Cochabamba, miércoles 26 de septiembre de 2018
Lecturas sutiles

“La Chaskañawi”: entre la dama ideal y la mujer degradada

| Favio Javier Sandoval López | 25 feb 2018

Jacques Alain Miller, psicoanalista de fama mundial, indicó que el deseo de un hombre por una mujer está sostenido por un rasgo negativo. Así la tendencia

de los maridos a minimizar a sus esposas esconde una imperiosa necesidad de ellas. Estos testimonios ratifican las ideas que Freud planteó: los hombres tienen separados los componentes de la vida erótica. Por un lado,

el amor tierno está dirigido a una dama idealizada, como la madre, a la que no se apetece; y, por otro, el deseo busca un rasgo

degradado para fluir. Se comprende, entonces, ciertas actitudes degradantes de los hombres, que encierran la faceta contraria. No nos referimos a la violencia, sino a un juicio valorativo, en el que la mujer deseada no se equipara al ideal. Ilustremos estas afirmaciones en la novela “La Chaskañawi” de Carlos Medinaceli.

El relato nos presenta a Adolfo Reyes retornando a su pueblo natal. Perteneciente a la mejor familia del lugar, el pro-tagonista es un “señorito” acomodado. Se trata de una

forma de ser masculino, que rige su quehacer según

la moral social.

Consciente de esta adherencia a una clase poco vital,

Adolfo es pusilánime, proclive a soliloquios mentales

en los cuales ahonda su tristeza. Este estado se agrava

debido a la monotonía rural. Solo encuentra tranquilidad en los brazos de la Chaskañawi, Claudina García, una “chola”, a decir de los otros “señoritos”. El término tiene

un uso despectivo: por un lado, revela la pertenencia a una clase social inferior, pero, también por otro, la propensión a los vicios y un bajo nivel de instrucción.

Adolfo sabe esto, sin embargo, descubre en esta mujer

degradada, la vitalidad que le falta, y en ocasiones se halla contraponiendo sus grises ideas al rasgo más apetecible de la Chaskañawi, sus “ojos de estrella”. No es el único,

pese a que la desprecian como ideal, los hombres del pueblo tienen a Claudina como objeto del deseo.

La otra mujer a la que Adolfo flirtea es Julia, “señorita” recatada de buena familia. Aunque siente por ella un amor tierno, no puede evitar un dejo de fatalidad, provocado por la palidez y el lánguido estado de su “Dama”. Rechazado por la Chaskañawi y movido por circunstancias externas, Reyes, finalmente, se casa con Julia, pero su declive a la locura y al alcoholismo es inminente. El desenlace es fortuito: Adolfo y Claudina escapan, uniéndose finalmente. Ella se convierte en “La jefa”, hábil administradora de la finca de un sobrio Adolfo, devenido en enérgico agricultor.

En las últimas páginas, Miguel Mariscal discrepa con las voces que compadecen el destino de Reyes: había encontrado a la mujer justa para él.

La temática del amor es una de las más extensas de la psicología, debido a su carácter enigmático. Como la relación de un hombre y una mujer no es un hecho natural, las explicaciones nunca concluyen. Existirán tendencias científicas que resuelvan el tema apelando al encefalograma, sin embargo, la subjetividad humana inventará nuevas formas de amar y de debatir sobre el amor.

NOTA: Para cualquier consulta o comentario,

contactarse con Claudia Méndez del Carpio,

responsable de la columna, al correo electrónico claudiamen@hotmail.com

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