Cochabamba, martes 18 de diciembre de 2018

Generación “copo de nieve” está dominada por miedos

Los padres sobreprotectores transmiten excesiva ansiedad a sus hijos. Los niños, niñas y adolescentes crecen angustiados por el miedo a perder, a equivocarse y a fallar.
Pilar gonzáles moreno MADRID/EFE | | 12 abr 2018


La hiperpaternidad/hipermaternidad se está llevando por delante aspectos tan importantes como la capacidad de autonomía de nuestros hijos y provoca que tengan una baja, por no decir nula, tolerancia a la frustración.

Por su blandura de carácter ya son apodados como generación “copo de nieve” y por su excesivo narcisismo también son conocidos como la generación “L’Oreal”, por el célebre slogan “porque yo lo valgo”.

Porque también son niños con agendas de ejecutivos desde parvulario, que tocan el piano, aprenden chino  y juegan al ajedrez.

La periodista y escritora Eva Millet Malagarriga (Barcelona, 1968) relata a EFE en qué consiste este nuevo fenómeno tras la publicación de  su último libro “Hiperniños ¿hijos perfectos o hipohijos?” (Plataforma Actual).

La obra, que se apoya en diferentes voces de expertos, es la continuación de un primer libro, titulado “Hiperpaternidad”. En esta primera publicación se analizaba una crianza que “no solo implica consentir a los hijos sino también darles una atención excesiva, ejercida a base de estar siempre encima –de sobrevolar sobre ellos- anticipándose a sus deseos, resolviendo sus problemas por sistema y justificándoles a ultranza”.

Pero en ese hacérselo todo por parte de los padres también les están transmitiendo su ansiedad. Una ansiedad que han interiorizado los propios chicos, y que se ha convertido en extrema.

En octubre de 2017, The New York Times Magazine publicó una encuesta que destacaba que el 62 por ciento de los alumnos aseguraban sufrir “ansiedad extrema”.

Esta estadística se sumaba a un aumento -el doble- de ingresos hospitalarios por intentos de suicidio adolescente en los últimos diez años, en especial poco después del inicio de curso.

Tanto en EEUU, como en otros países de Europa como Irlanda, por ejemplo, los estudios reflejan que este aumento de ansiedad extrema no se da entre los adolescentes más desfavorecidos, sino entre chicos y chicas de familias pudientes, por, entre otras razones, sus altos niveles de perfeccionismo que les exigen sus padres y/o ellos mismos.

La doctora en psicología por la Universidad de Arizona Suniya Luthar concluyó en sus investigaciones que los chicos educados en familias con muchos recursos tienen hasta tres veces más ratios de depresión que los adolescentes de familias “normales” y el doble de niveles de ansiedad.

Y “no tiene ninguna duda” de que esta crianza se ha convertido en corriente dominante en muchos lugares del mundo.

Los padres hoy se sienten “inseguramente responsables”, y hagan lo que hagan, tienen una voz interna que les dice si no hubiera sido mejor hacer lo contrario. “Es el drama de la paternidad moderna”.

La experta Madeline Levine opina que la hiperpaternidad no da la felicidad.

Levine cree que la parte más difícil que tienen psicólogos, educadores y profesionales de la salud mental es convencer a los padres de que la crianza hiper no funciona.

Cada vez más estudiantes “frágiles”

El sistema educativo de Estados Unidos cuenta con los llamados 504 Plans que son protocolos instituidos para facilitar la vida a los estudiantes que, literalmente, tienen un impedimento físico o mental que les afecta o limita para asistir a clase.

Los protocolos incluyen, entre otros aspectos, la posibilidad de “sentarse en un lugar preferente”, “dar más tiempo para hacer exámenes y tareas escolares, la reducción de la cantidad de estas y permiso para llegar tarde o faltar a clase”.

El problema es que los 504 Plans se están aplicando para chicos y chicas que, objetivamente, no están tan seriamente limitados, pero a los que se les ha etiquetado como “frágiles”.

Además, añade Eva Millet, los protocolos se están ampliando y se contemplan comedores especiales, lejos del barullo de la cantina, el acceso a la escuela por la puerta trasera y si hay partidos en la clase de educación física, que no haya un marcador, para así no provocar el trauma a perder.



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