más bien teóricamente) de resucitar su legado, el retorno a los principios del Cine-Ojo: filmar en condiciones naturales, nada de decorados teatrales, cámara en mano y uso de la cámara oculta; y sobre todo personajes del mundo real. Nada de ideología ni de religión, para Dziga Vertov los “opios del pueblo”. Por ello la fuerza espeluznante de esa secuencia de Entusiasmo donde hombres, mujeres y niños saquean y demuelen una iglesia ortodoxa, saliendo felices con los iconos sagrados mientras al fondo humean las chimeneas y circula el polvo de las minas de carbón, una terrible postal móvil de intolerancia atea y culto al progreso.

Escritor chileno - bartolome_leal@yahoo.com



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