Cochabamba, viernes 20 de abril de 2018

The Deuce

| Alba Balderrama | 01 abr 2018



Hay entre las calles neoyorquinas una que hace que tu cuerpo se estremezca y tu mente se ofusque, que sudes un poco, te mojes, te inquietes y quieras seguir como atrapado en una fantasía hasta que reconoces que a tu paso vienen bamboleantes actrices porno, chulos, prostitutas y te dan ganas de, automáticamente, santiguarte y apretar tu humanidad. Esa calle es la Calle 42, famosa hasta el día de hoy, y apodada The Deuce desde los años 50.

Para un director, periodista y escritor como David Simon, a quien le gusta husmear en la realidad, en las temáticas de corte social, en las contradicciones de la sociedad americana, en sus personajes marginales, pobres, corruptos y desplazados, un lugar como The Deuce tiene todos los ingredientes para contar una historia de su corte y talento, sobre todo porque, además, la calle cuenta con ese ilícito, liberador y, a la vez, aterrador componente que es el la industria pornográfica. Simon toma el apodo con que los proxenetas, putas, mafiosos y policías llaman a la Calle 42 y realiza la serie televisiva The Deuce, estrenada en 2017.

Se dice que Simon no puede escapar de sí mismo, que siempre sigue sus obsesiones aunque todos crean que se dirige al error o fracaso en una industria que prostituye a las mentes más férreas. The Deuce es una serie coral sobre el surgimiento, a principios de los años 70, de una de las industrias más poderosas de Estados Unidos, la pornografía. Aun así, la serie se enfoca en dos personajes principales. Uno es Vince Martino (soberbiamente interpretado por James Franco), que está basado en un personaje real que le contó la historia a Simon. Vince es dueño de un bar en la Calle 42 financiado por la mafia. En su bar las meseras se visten de conejitas playboy y es como él se va acercando al negocio de la prostitución. El otro es una prostituta llamada “Candy” (interpretada dulce y ferozmente por Maggie Gyllenhaal). Es la única prostituta que ejerce sin chulo y que descubre de casualidad un rodaje pornográfico, una actividad entonces ilegal, y empieza a interesarse en el cine X. Pero no como una prostituta, sino como una directora.

La proverbial habilidad de Simon para pintar universos sin juzgarlos ni encasillarlos, en esta serie plantea temas incómodos sobre el género cinematográfico del porno. Más allá de su calidad o falta de calidad estética, plantea cuestiones urgentes como: ¿qué le pedimos al porno como sociedad? ¿Cómo el porno terminó, gracias a la censura y el prejuicio, promoviendo solo el placer en los hombres? ¿Cuándo dejamos de pedirle al porno lo que nos asusta de él; que “diga la verdad sobre nuestros deseos”, como lo diría la Despentes? ¿Desde cuándo y por qué el porno empezó a suponer un peligro para las masas y la dignidad de las mujeres alejándose de lo que se hacía en la Calle 42, que era poner en escena el sexo?

Simon vuelve a escena y dispara cosas urgentes y que le interesan desde siempre.



Productora y gestora cultural - albita35mm@gmail.com





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