Cochabamba, martes 19 de junio de 2018

Desde las entrañas de Bolivia

Willy Oscar Muñoz, ensayista y literato cochabambino, presentó en el Centro Simón I. Patiño su nuevo texto La novela boliviana: de Los Deshabitados a Felipe Delgado (1959-1979). Una colección de ensayos que se sitúa, cronológicamente, después de su anterior trabajo Territorios, razas y etnias en la novela boliviana (1904-1952).
| Adriana Carolina Benitez Ballivián | 04 mar 2018



No se puede negar que el tema de la raza en nuestro país ha sido algo de mucho debate hasta nuestros días. Sin embargo, en la primera mitad del siglo pasado este asunto era todavía una línea divisoria entre la Bolivia de unos cuantos privilegiados y la Bolivia escondida entre las rutas intransitadas del altiplano, del valle y del amazonas. Se puede decir que desde 1900 hasta 1952 había un profundo deseo por encontrar una sola nación, dentro del imaginario colectivo del país la bolivianidad era un concepto fragmentado e incompleto; lo cual era claramente manifestado en el arte, especialmente en la literatura. Algunas de las obras más importantes fueron escritas en esa época, y ahora, en el libro ¨Territorios, razas y etnias en la novela boliviana (1904-1952)¨ lanzada el 2016, el cochabambino Willy Oscar Muñoz presenta una colección de ensayos en las que se analiza a la novela boliviana del la primera mitad del siglo XX.

Al iniciar la lectura del texto, uno comienza un viaje por los paisajes infinitos y solitarios de un país que era un desconocido para sus propios habitantes. Los personajes de las novelas, extranjeros o bolivianos, se embarcan una travesía hacia lo desconocido, a pie, a caballo o en tren, para por fin mirarse, frente a frente, con un reflejo suyo que había estado escondido durante años. El autor, quien además de tener doctorado en Literaturas Hispánicas Contemporáneas, es un entusiasta estudioso de la literatura nacional, se plantea varios problemas a lo largo de las páginas: ¿qué hacer con el indio escondido en el clima helado del altiplano? ¿Se debería seguir negando su existencia como ciudadano boliviano o se debería incluirlo en el imaginario de la ¨nación boliviana¨?

En la introducción, Muñoz resalta lo importante que es el entender el concepto de otredad desde una perspectiva racial. Los conflictos por los que atraviesan varios de los personajes al salir de las ciudades y llegar a las áreas rurales son mezclados con historias de amor y abandono que el autor estudia minuciosamente. Son precisamente estas historias las que ayudan al lector a comprender a la realidad boliviana previa al evento que dividió a la historia del país en dos: la Revolución del 52.

La primera novela que analiza el autor es Wata Wara, de Alcides Arguedas, obra que durante mucho tiempo ha sido considerada como la que da inicio a la protesta social en el país. Muñoz afirma que ¨el valor literario de esta novela radica en sí misma¨, sin necesidad de compararla, como se hace comúnmente, con Raza de bronce. La degradación de la figura del indio a un ¨casi hombre¨, una violación y el claro surgimiento de odios ancestrales a causa de graves conflictos raciales colocan a esta obra, según el autor, en la posición de fundadora de la novela indigenista. La personificación del patrón como un ser humano casi perfecto en contraste con el destino miserable de Wata Wara terminan forjando, inevitablemente, el rencor eterno y la cruda venganza del indio.

Siguiendo cronológicamente, En las tierras de Potosí de Jaime Mendoza es para Muñoz el relato de un viaje de aprendizaje de Martín, un sucrense que decide irse a las minas de Potosí esperando ganar algo más de dinero. Sin embargo, la denominación de viaje va más allá, todo el proceso algo conflictivo de un mestizo al adaptarse a la cultura plenamente indígena es una travesía que envuelve rápidamente al lector. De acuerdo al autor, uno de los elementos más importantes de la novela es el uso de la descripción como estrategia literaria, la obra es un ¨mural-literario¨ donde los espacios geográficos de las comunidades mineras de Potosí tienen un papel fundamental en la narración.

Finalmente, la reflexión sobre La Ch’askañawi, una de las obras literarias fundamentales en nuestro país, tiene como eje central el espacio de lo femenino. Claudina, el personaje principal es colocado no solo como objeto de deseo, sino también como objeto de desprecio. Ella es la personificación de lo que implica ser una mujer indígena: es la época, perseguida siempre por el fantasma del ascenso social. Por otro lado, la analogía que se hace entre la figura femenina y la madre naturaleza es esencial. Claudina es una mujer, además de bonita, es productiva. Representa a lo que vendría ser el futuro de la nación, un futuro donde el indio sea por fin útil al país. Otro factor que resalta mucho Muñoz es el ambiente dionisíaco en el que se desarrolla la novela, los días de excesos, fiesta y bebida son fundamentales para entender a la cultura minera.

Estas son solo algunas de las obras que el autor cochabambino rescata. El análisis crítico que se plantea sobre ellas, sin dejar de lado el gran valor literario que tienen en sí mismas, es probablemente lo más importante de la obra. Oscar Willy Muñoz, quien ya cuenta con una carrera estudiando la literatura nacional, propone este texto como una manera de entender el pasado a través de sus producciones artísticas y así poder entender mejor el porqué de muchas de las cosas que estamos viviendo hoy. Este texto podría ser considerado como una lectura previa elemental para seguir disfrutando de los trabajos nuevos que vaya lanzando el autor, en este caso, de su nuevo texto La novela boliviana: de Los Deshabitados a Felipe Delgado (1959-1979)¨.

Periodista - benitezballivian@gmail.com



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