Cochabamba, martes 23 de octubre de 2018

Tiquipaya y Sacaba son algunas zonas de Cochabamba que acogen a venezolanos

Les cobran entre 250 y 300 bolivianos de renta al mes. Los que no reúnen el dinero, empeñan sus pertenencias de valor e, inclusive, sus documentos.
| DAYANa FLORES A. Twitter: @DayanaOpinion | 25 mar 2018

La venezolana Taide Pérez Brito en la plaza 14 de Septiembre.

Taide Pérez Brito está a punto de empeñar “lo más valioso” que trajo a Cochabamba desde su natal Venezuela, una mini computadora portátil que, a pesar de que tiene la cubierta raída y decolorada, aún funciona. No quiere venderla, solo prendarla para recoger otra pertenencia que comprometió a cambio de dinero, su documentación, y también para pagar la renta de una habitación ubicada en la carretera hacia Sacaba.

Ese municipio y también Tiquipaya son los que más venezolanos albergan, según un reporte de una comunidad que radica en Cochabamba, conformada por al menos dos centenares de ciudadanos.

Los migrantes seleccionaron esos sectores de la Llajta para morar porque las tarifas de los alquileres se ajustan a las condiciones económicas en las que se encuentran, un tanto inestables. Por una habitación con baño compartido pagan entre 250 y 300 bolivianos.

Si bien ese monto parece reducido, reunirlo es complicado para algunos venezolanos, especialmente para aquellos que transcurren sus primeros meses en el departamento.

Para saldar sus deudas de arrendamiento, algunos se ven obligados a deshacerse de sus pertenencias que consideran de valor. Taide indicó que “uno empieza prendando sus documentos y, después, la necesidad obliga a más”. Su pasaporte corrió esa suerte y su computadora va por el mismo camino.

Contó que aún no reunió el dinero para recoger su documentación, pero, ahora lo que le preocupa más es pagar la renta, por esa razón estaba en busca de un prestamista. “¿Tú no te animas?”, preguntó.

Confesó que no es la única migrante venezolana endeudada en Cochabamba, el resto de sus compatriotas también lo está porque, además de solventarse, tiene la obligación de enviar dinero a sus familias que viven en Venezuela “porque allá se la está pasando peor”.

Consideró que los que logran cubrir la renta en Cochabamba economizan en extremo, dejando de comer, por ejemplo, aunque ese no es su caso. Taide se resiste a pasar hambre, como sucedía en Venezuela, por eso destina una parte del dinero que gana como vendedora ambulante de postres a la compra de comida. Come en hora y tres veces al día, pero opta por las raciones más baratas, como las arepas venezolanas o pica plátanos o papas fritas a lo largo del día. Pero, “ese gusto” le está costando caro, pues últimamente el dinero que gana no le alcanza para pagar el alquiler.



SUS FAMILIAS

El endeudamiento, el trabajo informal y la comida barata es lo que le espera a la mayoría de los venezolanos que llega a Cochabamba, pero eso y “todo es mejor que Venezuela”, tanto así que hay migrantes que están gestionando la llegada de sus parientes a Cochabamba.

Taide por ahora está sola en el departamento, pero pronto recibirá a su esposo, su hermano, su cuñada y sus sobrinos. Ella les dio referencias de Cochabamba y todos concluyeron que, a pesar de los pormenores, es la mejor alternativa respecto a Venezuela.

Partieron desde su tierra natal hace unos días y, según el pronóstico de Taide, llegarán al cabo de un mes, “siendo optimistas”.

Su familia no tiene recursos económicos para viajar de Venezuela a Bolivia por vía aérea, pues casi no hay boletos y, cuando están disponibles, se cotizan en más de 700 dólares, de Caracas hasta Santa Cruz.

Seguirán una ruta terrestre que implicará pernoctar por períodos prolongados en países como Colombia y Perú, debido que el dinero que disponen no les alcanzará para hacer un viaje continuo.

“Viajarán como yo lo hice. Antes de llegar a Bolivia trabajarán en Colombia o venderán algunas cosas hasta reunir dinero suficiente para comprar un boleto”.

Al igual que ella, hay otros venezolanos en Cochabamba que aguardan a un familiar.



SITUACIÓN

Como no se contactará más con sus familiares hasta que lleguen a Cochabamba, antes de que emprendan el prolongado viaja hacia la Llajta, Taide les pidió una fotografía que, cada vez que la ve, altera sus emociones. Con los ojos llorosos y la voz pausada y entrecortada, contó que cuando ella se fue de Venezuela su esposo estaba “gordito”, ahora está irreconocible.

“Le decía que me mande fotos, le preguntaba cómo estaba, si estaba comiendo o no, y siempre me respondía que todo estaba bien. Ahora entiendo que era para no preocuparme porque, por cómo lo vi, seguro ha estado pasando hambre”.

El 67 por ciento de los venezolanos bajó 11 kilogramos en promedio durante el 2017, según la Encuesta Sobre Condiciones de Vida de 2017 (Encovi). El esposo de Taide es uno de ellos.



REGRESO A CASA

Si bien la comunidad venezolana en Cochabamba está promoviendo la llegada de más compatriotas a Bolivia, casi ninguno piensa quedarse para siempre en el país. La mayoría mantiene la esperanza de que algún día la situación en Venezuela mejorará. Saben que no será pronto, pero ese día retornarán a sus hogares para reencontrarse con familiares que dejaron a su suerte y a los que es casi imposible sacar de ese país, los adultos mayores por ejemplo, que por los años que llevan encima no resistirían un viaje prolongado.



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