Cochabamba, domingo 20 de mayo de 2018

Aikido Electoral

Una revisión a dos libros clave en la bibliografía del portugués José Saramago y las reflexiones que se desprenden de ambos respecto a las sociedades contemporáneas y el ejercicio democrático.
| Noel Yucra Camacho | 22 abr 2018



Dejas de lado la mesa de trabajo para poder mezclarte (quizá en el único espacio libre que te concedió tu conciencia) y te acomodas en el sillón para dar vida al más útil de los ocios: leer. Descansas el serrucho, los clavos, el pegamento y el martillo y tomas tus ojos no para obrar y dar forma a un material, sino para alimentar un poco el alma.

Utilizar la fuerza del oponente para poder apartarlo o vencerlo, es una de las artes que, hasta los años 60, no existía como técnica marcial conocida. Fue desarrollada por el maestro Morihei Ueshiva. El Aikido (“el camino de la energía y la armonía”) es la técnica de arte marcial, en que se utiliza la fuerza del oponente para derribarlo.

Este tipo de arte marcial puede verse reflejado en las letras de José Saramago. Ensayo sobre la lucidez, empieza con un epígrafe que tiene mucho de subversivo: “Aullemos dijo el perro”. Así, se desencadena una revolución singular dentro de una historia. Una ciudad que decide acogerse al voto en blanco, una ciudad dentro de un estado democrático que concentra su revolución en el desacuerdo. Vemos que es recurrente este color en un par de obras de Saramago, más concretamente en Ensayo sobre la ceguera; el color blanco, es sinónimo de claridad, de limpieza, de rebelión.

A manera de ensayo, José Saramago muestra el proceso electoral de una ciudad cualquiera, en la cual sus habitantes, sin ningún acuerdo, votan en blanco en las elecciones municipales. La reacción del gobierno no se hace esperar, rayando, en ocasiones, en el ridículo y, posteriormente, en la persecución y el terrorismo.

Diversos personajes se alzan en la trama: el comisario de policía, el alcalde, el ministro de cultura, la mujer del médico, los medios de comunicación y otros más, como elementos que se unen para formar un rompecabezas que el mismo gobierno se ha encargado de desordenar o que ha perdido, adrede, algunas de sus piezas. Algo que puede considerarse como normal en un proceso electoral y, además de libre albedrío, terminó siendo problema nacional para el Estado con manifestaciones hiperbólicas.

Muchos acusaron a Saramago de querer destruir la democracia con esta clase de libros. Irónicamente, en el libro no se destruye nada, más bien se afianza el descontento de la gente frente a los candidatos elegidos, utilizando su propio sistema de elección “la democracia”. Saramago dice en una entrevista en Barcelona España el 2004: “los políticos prefieren la abstención al voto en blanco, porque para la abstención se puede encontrar todo tipo de explicaciones. Se ha dicho que yo quiero destruir la democracia y eso es una estupidez. El voto en blanco es absolutamente democrático”.

La manera más eficaz de luchar en las urnas, no es por el cambio de líder, sino por el cambio de sistema. Muchas veces cambiamos a un capitalista por otro, camuflándose en ideas de progreso bienintencionado y no advertimos que somos manipulados. No por ideales, sino por masas de intereses individuales, principalmente económicos.

La revolución blanca que plantea Saramago en su novela, tiende a utilizar los puntos ciegos del sistema democrático. Haciendo colapsar el sistema mismo, utilizando el voto en blanco como forma de protesta, no sólo con los candidatos postulados, sino contra todo el sistema de elección y la política en general. Una manera muy audaz de enfrentar al Estado sin afrontarlo.

Con el voto en blanco no cabe la posibilidad de escudarse en el desinterés, o en la dejadez, o descuido de la ciudadanía. Tiene el poder de ser un dedo que señala. El ciudadano, haciendo uso de los cauces establecidos, muestra su inconformismo con el sistema, o por lo menos, con las opciones políticas. De ahí que sea tan peligroso y que los partidos preponderantes lo ataquen calificándolo de antidemocrático o antisistema ‒algo que pasa en la novela, pero también fuera de ella.

Sin embargo, la inquietud de los políticos contrasta con la impresionante tranquilidad de los votantes. Abandonada a su suerte, sin políticos, militares, ni policías, la ciudad no sólo consigue sobrevivir, sino que lo hace incluso mejor. La situación entonces se vuelve insostenible: si el mundo descubre que una ciudad puede sobrevivir sin políticos la epidemia del voto en blanco podría extenderse por todo el planeta. Es necesario poner en marcha las cloacas del poder: los culpables deben ser eliminados. Si no se hallan, se inventan.

Para salvar al país, el gobierno pone en marcha medidas represivas: censura, estado de sitio, estado de guerra y se busca a un chivo expiatorio para acusar de haber instigado el voto en blanco. Es en ese punto, donde la novela enlaza con Ensayo sobre la ceguera, la víctima es la única mujer que conservó la vista en la historia de ciegos. Pero, como no disponen de ningún método eficaz para identificarlos, se decide castigarlos a todos, imponiendo la censura, implantando el estado de sitio, infiltrando espías, retirando de forma inmediata al gobierno, al ejército y a las fuerzas policiales a otra ciudad, o planificando la construcción de un muro que los aísle.

Es entonces cuando descubrimos, pasada más de la mitad de la novela, que Ensayo sobre la lucidez es en realidad la segunda parte de Ensayo sobre la ceguera, que esa ciudad donde más del 80 por ciento de los ciudadanos han votado en blanco es la que cuatro años atrás se quedó completamente ciega. Saramago nos muestra entonces que ambas novelas son la cara y la cruz de una misma moneda. Dos reflexiones acerca de la ceguera y de la lucidez que hay que leer de manera complementaria para que adquieran todo su sentido. Solo entonces logramos comprender la ambivalencia del color blanco, que en la primera novela representaba la ceguera y ahora representa la lucidez (por más que el gobierno se empeñara en difundir que el voto en blanco era una nueva especie de ceguera.) No deja de ser simbólico que la única persona que mantuvo la visión en Ensayo sobre la ceguera se convierta ahora en chivo expiatorio y mártir de Ensayo sobre la lucidez.

En una entrevista en Barcelona España el 2004 Saramago aclara: “Sufro la manía de mirar que hay detrás de las cosas y digo lo que todo el mundo sabe: la democracia es un sistema bloqueado, vigilado. Tenemos todas las libertades, pero estamos dentro de una burbuja. En las elecciones podemos quitar a un gobierno y poner a otro, pero no podemos cambiar el poder. El poder real es el económico y es el fondo monetario internacional quien determina nuestras vidas”.

Existe un tipo de irreverencia en todo el ensayo y la novela, es una esfinge a la conciencia de todo ciudadano que tiene la edad al voto. La novela en sí es adaptable a todo tipo de gobierno con situación electoral democrática. Aplicando todo lo ocurrido en nuestro contexto podemos ver como la democracia es manipulada por nuestros gobernantes, ya sea por la dudosa procedencia de las estadísticas electorales y las grandes dudas que tenemos frente a la cándida imparcialidad de nuestras autoridades, ya sea por los malévolos planes de ultraderecha y de ultraizquierda que buscan enfrentarnos como si no tuviéramos más opción que esos dos radicales bandos.

La revolución del voto blanco es la mejor manera de poner en jaque a todo el poder y estimular la conciencia cívica muy dormida, muy floja hasta ahora.

noelyucracamacho@gmail.com





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