Cochabamba, martes 21 de agosto de 2018

Elwaky: estampas de una vida titiritera

Los inicios del grupo artístico que hoy abre el Festitíteres en el teatro Adela Zamudio, el acontecimiento más importante de su género en el país.
| Títeres Elwaky | 25 mar 2018


La noche que antecede al 16 de julio suele ser un momento especial para nosotros que hemos pasado toda nuestra infancia y juventud en las laderas paceñas. Ya radicados en Cochabamba, en 2002, en esa noche especial, decidimos realizar un cónclave familiar para “definir nuestro futuro, pero independiente”. Barajadas un conjunto de alternativas, el voto mayoritario determinó que, a partir de ese momento, dedicaríamos nuestra vida a los títeres.

Sin haber conocido titiritero profesional alguno y apenas con el recuerdo de infancia de una función realizada por un amigo que sí había visto “títeres de verdad”, dejamos volar nuestra imaginación y nos vimos proyectados recorriendo las calles de nuestra ciudad, los caminos de las provincias y ciudades, pasando las fronteras y el mar. Al día siguiente, sin saber por dónde empezar, nos vimos realizando improvisaciones sobre algunas canciones de Les Luthiers, utilizando como títeres a aquellos fabricados de esponja por otro amigo de infancia al que habíamos comprado media docena, para entretener a nuestros hijos, cuando eran niños. Fue en esa etapa que nació nuestro primer personaje al que llamamos Cachito que, años después, sería protagonista de la obra musical “Desde los sueños”.

Las primeras funciones

Bastaron un par de semanas para tener un espectáculo compuesto por un sketch sobre “La gallina dijo eureka” de Les Luthiers y “Chachito, el solitario”, una especie de autobiografía intensificada de uno de los componentes del elenco que nacía. Podrá usted imaginar, estimado lector, que las primeras “obras”, dejaban mucho que desear. Al cabo de unos ensayos, tomamos la decisión de salir al escenario que resultó ser el patio de un familiar en Quillacollo. Los espectadores eran los vecinos de la cuadra que nos permitieron las primeras recaudaciones no superiores a los 20 bolivianos por cada función.

Unas semanas después, convertida nuestra sala en teatro, invitamos a una función gratuita a los alumnos del primer grado del colegio del que somos vecinos. Vinieron, gozaron y se fueron. Han pasado 15 años de aquel entonces y recién, hace poco, pudimos realizar otra función de títeres para los alumnos de dicho colegio. Aún nos quedan dudas de por qué tuvo que pasar tanto tiempo sin volver al escenario del colegio vecino. ¿Sería porque la obra era muy mala? ¿O porque no estaban dispuestos a invertir un solo centavo en “esto que parece un juego”?

De baño público a sala para los títeres

En 2003, la Comunidad del Productores en Artes de El Alto-La Paz venía en una gira con su teatro-camión y nos hicimos cargo de coordinar su agenda en Cochabamba. Entre otras entidades, se acordó con la Alcaldía -a través de su Oficialía de Cultura- la realización de un par de presentaciones, a cambio de las cuales el municipio se comprometía a dotar de 100 litros de combustible para el enorme escenario rodante que por sí mismo ya era un espectáculo.

El teatro camión llegó, hizo sus presentaciones y se fue. El compromiso de “diesel por funciones” que había asumido el Municipio nunca llegó a cumplirse. A cambio, nos ofrecieron dos días de uso libre del teatro Adela Zamudio. Fue para promover esas funciones –con uso libre del teatro- que nos acercamos a los parques de la ciudad. En uno de ellos, aceptaron ubicar nuestro cartel, “a cambio de una función gratuita en el anfiteatro del parque Vial”, al que concurren los domingos cientos de familias.

Habíamos planificado dos funciones en el que denominaríamos a partir de entonces como el teatrito del Parque Vial, pero no fueron posibles. Llegado el día, tuvimos que dedicarnos a limpiar y lavar el espacio que, con los años sin uso, se había convertido en un verdadero baño público. La única función se realizó a las cinco de la tarde y no cabía un alfiler, lo que ayudó a disimular el fuerte olor a orín que había quedado impregnado en las paredes y graderías.

Desde ese momento y por ocho años, el teatrito del parque Vial fue nuestro; en él aprendimos a relacionarnos con la gente; en ese lugar cometimos muchos errores de principiantes y fuimos censurados por el público. También pudimos descubrir algunos de los secretos de los títeres (que otros lo habían descubierto hace cientos de años). Ahí también comenzaron a buscarnos para tomar nuestros servicios. En ese lugar fue donde conocimos por primera vez a titiriteros profesionales y fuimos recibiendo amigos de los más diversos confines de nuestra América.

Un silbato de árbitro

Los domingos de títeres que se inauguraron en el teatrito del parque se convirtieron rápidamente en una experiencia exitosa -no famosa-, con concurrencia cada vez mayor. En todo caso, era una labor complicada la de convocar al público. Los primeros afiches elaborados a mano y pegados en las puertas de las escuelas y el cartel de la puerta del teatrito no eran suficientes. Era necesario recorrer todo el parque invitando a las familias. Ahí sí se formaba toda una cola de niños que seguían al títere y al titiritero hasta el escenario, y comenzaba la función.

Para ese momento, algunas de nuestras obras habían “madurado”, generando un alto grado de participación del público. Por momentos, esa participación se salía de nuestro control y hacía imposible la continuación del espectáculo. Ah, todavía no contábamos con un equipo de sonido y las actuaciones eran a voz en cuello. Entonces, se nos ocurrió hacer uso de un silbato de árbitro, del que explicábamos previamente su papel: cuando suene el silbato, todos se callan para que continúe la historia. Una, dos, tres, cuatro y hasta cinco funciones por domingo dejaban nuestras gargantas tan maltrechas que, en lo que quedaba del día, nadie hablaba en la casa, y el lunes era para dormir hasta media mañana.

El peor espectáculo

Comenzadas las presentaciones y por varios meses, hicimos funciones gratuitas en el teatrito del parque. Luego pusimos la tarifa de un boliviano como entrada, y el público seguía concurriendo en masa a los domingos de títeres.

Entretanto, seguíamos nuestra tarea de mejorar los espectáculos recurriendo al internet, donde habíamos encontrado algunos libretos, pautas de construcción e imágenes de muñecos. En ese tiempo (2003) era escaso el material disponible en la web y los videos en Youtube eran todavía un sueño. A través de la misma web, nos habíamos enterado del inmenso movimiento titiritero internacional, de la existencia de compañías profesionales, de la proliferación de festivales.

Se acercaba la fecha para las presentaciones en el teatro Adela Zamudio y habíamos logrado prevender un buen número de entradas entre los amigos “institucionales” que todavía conservábamos de nuestro “trabajo dependiente”. Las funciones se realizaron exitosamente, según nosotros.

De manera coincidente, un titiritero, del que conocimos su trayectoria por internet, había estado -sin nosotros saberlo- entre el público asistente. Meses después, nos encontramos de manera inesperada con un cartel que anunciaba: Títeres Leomar desde la Argentina. Los seis titiriteros del naciente elenco fuimos su único público y quedamos encantados, además de ratificar la necesidad de seguir aprendiendo.

Luego de la función nos presentamos y, con el tiempo y la confianza que deriva del trabajo, nos declaró que había estado en la función del teatro: “La de ustedes, en el teatro, ha sido la peor función con más éxito que he visto en mi vida. Traía él una experiencia de 20 años en un país con larga historia escénica. Nosotros, un año en un país sin muñecos”.

Una nueva obra por semana

Con un espacio estable en el parque y con público ávido de propuestas innovadoras, las funciones se hicieron permanentes. Las recaudaciones por espectáculo, con entradas que se habían ido incrementando paulatinamente, comenzaron a cubrir una parte cada vez más significativa del presupuesto familiar.

En la perspectiva de dar mayor variedad a la oferta titiritera, nos dimos a la tarea de crear una obra por semana. El esfuerzo desplegado a los largo de los siete días previos a cada domingo era tal, que en muchos casos recurríamos al mercado para comprar peluches, despaturrarlos y adaptarlos para las historias que íbamos creando. En verdad, comenzaron a salir obras cada vez peores y el público, en muchos casos, pedía que se le devolviera la modesta entrada. Cada fracaso suponía volver a las viejas obras que eran cada vez mejores. Alguna de ellas es, hasta ahora, parte del repertorio clásico del elenco.

Con el tiempo y la experiencia, además del contacto con maestros titiriteros, caímos en cuenta de que crear una obra semanal es el error eterno de los principiantes, dado que los elencos profesionales y plenamente dedicados, en el mejor de los casos, producen una obra al año. En muchos casos, existen titiriteros cuyo repertorio está compuesto por una sola obra, dos o hasta tres.

Promocionar, difundir, convencer, atraer

De a poco, fuimos construyendo un sistema de promoción de nuestras funciones en el parque Vial. Primero fueron afiches elaborados a mano y colados en las puertas de las escuelas y un letrero en la puerta del teatrito; luego recorriendo por el parque e invitando a las familias al teatrito; después haciendo el mismo recorrido pero con un títere en la mano.

Más tarde, con el apoyo de antiguos amigos, lograríamos adquirir nuestro primer equipo de sonido: consola, parlantes, micrófonos inalámbricos, bocina. Con la tecnología a nuestro servicio, el sistema de promoción adquiriría su mayor potencial puesto que, el recorrido con el muñeco sería apoyado por un megáfono portátil. Más aún, a través de la bocina que era escuchada en todo el parque, se difundía música y mensajes de invitación, bien al estilo de los cines en los pueblos o los barrios populares.

En los momentos previos a cada función se podía escuchar una bocina que sonaba tres veces y luego anunciaba: “Ha sonado el último llamado, en dos minutos comienza la función de títeres”. Mágicamente y al estilo de “El flautista de Hamelín”, el público formaba una larga cola para ingresar a la salita (…).

Artistas - titereselwaky.blogspot.com



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