Cochabamba, viernes 20 de abril de 2018

Los amautas del dictador Luis García Meza

El autor propone una revisión a la vida e ideas políticas de Fausto Reinaga y Fernando Díez de Medina, contrastando su postura ante la dictadura con el pensamiento plasmado en sus libros.
| Freddy Zárate | 25 mar 2018


Actualmente la figura de José Félix Reinaga (1906-1994), más conocido con el seudónimo de Fausto Reinaga, goza de un renacimiento ascendente en el campo de las ideas. Es considerado –por sus partidarios– como el gran escritor del pensamiento político indio. Los libros de Reinaga tienen títulos muy seductores a los evocadores de la indianidad: Tesis india (1971), Revolución india (1970), Poder indio (1974), Indianidad (1978), entre otros. El otro gran animador de ideas autóctonas fue el escritor Fernando Diez de Medina (1908-1990), quien concibió varios libros intitulados Thunupa (1947), Nayjama (1950), La Teogonía Andina (1973), Imantata (1975). Paradójicamente, estos dos autores comparten una amplia producción ensayística sobre el tópico indianista e indigenista en Bolivia, y a la vez, reflejan posiciones cambiantes en su accionar político.

Ambos escritores a partir de la década de los años 40 se adscribieron a las ideas del nacionalismo revolucionario. Fernando Diez de Medina publicó Pachakuti y otras páginas polémicas, que lleva un subtítulo pomposo: Con la denuncia por defraudación de impuestos contra los multimillonarios Patiño y Aramayo (1948). Seguidamente, Fausto Reinaga dio a conocer el folleto titulado Víctor Paz Estenssoro (1949) y posteriormente divulgó el opúsculo sobre el Nacionalismo boliviano. Teoría y programa (1952). Una vez que el Movimiento Nacionalista Revolucionario consiguió obtener el control del poder, Reinaga y Diez de Medina justificaron al régimen a través de escritos y ocuparon cargos en la esfera pública.

Las pugnas internas dentro del partido hicieron que Fausto Reinaga y Fernando Diez de Medina sean desplazados de la cúpula movimientista. Al apartarse del partido rosado se hicieron críticos al proceso revolucionario. En 1964 el “pacha” Fernando Diez de Medina reapareció como asesor personal del dictador Gral. René Barrientos Ortuño. El escritor Fausto Reinaga con ínfulas de independencia política fue plasmando su confusa visión del indianismo contemporáneo en Bolivia.

Décadas después, la postura gelatinosa de ambos apologistas de la indianidad tuvo como desenlace el apoyo a la dictadura de Luis García Meza Tejada (1980-1981). El amauta Fausto Reinaga escribió el texto Bolivia y la revolución de las Fuerzas Armadas (Ediciones Comunidad Amáutica Mundial, La Paz, 1981). El autor empieza sentenciando: “El 17 de julio de 1980, cuando mi péñola esculpía las últimas páginas de El hombre [Ediciones Comunidad Amáutica Mundial, La Paz, 1981], estalla la Revolución de las FF.AA.; y en su primer discurso el Presidente de la República, Gral. Luis García Meza, clama: ¡El imperativo cósmico es que el hombre haga lo que es su deber!”. Más abajo, Reinaga pone en manifiesto su inclinación al autoritarismo sentenciando: “En consecuencia, la Revolución del 17 de julio de 1980 tiene el imperativo categórico: sacar del cerebro de Bolivia a Cristo y a Marx (…). Las FF.AA. de 1980 tienen que hacer no una revolución del hambre; tienen que hacer una revolución del cerebro”. El amauta Reinaga enfatiza las consecuencias que sufrirían a todos aquellos que estén en contra de ese régimen dictatorial: “Los delitos contra la revolución: el sabotaje, la huelga, la murmuración malintencionada, la provocación, la guerra psicológica, la propaganda política comunista o nazifascista, la conspiración, la subversión, el levantamiento a mano armada; en suma, todo ataque intelectual o de hecho a la revolución, será castigado con la pena capital (…). Si los comunistas vuelven y llegan al poder; si los comunistas triunfan; si los comunistas derrotan a la Revolución del 17 de julio de 1980, ya saben las FF.AA. qué destino les espera: ¡Les espera el farol de Villarroel!”, enfatiza Reinaga. En palabras del Ministro del Interior Cnel. Luis Arce Gómez: “Todos aquellos elementos que contravengan al Decreto Ley tienen que andar con su testamento bajo el brazo”.

Del mismo modo el “pacha” Fernando Diez de Medina en el Libro de las ideas (memorias, vol. II, edición digital), catalogó al golpe militar de Luis García Meza como revolucionario. Con respecto a la personalidad del dictador escribió: “Es honesto, patriota y muy sabido. Lo animan buenos propósitos. Sabe mandar. Está en todo. No es vengativo. Cristiano sincero. Mira de frente. Maneras enérgicas que esconden un fondo jovial (…). Conoce el país, sus problemas y sus gentes. Desde el primer día muy posesionado de su alto cargo. El militar inspira respeto, el hombre atrae”, expresa Diez de Medina. Como recompensa a su apoyo al régimen dictatorial fue designado Asesor de Presidencia.

Tras este breve recorrido se puede advertir que ambos evocadores de la indianidad fueron cambiantes en sus gelatinosas posturas políticas. Tal vez hicieron mal sus cálculos políticos, creyeron como muchos que la dictadura militar duraría 20 años –como lo aseguró el propio García Meza– y para congraciarse con el dictador le dedicaron loas farragosas a cambio de obtener un cargo en la esfera pública. O tal vez fueron unos desubicados indianistas que vieron en García Meza la expresión más alta de su concepción de “revolución”; cuando la sociedad en su conjunto clamaba el retorno de la democracia. Las lecciones de la historia nunca terminan de enseñarnos y recordarnos ciertas similitudes con la actualidad. En lo teórico son los grandes defensores del pueblo, son la voz de los oprimidos, enemigos de la injusticia, respetuosos de la normativa, y estos mismos personajes, actúan no necesariamente mejor que las criticadas y enraizadas prácticas de nuestra cultura política.



Escritor



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