Cochabamba, martes 13 de noviembre de 2018

Lecturas sutiles Amy Winehouse, el lado destructivo

| Claudio Spivak | 04 feb 2018

El documental “Amy” retrata la vida de la cantante y compositora Amy Winehouse. Debemos esta versión biográfica al director Asif Kapadia. Entre los diversos testimonios que la componen, resaltan los referidos a la

infancia de la cantante.

De esos años, la madre de Amy describe que ha encontrado dificultad para enfrentar a su hija. Solo aceptaba

lo que la niña hacía o proponía. Se refiere a sí misma como “blanda”. Recuerda que su hija le decía: “Mamá, eres muy blanda conmigo… saldría libre de un asesinato si por ti fuera. Deberías ser más dura". En este dicho ya hay una alusión a cierta agresión de la niña, que no encuentra cauce ni limitación.

Por el lado paterno las cosas no van mejor. Los recuerdos de Amy están marcados por la ausencia de su padre, al menos para las cosas importantes. En especial para referenciar el respeto hacia la madre.

Mitchell, el padre, nos explica que sucedía. A los 18 meses de Amy conoció a otra mujer en el trabajo. Con ella que inició un romance. Debieron pasar ocho o nueve años para que abandonara su casa. Dice: “Fui un cobarde”. Sin embargo, no considera que esto haya afectado a la hija. Entiende que Amy lo superó rápidamente.

En la versión de la cantante esa separación tiene carácter de acontecimiento. Si antes era una niña alegre, nerviosa y agradable, luego de la separación las cosas cambiaron. En ese momento pensó que podía hacer lo que quisiera… lo cual era genial. El resultado no se hace esperar. Se hace tatuajes, perforaciones, no asiste a la escuela y juguetea con algún noviecito.

Alrededor de los 13 o 14 años, su vida conoce otro vuelco. Es llevada a un médico y le indican antidepresivos.

El tratamiento propuesto le hace conocer el Seroxat, medicamento que fue proscrito más tarde por sus efectos adversos. Según Amy, esa droga la dejaba loca y muy atolondrada. También ya deja entrever una posición melancólica. Señala que, si bien a veces se sentía rara

y diferente, desconocía qué era la depresión.

En ese punto la música surge como solución, una diferente a la del Seroxat. Relata: “Por eso escribo música. No soy una persona desquiciada. Hay mucha gente que sufre depresión, que no tiene un escape, que no puede tomar una guitarra durante una hora y sentirse mejor”.

Freud señalaba que, en la génesis del superyó, no podía descartarse la mutua influencia de factores congénitos y otros ambientales. Así se refiere a lo que otro autor denominaba “educación patógena”. Se distingue aquí entre dos tipos de educación: una excesivamente severa y otra de consentimiento. Sobre la última explica: “El padre (desmedidamente blando e indulgente) ocasionará en el niño la formación de un superyó hipersevero, porque ese niño, bajo la impresión del amor que recibe, no tiene otra salida para su agresión que volverla hacia adentro (…)”.

La agresión vuelta hacia adentro es lo que queda capturado por el superyó hipersevero. En la melancolización el superyó hiperservero se abate, con furia y sin misericordia, sobre el yo. Ese componente destructivo, dice Freud, a menudo empuja a la muerte.

Ya convertida en cantante de jazz Amy repetirá en el estribillo de “What it is about men”: “Ahora mi lado destructivo mide un kilómetro de ancho. No pasará mucho tiempo hasta que esa destrucción actúe sobre ella”.

NOTA: Para cualquier consulta o comentario,

contactarse con Claudia Méndez del Carpio,

responsable de la columna, al correo electrónico claudiamen@hotmail.com

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