Cochabamba, viernes 21 de septiembre de 2018

Es una enfermedad irreversible, pero es posible controlarla

| Wilfredo Villarroel | 11 feb 2018

La enfermedad de Alzhéimer, o demencia senil, es progresiva e irreversible, no tiene cura. Lo que tenemos que hacer es prevenir este mal a partir de los 40 años. Uno de los síntomas es la pérdida de la memoria, que puede comenzar a los 45 años, en la preancianidad.

En esta etapa, el paciente empieza con la pérdida de memoria fisiológica, es decir se olvida algunos aspectos y objetos, pero los recuerda después de un tiempo.

Para la pérdida de memoria influyen muchos aspectos como la diabetes, la presión alta, la obesidad, el sedentarismo, lo que antes se denominaba aterosclerosis, es decir, un envejecimiento de las arterias.

La enfermedad de Alzhéimer significa la atrofia del cerebro. Uno de los primeros síntomas es cuando, a partir de los 60 años, la pérdida de la memoria se convierte en patológica, es decir, la dolencia propiamente dicha. El paciente se olvida qué día es, ya no reconoce a las personas de su entorno ni los objetos. Está desorientado en tiempo y espacio, el razonamiento se altera y eso va progresando, por lo que el médico debe tomar acciones con el paciente y la familia misma.

El que sufre de alzhéimer se pierde en la calle y su familia se pone impaciente, se deprime y preocupa, más aún cuando el paciente padece otras patologías.

La familia es la que más se enferma con un paciente de alzhéimer y, en algún momento, se resiste a apoyar al adulto mayor, por lo que decide internarlo en un asilo o una casa de reposo.

Y como la enfermedad no tiene curación, lo único que se puede hacer es un tratamiento preventivo, para que la enfermedad no avance muy rápido.

Como parte del tratamiento, hay medicamentos que el paciente debe tomar de por vida, así como antioxidantes y minerales. Lo que hacemos es enseñar a los familiares a convivir con un paciente que tiene alzhéimer.

Desde que empecé a ejercer como geriatra, hace 26 años, esta enfermedad aumentó, especialmente en gente que tiene menos de 60 años. Hay que precisar que es una enfermedad hereditaria y se ha demostrado que si los padres han sufrido alzhéimer, sus hijos también pueden tenerlo.

Por eso, a partir de los 45 años se deben tomar medidas de prevención, realizarse estudios, análisis biológicos y químicos para detectar y empezar a consumir antioxidantes y controlar la enfermedad.

Los geriatras hacemos el tratamiento en tres etapas. En la primera, se enseña a convivir al adulto mayor con su familia, después sigue el tratamiento farmacológico, y la tercera fase consiste en que el paciente tenga un ambiente fijo, porque, si se lo cambia de un lugar a otro, como ocurre cuando son varios hijos, se desorienta y eso agrava la enfermedad.

Por eso, cuando en la primera etapa enseñamos a convivir a los familiares con el paciente que sufre alzhéimer, les decimos que eviten el traslado constante de una casa a otra, porque eso empeora la enfermedad, por la desorientación de la persona.

El sostén del geriatra para tratar a los pacientes crónicos es la familia. Nosotros hacemos un planteamiento geriátrico gerontológico, es decir, se trabaja con el paciente y sus parientes.

Por otra parte, los medicamentos evitan el progreso de la enfermedad y se logra una mejoría. El paciente está más tranquilo y menos irritable, puede hacer actividades para la rehabilitación de su cerebro. Es importante que hable, que dialogue, que utilice juegos de mesa y tenga actividad mental.

En síntesis, el paciente con alzhéimer tiene tres características: biológicamente se encuentra bien, pero la parte cerebral no; es una paciente con inmunidad muy aceptable, tiene buenas defensas; y buscamos que sea un paciente tranquilo, que no sea una carga de atención para la familia.



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