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Cochabamba, sábado 15 de diciembre de 2018

Lecturas sutiles El alcohol en el tango

| | 25 mar 2018

Ivy Paz Kirchheimer<BR><BR>ivipazkir@hotmail.com<BR><BR>Salta-Argentina

Se habla mucho acerca de las letras del tango; que siempre es el hombre engañado, abandonado por una mujer, que luego de perderla llora, se lamenta y canta tangos. Pero lo cierto es que de las vertientes que el tango pueda tener, una de las más fuertes es el alcohol.

En muchas letras de tango se menciona la relación que el sujeto tiene con la bebida,

entre estas bebidas aparece el vino, champán, ron, y whisky.

Siendo esta última la preferida de Aníbal Troilo, quien declaró que sus cuatro pasiones eran: el tango, el escolaso, Zita (su mujer) y el whisky.

También son innumerables los autores que le dedicaron su prosa a la bebida, entre las letras más famosas de tango podemos mencionar “esta noche me emborracho, me mamo bien pa’ no pensar” habla de un hombre que no quiere pensar en esa mujer del pasado, que después de mucho tiempo la volvió a ver y ya no es la misma. Se podría pensar en un duelo no realizado por parte del sujeto.

Otro tango “No ves que vengo de un país que esta de olvido, siempre gris, tras el alcohol”, “Los invito conmigo a beber, que bebiendo se habrán de olvidar los destellos de amores perdidos”.

El tango es angustia de lo perdido, esta pérdida le causa dolor y ese dolor se vuelve insoportable para el sujeto y por eso se ahoga en el alcohol.

Pérdida de un amor; cuando dice “quiero emborrachar mi corazón para olvidar un loco amor”, de la infancia; “donde estará mi arrabal, quien se robó mi niñez”, de los amigos; “dónde están los muchachos de entonces, vos y yo solo quedamos hermano para recordar”. Hablamos de un sujeto que quiere olvidar y por eso bebe.

Luis Darío Salamone expresa en su libro “Alcohol, tabaco y otros vicios” que lo que se pone en juego es el rechazo del inconsciente, que cualquier cosa puede servir para calmar la angustia en la que ha quedado sumido y que lo remite a que, en definitiva, somos seres en falta, y que en todo caso podemos encontrarnos en alguna esquina, para bailar un tango. Un tango triste, porque al no asumir

la falta, la tristeza es la consecuencia de un duelo no realizado.

Ya pasaron muchas décadas de estas letras, pero que siguen repercutiendo; y lo cierto es que, de la nostalgia, el sujeto no puede librarse ni con el alcohol. Esa sensación que tiene de reencontrar lo perdido, nunca será reencontrado.





NOTA: Para cualquier consulta o comentario,

contactarse con Claudia Méndez Del Carpio, responsable de la columna, al correo electrónico claudiamen@hotmail.com

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