Cochabamba, miércoles 21 de febrero de 2018

Prólogo con el café

Texto de introducción del libro de relatos Los sueños y sus cuentos, del periodista y escritor Antonio Rivera Mendoza, que fue presentado el pasado viernes en el café Lea Más. Incluimos “i”, el primer cuento de la publicación.
| Antonio Rivera Mendoza | 11 feb 2018



Sueños. Es sabido que a Borges le gustaban. Los contaba y hacía que se los contaran. Un biógrafo suyo llegó a afirmar, falsamente según otro biógrafo, que se había divorciado de su primera esposa porque ella no soñaba.

Es lógico que le gustara soñar: Borges, ciego, era cuando sí podía ver.

Es muy difícil trasladar un sueño a un relato y que siga siendo un sueño, todavía más, a un cuento; como escribe Alejo Carpentier de la imposibilidad de enmarcar un sueño, en una crítica socarrona a los pintores surrealistas.

Pero, cuando volvemos de un sueño lindo y raro, parece un desperdicio no referir esta especie de ejercicio de la imaginación oculta.

Hay sueños que pueden incitar a un relato, otros, que servirían de pie para un cuento. Los que están para olvidar, ya nacen olvidados.

El lector, si hubiera alguno, podrá reconocer a cuál pertenece éste o aquél.

Todos los argumentos de estos trastos han sido soñados por el autor. Algunos han sufrido la ilación necesaria para su presentación en forma escrita; los demás son el sueño y la imaginación en la vigilia; unos con más añadidos que otros, pero todos conservan el fundamento onírico. En alguno, la trama original ha sido abusada por la escritura. Hay, además, los que navegan por la página en una frase o párrafo absurdos, tal como fueron dichos en la noche; si no le causa ninguna emoción, simule que está aquí como órgano de un cadáver exquisito.

Al final del libro, si alguno ha tenido la generosidad u osadía de haber llegado hasta allá, hay un texto, me habría gustado llamar ensayo para un ensayo, sobre la función de los sueños, pero es puro cuento.

i

Cuando llegamos y Mark Ruffalo abrió el portón desde el coche, vi que la pantera estaba dormida en el patio. Se apeó primero Mark y fue cuando la pantera le atacó y mató; se volvió entonces a mí. Con la primera dentellada desperté, justo para ver a través del portón que se abría, a la pantera que dormía plácidamente en el patio.

Periodista y escritor - arivera133@gmail.com



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