Cochabamba, martes 17 de julio de 2018

“Mar para Bolivia, habla Violeta Parra”

Aprovechando la coyuntura política regional y la proximidad de la fase oral del juicio marítimo en la Corte Internacional de Justicia, evocamos a una de las artistas latinoamericanas más entrañables. Chilena de nacimiento, pero sin nacionalidad en su poesía y su música. Así recordamos en la RAMONA a la gran Violeta Parra.
| Antonio Rivera Mendoza | 18 mar 2018



Habría cumplido cien años. Nunca será lejana la noche que la vimos en la peña Naira, de la calle Sagárnaga, en La Paz, en los años 60.

Con su negro pelo desordenado y su ojeroso rostro araucano, desbordaba alegría y depresión, junto al gringo quenista que quién sabe qué tendría para cautivar a semejante prodigio del arte.

Subida en el escenario, casi oculta por el humo de la bohemia o el glaucoma, cantando sus ya no canciones, sino himnos, a la vida, a la alegría, a la nostalgia y a la tristeza. A sus amigos de siempre: el dolor y la rebeldía.

Nació en Chile, pero es también boliviana, como es universal. Boliviana fue a través de la música de la Peña Naira de la que se llevó músicos a su carpa en Santiago, de la mano de un suizo que la quena nacionalizó boliviano. También por la pasión con que abordaba nuestra música, porque fue en ese refugio bohemio, donde escribió su más célebre composición, “Gracias a la vida”, y también por el mar.

Hay un libro de testimonios recogidos por Juan Carlos Ramiro Quiroga muy revelador de su paso por nuestro país.

Violeta Parra fue y sigue siendo la más grande, la más entrañable autora y cantante americana, muy de lejos de todas y, podríamos arriesgar sin temor a las represalias, de todos, incluido el accidental nobel, Bob Dylan , lo cuales difícil de comprobar si escuchamos sus versos, o si los leemos.

En nadie se unió el talento, la sensibilidad , la pasión, el conocimiento, el arte, como en ella. Gabriel García Márquez decía que Pablo Neruda era el rey Midas de la poesía porque todo lo que tocaba lo convertía en poema. De Violeta se puede decir algo parecido: todo lo que sentía la volvía una canción hermosa… hasta que nos regalaba la próxima.

Y, ahora que en La Haya se alza la voz boliviana, recordemos lo que contó Jorge Miranda, integrante de Los Choclos, grupo zampoñero de lustrabotas de La Paz, invitado a actuar en la Carpa de Santiago: cuando contestaba el teléfono, Violeta lo hacía con la frase “Mar para Bolivia, habla Violeta Parra”.

Periodista y escritor - arivera133@gmail.com



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