Cochabamba, viernes 21 de septiembre de 2018

“A mi hermano le amputaron el pie y mi sobrino se ha quedado ciego”

Los dos atentados en Oruro, el 10 y 13 de febrero, tuvieron saldos dramáticos: 12 muertos, 50 heridos, cinco de ellos perdieron la vista, otros quedaron sordos, un albañil está mutilado y todos tienen traumas psicológicos.
| Betty Condori Rojas | 25 feb 2018



“Mi hermano Filemón es albañil y le han amputado su pie izquierdo. Mi sobrino, de tres años, ha perdido el ojo, y mi cuñada necesita injertos de músculo y piel”, así resume David el estado en el que ha quedado la familia Mamani Velasco tras uno de los dos atentados dinamiteros en Oruro.

La historia de Filemón se repite una y otra vez en otras familias, casi todas orureñas. Las dos explosiones en los días de Carnaval, el 10 y 13 de febrero, han marcado. Murieron ocho personas en el primer caso, y cuatro en el segundo. En total, 50 quedaron heridas sin que hasta ahora se haya encontrado a los autores de la tragedia. La Policía presume que factores económicos y familiares motivaron el desenlace fatal. Inicialmente habló de una fuga de gas, pero luego se refirió a tres kilos de dinamita manipulada por gente experta que colocó el dispositivo en el carrito de comida que Ana Fernández de Gutiérrez (71 años) llevó para vender chicharrón de llama.

Las consecuencias son dolorosas. Oruro tiene hoy más huérfanos, lisiados, ciegos, sordos y ciudadanos traumatizados que necesitan ayuda psicológica.

Hasta el miércoles 21 de febrero, 25 lesionados permanecían internados por complicaciones. De ellos, 11 fueron transferidos a La Paz y 14 permanecen en Oruro.

“Cinco personas han perdido la vista”, concluye el gobernador de Oruro, Víctor Hugo Vásquez y admite que también hay pérdidas parciales de la audición. Muchos requieren cirugías de reconstrucción de rostro y partes de su cuerpo.

PRIMERA EXPLOSIÓN De los 12 muertos, ocho son miembros de la familia Gutiérrez Fernández. Perdieron la vida de forma dramática el sábado 10 de febrero, en la calle Rajka Bakovic y avenida del Ejército.

Ahora, los hijos y nietos de los Gutiérrez Fernández viven la desolación. También lo hacen los heridos y los familiares. El albañil Filemón Mamani Velasco, de 44 años, era el sustento del hogar compuesto por su esposa Sabina y cuatro hijos.

El sábado de Carnaval, fue a trabajar a la obra, como de costumbre. Al terminar, se encontró con su esposa Sabina y Alan Mael, su niño de tres años. Antes de irse a casa optaron comer chicharrón de llama, se acercaron al puesto de Ana Fernández. Estaban para retirarse, cuando sucedió la explosión. Murieron ocho personas cercenadas por el impacto, todas de la familia de Ana. Los heridos llegaron a 41, la mayoría es comerciante que se instaló a vender comida, cerveza, bebidas y dulces aprovechando que a una cuadra se desarrollaba la Entrada Folclóricas del Carnaval de Oruro, la fiesta más importante de Bolivia.

Filemón y su esposa recuerdan poco de lo que vino después. Él llegó al hospital con el pie destrozado y los médicos no hallaron otra opción que la mutilación. Alan Mael, el niño inquieto que este año está inscrito en el kinder, sufrió lesiones graves en el ojo izquierdo y ya no ve.

Sabina tiene heridas en el cuerpo y en el pecho. Unas esquirlas se clavaron en ellos. Perdió piel y carne y debe esperar que le practiquen injertos. Ninguno sabe cuántas veces tendrán que volver al hospital. Ahora para hablarles hay que elevar la voz.

La trabajadora social del Servicio Departamental de Gestión Social, Sedes, Virginia Heredia dice que las víctimas de estos atentados son personas de escasos recursos económicos. La mayoría comerciantes y ciudadanos que estaban de paso.

SEGUNDA EXPLOSIÓN La segunda explosión sucedió tres días después, a una cuadra, en la Bakovic y Caro. Esta vez el explosivo, tres kilos de dinamita, estaba en la calle, estalló y acabó con Leandro García, su esposa Sayde Feliza y su niño Jerson.

Además, falleció el hijo menor de Demetria y Demetrio Huacaña. Otro de sus hijos permanece internado en La Paz.

Entre los lesionados graves, está Demetrio Huacaña, el comerciante de plásticos más afectado después de los muertos. Su rostro está desfigurado, su tímpano destrozado, a su cuerpo le falta piel. Escucha poco. Está sedado y en terapia intensiva del Hospital de Clínicas de la sede de Gobierno.

Los heridos fueron atendidos en los hospitales públicos Oruro-Corea y hospital San Juan de Dios, y los centros privados Natividad y URME.

Inicialmente, los familiares pagaron las primeras cirugías, pero el viernes una reunión entre autoridades del Gobierno central, de la Gobernación y de la Alcaldía coordinaron la atención que darán a los sobrevivientes.

El Gobernado de Oruro dijo que no abandonarán a las víctimas, pero los heridos requieren atención especializada.

EL LUGAR Hoy, las calles donde sucedieron las explosiones están desoladas. Se mantiene el cerco en calles que circundan la avenida del Ejército, la Bakovic y Caro. Allí, también están las huellas de la tragedia.



8

La primera explosión fue a las 18:45 del sábado 10 de febrero en las calles Bakovic y avenida del Ejército. Estallaron tres kilos de dinamita en gel. Murieron 8 personas, en Oruro, a 230 kilómetros al sur de La Paz.

4

El segundo impacto sucedió en la calle Caro y Bakovic, a las 18:30 a una cuadra de la anterior explosión. Murieron cuatro personas, tres de ellas miembros de la familia García Arias, y Alex un niño de tres años de edad. 





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