Cochabamba, martes 17 de julio de 2018

El curioso incidente del perro a medianoche

Sobre la novela de 2003 del escritor británico Mark Haddon.
| Mauricio Rodríguez Medrano | 15 abr 2018

Casa del Libro

El perro, llamado Wellington, estaba tumbado en la hierba, al medio del jardín. Del cuello le colgaban unos alambres con púas. Fue ahorcado. Y Christopher John Francis Boone lo encontró muerto cuando pasaban siete minutos de la medianoche. Así empieza una novela que fue elogiada por Ian MacEwan y Oliver Sacks, escrita por el británico Mark Haddon.

Christopher John Francis Boone sufre de autismo y ama las novelas de Sherlock Holmes. Odia los colores amarillo y el marrón, hasta puede tener un ataque si los ve. Y ama el color rojo. Y quiere ser astronauta, aunque sabe que no puede. Ama las matemáticas, porque le dan forma al universo (y un orden). Y empieza una investigación sobre la muerte del perro de su vecina, la señora Shears.

Mark Haddon ganó en 2005 el premio Libro del Año Whitbread con El curioso incidente del perro a medianoche. Tal vez no es tan conocido por los hispanoparlantes (sin generalizar), pero es una buena recomendación para lectores jóvenes.

El curioso incidente del perro a medianoche no es solo una novela de aventuras o detectivesca, al estilo de las novelas de Arthur Conan Doyle. Es una historia de descubrimiento y de ver a través de un muchacho de 15 años que tiene autismo (síndrome de Asperger) y que se enfrenta a la vida a través de la literatura. Y como sucede en las ficciones (no muchas veces en la realidad), gana, con un costo muy elevado, pero gana.

Esta novela tiene mucho de El guardián entre el centeno, de Salinger. El personaje no se siente cómodo con su realidad, porque aplasta y lastima. Y se refugia en los números y en el orden, para no ver de lleno lo caótico y el sinsentido que posee la vida (es cierto, la vida no tiene sentido ni existe la suerte ni existe el destino).

Para descubrir al asesino del perro, Christopher John Francis Boone decide entrevistar a sus vecinos (algo difícil porque él no puede hablar con los demás y peor aún ser tocado, ya que le sobrevendría una crisis). Como Sherlock Holmes, usa el razonamiento lógico y encadena hechos. Como Sherlock Holmes, no piensa más que en poder resolver el asesinato del perro.

Tiene un padre que lo cuida y una madre que murió (o al menos eso se sabe en los primeros capítulos). Tiene una profesora que le muestra dibujos de rostros para que pueda lograr entender a las personas. Tiene un problema con los chistes y las metáforas: por el Asperger no logra entenderlos. Mejor, no logra realizarlos. Y decide escribir un libro sobre el asesinato del perro, que empieza por ser una novela de detectives y termina por ser una novela de descubrimiento.

Mark Haddon reflexiona sobre la ruptura del núcleo familiar (lo que era una familia tradicional en el anterior siglo y lo que resultó ser el nuevo tipo de familia en estos tiempos). También reflexiona sobre el papel de la literatura en nuestras vidas: una especie de artefacto que nos cambia, que nos hace elegir en base a lo que leemos, que nos permite darle un sentido al caos.

Christopher John Francis Boone descubre que su padre le mintió (¿para salvarle de la verdad que duele?) (…). Su padre le dijo: “Te prohíbo que sigas escribiendo”.

Y luego se quedó en la sala de la cocina, llorando. Con las manos cubriéndole el rostro. Y con un peso enorme. El peso de la verdad y la vida.

Periodista – zion186@hotmail.com





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