Cochabamba, martes 25 de septiembre de 2018

Lecturas sutiles ¿Stalkear es una nueva forma de espiar en nuestro tiempo?

| Claudia Sandra Palau | 04 mar 2018

Zygmunt Bauman afirma que uno siempre puede refugiarse en las redes cuando lo que lo rodea se le torna insoportable, y que, en esos casos, el celular nos ofrece esa posibilidad, ya que nos permite estar conectados, aunque, en realidad, nos encontremos muy lejos.

Una vez que adquirimos un celular, siempre estamos dentro de la red pero al mismo tiempo, en ningún

lado. Esto lleva a que las conexiones humanas sean bastante frecuentes y al mismo tiempo lo suficientemente superficiales.

¿Qué se pone en juego cuando uno stalkea?

Stalkear es una palabra de origen inglés cuyo significado es acosar, perseguir o espiar. Es un término que se aplica a actitudes o conductas que se manifiestan particularmente, en el uso de las redes sociales.

Se conoce por stalkear a la insistencia permanente y sintomática de revisar las redes sociales de otras personas, concentrando toda su atención tanto a su estado de WhatsApp, como a las publicaciones que se realizan y en los comentarios o me gusta que le ponen los otros.

Se trata de meterse en cuentas ajenas, ya sea de amigos o no, y las más frecuentes son de Facebook e Instagram, entre otras, pero no escapa a la investigación si la persona se conectó o no al WhatsApp. ¿Cuál fue la última hora de conexión? ¿Está o no en línea?.

Se pone especial interés en la imagen, en las fotos que se publican, con quién está, qué está haciendo. Y sobre todo la hora en la que se publica, abriendo estos datos la puerta para la elaboración de todo tipo de teorías y elucubraciones.

Se trata de algo así como una suerte de rastreo en la distancia. Una insistencia atrapante, que promete descubrir o enterarse de algo nuevo, desconocido.

El sujeto es cautivado por un goce escópico, que lo mantiene en un estado de dependencia en relación al otro.

Sigmund Freud sostiene que aquello que no fue elaborado tiende a repetirse en una conducta repetida una y otra vez, que en muchos casos es naturalizada. El sujeto no puede desprenderse por nada de ese dispositivo que le permite el acceso a tan preciada información.

Siguen la vida de los otros como si se tratase de una novela, confundiendo lo publicado con la realidad. Esto lo alienta a continuar en la búsqueda, alimentando la sensación de que todavía no es suficiente, aún le queda algo por ver.

Así, se activa una y otra vez el proceso, se desarrolla y se pone en marcha otro plan especialmente diseñado para obtener información más precisa, en el que no existen las fronteras para la construcción de nuevas y variadas teorías. Según la estructura del sujeto, podrán ser desechadas y sustituidas rápidamente por otras nuevas que vengan a tomar su lugar, o bien cobrarán cada vez mayor certeza, abonando de esta forma el desarrollo

de un delirio.

¿Pero qué se busca cuando se stalkea? En principio, conocer en forma virtual qué hace el otro. Se intenta sortear la distancia, buscando ingresar allí en donde no se lo incluye. Es entrometerse, espiar lo cual representa una actitud infantil.

Freud sostiene que todo aquello que se tilda de mala educación en la infancia no es otra cosa que síntomas en desarrollo de una neurosis en la vida adulta.

Se lo busca por este medio, ya que de una forma u otra posibilita mitigar lo insoportable de la distancia o de la ausencia en la vida del otro. Es una respuesta en algunos casos, ante la falta de alojamiento. Ante el dolor y la decepción se produce una fijación que no hace otra cosa que aumentarlo. El sujeto se resiste a abandonar esta conducta, porque dejarla implicaría aceptar el dolor.



NOTA: Para cualquier consulta, contactarse con Claudia

Méndez Del Carpio, responsable de la columna, al correo

electrónico claudiamen@hotmail.com

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