Cochabamba, lunes 10 de diciembre de 2018

Lo que queda de Warisata: a más de ochenta años de la creación de la escuela que marcó para siempre a la educación en Bolivia

El Centro Cultural y Pedagógico Simón I. Patiño presentó durante el mes de febrero una serie de actividades que recopilan los recuerdos de lo que fue Warisata. El próximo viernes 23, a las 19:00, se llevará a cabo el coloquio ¨Warisata, ocho décadas después¨ en la biblioteca del recinto cultural. El ingreso es libre.
| Adriana Carolina Benitez Ballivián | 25 feb 2018

¨Warisatt Escuela

Senos núbiles

Hija del lago y del Illampu

Prometida de varones fuertes

Yo cantaré tu rebeldía¨.


Así comenzaba Carlos Salazar Mostajo Biografía de Warisata, un homenaje al lugar al que le dedicó, probablemente, los años más importantes de su vida profesional. La escuela Ayllu Warisata nace bajo la categoría de Educación Formal en el área rural un 2 de agosto de 1931 en el departamento de La Paz. Dentro de una región inundada de latifundistas, como era Achacachi en su tiempo, y ubicada en una fría pampa entre el Lago Titicaca y el nevado Illampu, Warisata instauró por primera vez, no solo en Bolivia sino también en Latinoamérica, un nuevo concepto de educación rural.

Tras una asamblea de la Organización Comunitaria, y contra todo pronóstico, los locales de Warisata aceptaron la propuesta de construir una escuela con un programa educativo diferente al que habían estado acostumbrados. La idea de enseñar al indio dentro de su propio medio, con los principios de reciprocidad, solidaridad y liberación fue un hito que, indudablemente, marcó para siempre a la historia de la educación en nuestro país.

Los orígenes de Warisata podrían ser muchos. Quizá la Guerra del Chaco, que hizo que los bolivianos, desde los indios más pobres hasta los niños ricos de las altas castas sociales, se miren al espejo por primera vez en campos áridos y desolados, tal vez el ascenso al poder de los partidos militar-socialistas con Toro y Busch a la cabeza o la idea descabellada de Carlos Salazar de darle una educación digna a los indios.

Lo cierto es que, más allá de que la escuela haya existido durante solo 9 años, el legado de Warisata permaneció presente aún después de su cierre definitivo. Si bien el proyecto de la escuela-ayllu pudo estar financiado por el Estado, dos personajes se destacaron: Elizardo Pérez y Avelino Siñani. Ambos se negaban a ver a la educación solo como un proceso de alfabetización del indio, y más aún, se negaban a educar en campos de los terratenientes, que en la época ocupaban gran parte del lugar.

El objetivo de la escuela era simple, educar al indio de manera que este pueda liberarse del sistema que lo coloca en el puesto de pongo y funcionar bajo los parámetros de una comunidad andina.

Es precisamente este último factor el que fue rescatado por el gobierno de Evo Morales para la creación de la Ley Avelino Siñani-Elizardo Pérez el año 2010. Bajo la idea de recuperar valores socio-culturales indígenas. El utilizar, por primera vez a elementos de la lógica andina dentro de un proyecto estatal, de una forma u otra, legitima y reconoce a ese sector mayoritario de la población que durante tanto tiempo se intentó ignorar.

Sin embargo, dejando de lado la nostalgia que genera el recordar momentos históricos en nuestro país y olvidándonos de lo mucho que nos gusta a los bolivianos celebrar fechas y aniversarios que la mayoría de las veces ni sabemos que recordamos, como es el 2 de agosto (Día de las Naciones y Pueblos indígena-originarios y fundación de la escuela en Warisata), se debería examinar objetivamente cual ha sido el legado de Warisata hasta el día de hoy.

Esta situación funciona perfectamente como un cuento de hadas. Finalmente, tras años y años de vivir con un sistema educativo que anulaba completamente a la población indígena, se instaura una reforma que, además de llevar los nombres de dos de los más grandes líderes de la comunidad andina, incorporó fragmentos de su cosmovisión que se creían perdidos en el tiempo.

Si se habla de ideales, no hay nada mejor que esto, la educación basada en el fortalecimiento de la plurinacionalidad, la interculturalidad y la reciprocidad. A partir de esto, se esperaría la reconfiguración del sujeto boliviano como un individuo que, además de sentirse incluido en el plan de gobierno, sea útil dentro del sistema. Entonces, ¿podría esta utopía convertirse en realidad?

Más allá de los números, más allá de las cifras que indican que al índice de alfabetización creció considerablemente en los últimos años, ¿podemos afirmar que el saber escribir tu nombre te garantizará un lugar mínimamente estable en el mercado laboral de hoy en día?



benitezballivian@gmail.com



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