Cochabamba, viernes 14 de diciembre de 2018

“Buscamos dos días a mis papás y al bebé; estaban en la morgue”

Karen, la hija mayor de los esposos García que perdieron la vida en la segunda explosión junto al niño, invoca la “justicia de Dios” para dar con los autores. Quedaron huérfanos y ahora pide trabajo.
| BETTY CONDORI ROJAS | 25 feb 2018



“Yo no hablo por nadie, pero la justicia llega... tarde o temprano sé que todo esto se aclarará ... no importa lo que tenga que hacer, pero la muerte de mi familia... no quedará impune ... el que hizo eso pagará... no lo digo yo, si no la justicia de Dios...así lo dice...” (sic), escribe en su cuenta de Facebook Karen Lilian García Arias, la hija mayor de Leandro García Gregorio y Sayde Feliza Arias Choque.

Los esposos murieron espantosamente en el segundo atentado en Oruro, en la calle Caro y Bakovic, el martes de ch’alla, a una cuadra del primer estallido. Murió con ellos Jerson, de tres años, el último niño de la familia.

Ese martes 13 de febrero también falleció otro niño, Alex Huacaña, de tres años. Los padres permanecen en terapia intensiva, en La Paz.

Karen, la hija de Leandro y Sayde, tiene 19 años y salió bachiller hace dos. Fue a probar suerte a Cochabamba junto con su papá. Ambos trabajaban, él era zapatero.

Sus hermanos menores, Milton, de 17, y Luis Daniel García, de 14, se quedaron en Oruro con su mamá. Aún están en el colegio Saracho y el Quirquincho, respectivamente.

Con voz entrecortada, Karen relata lo que pasó ese martes 13: “El día del accidente, mis papás y mi hermanito Jerson salieron de la casa a las tres de la tarde. Iban a la Iglesia frente al estadio, en el norte de Oruro. Pero no regresaban. Milton y Luis Daniel empezaron a llamar al celular, pero nadie contestaba. Preguntaron a amistades, fueron a hospitales y nada. El jueves, alguien les dijo que habían tres cuerpos en la morgue de un hombre, una mujer y un bebé de casi dos años. Asustados, corrieron a la morgue del cementerio para constatar que se trataba de su familia”.

“Recién el jueves me avisaron. Fue un golpe muy fuerte. No sabía qué hacer”.

Leandro es orureño. Con la familia vivieron por muchos años en su natal Totoral. Después, en la ciudad de Oruro, y hace poco migró a Cochabamba.

Sayde siempre buscaba la forma de reunirse. Leandro viajó de Cochabamba a Oruro el sábado 10 de febrero, aprovechando el fin de semana y feriados.

Karen recuerda los muchos viajes. “Éramos una familia unida, todos nos queríamos. Hace poco fuimos a Chile, conocimos el mar, gracias a mi papá”.

“Cuenta que sus hermanos están mal emocionalmente. Van al colegio muy afectados”.

Ella estuvo con su papá hasta el sábado 10. Compartieron la cena el viernes.

Con su mamá, mantuvo comunicación mediante Facebook. “Se despidió diciéndome: -Te vas a cuidar”.

Ahora Karen asume la maternidad y se queda al cuidado de sus hermanos.

La familia García Arias proviene de las provincias de Oruro. Su mamá es de Poopó y el papá, de Totoral, en Pazña del departamento, a 70 kilómetros al sur de la ciudad de Oruro.

Karen dice que la Gobernación pagó los gastos de sepelio y de los ataúdes. “Pero no han dicho en qué nos iban a apoyar. Necesito trabajo para ayudar a mis hermanitos. Dijeron que iban a colaborar, pero no dijeron cuándo”.

Estallido

La detonación de las 18:30, del 13 de febrero, mató a 4 personas, hirió a 9, afectó a 20 casas y al menos 7 coches aparcados en las cercanías.

Atentado

El comandante general de la Policía Boliviana, Faustino Mendoza, confirmó que la segunda explosión, del 13 de febrero, fue atentado.

HISTORIAS PARA TOMAR EN CUENTA

“No me di cuenta de que me faltaba piel”

Tengo 63 años y llegué a Oruro para vender latas de cerveza en la Bakovic y avenida del Ejército. No recuerdo nada de la explosión. Recobré la conciencia y no tenía mi gorra, miré por todos lados y ahí vi a personas botadas. No me di cuenta que estaba herido y sin piel en mis piernas.

Emiliano Mirabal Poma

“Todo lo que veo lo relaciono con ese día”

Estaba vendiendo en la calle Bakovic y avenida del Ejército, el sábado. Tras la explosión, me he levantado y todos estaban sin pies sin manos sin cabeza. Desde esa vez todo lo que veo lo relaciono con ese día. Ya no puedo dormir ni comer. Mis hijos me reclaman, pero mi vida ha cambiado. Necesito ayuda.

Teresa Mamani





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