Cochabamba, martes 16 de octubre de 2018

Woolf, las raíces de la literatura y el pensamiento femenista moderno

El reciente jueves 8 el mundo vivió un Paro Internacional de Mujeres. Alrededor del orbe millones de ellas alzaron la voz y denunciaron la situación de violencia, desigualdad e inconformidad que viven. A propósito, recordamos a Virginia Woolf, quien también supo denunciar el machismo de su época y se convirtió en uno de los referentes más grandes para la literatura y el movimiento feminista.
| Adriana Carolina Benitez Ballivián | 11 mar 2018



Marzo es, sin duda alguna, un mes para reconocer el importante papel que ha jugado la mujer en nuestra sociedad desde hace mucho tiempo atrás. Además de celebrarse el Día Internacional de la Mujer, el 28 del presente se cumplen 77 años de la muerte de una de las escritoras más influyentes del siglo XX, Virginia Woolf.

Ella nació un 25 de enero de 1882 en Londres, Reino Unido. Su padre fue un historiador, ensayista y novelista que propició para Woolf educación de muy buena calidad en un hogar frecuentado por numerosos artistas y literatos. Desde muy pequeña, ella sufrió de temporadas de depresión y crisis nerviosa, la primera vez a causa de la muerte de su madre, cuando tenía apenas 13 años. Por otro lado, al crecer fue víctima de abuso sexual por parte de sus 3 hermanastros, lo cual contribuyó a los problemas emocionales que tuvo hasta el día de su muerte.

Trágicamente, un 28 de marzo de 1941, decidió terminar con su vida, dejando como legado su impronta como una de las primeras feministas de su tiempo.

Durante años, escritores, filósofos y periodistas han rescatado la obra de Woolf como un elemento fundamental para entender la teoría feminista. La escritora peruana Patricia de Souza afirma que “si algo podemos agradecerle a Virginia Woolf, entre otras cosas, es habernos dado suficientes temas como para construir una nueva subjetividad femenina”.

Y es que gracias a sus escritos, que más que textos parecen ser monólogos internos, conversaciones con ella misma, podemos entender cuál era su papel en un mundo tan machista como el que le tocó vivir.

Párrafos sumamente íntimos sobre su vida, sus pensamientos cotidianos y los recuerdos de su niñez, desnudan completamente su obra, desconectando su mente de su cuerpo, dejando todo el mundo físico en segundo plano, cuestión que ella misma se llegó a preguntar: “¿Y si toda mi obra no hubiese sido un intento por esbozar una autobiografía?”.

Es precisamente en estas reflexiones interiores que encontramos, no solo a una de las primeras escritoras del modernismo literario, sino también a la mujer que cuestionó, hasta el final de sus días, una sociedad opresora de la mujer: la Europa a principios del siglo XX.

“Las mujeres han vivido todos estos siglos como esposas, con el poder mágico y delicioso de reflejar la figura del hombre, el doble de su tamaño natural”. Novelas como La señora Dalloway y ensayos como Una habitación propia, a pesar de tener palabras y frases que parecen haber sido escritos en el diario de cualquier mujer, poseen una crítica social muy fuerte, que ha servido como base a muchas autoras de teoría feminista posteriores.

Por muchos años, el trabajo de Virginia fue despreciado, no solo por su peculiar narrativa, sino también por su género. En un mundo donde la literatura y el trabajo académico era propio de los hombres, la aparición de alguien como Woolf descolocó por completo la escena, generando un conflicto entre la intelectualidad femenina contra el imaginario machista, como lo afirma Roger Poole en su texto La Virginia Woolf desconocida. Definitivamente, ella fue una mujer multifacética, una mujer que sintió y que pensó el feminismo. Una mujer que está “a media mañana, llena de ideas y leyendo veinte libros a la vez”, pero, sobre todas las cosas, ella fue una MUJER.

Para Woolf, la simplicidad no era una opción, siempre desbordada y al límite, ella plasmó en sus escritos toda la travesía que le tocó experimentar y quizás fue lo que la llevó a sentir aversión hacia su propia vida. Tal vez su final era inevitable, pero también lo es su legado.

Virginia Woolf dejó una huella imposible de borrar y ahora, a casi 77 años de su muerte, es cada vez más importante seguir recordándola como la gran escritora, feminista y académica que fue.

Periodista - benitezballivian@gmail.com



TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR:

MÁS NOTICIAS DE « RAMONA »:

Opinión en Twitter
Opinión en Facebook
Portada Impresa