Cochabamba, miércoles 18 de julio de 2018

Soundtrack

Sobre la obra con la que Camila Urioste ganó el Premio Nacional de Novela 2017 y que fue editada por 3600.
| | 04 feb 2018



“ABANDONO. Elegimos hacerlo de la manera difícil. Es decir, de frente”.

Digamos que la ciudad de La Paz (en los años noventa) es una canción. Es Octavia. Es Loukass. Es Adrián Barrenechea, mientras canta: “Y no puedo escapar de ti, y derroché tanto amor, hoy lo confieso”. Es Equinoccio. Es Sopocachi en la madrugada, donde todo es triste, lento y frío. Y Camila Urioste coloca todo esto en Soundtrack (XVIII Premio Nacional de Novela 2017).

Camila apuesta a crear personajes principales y secundarios, bien estructurados, para contar su novela (algo que hace mucha falta en nuestra literatura). El personaje central es su alter ego, que se enfrenta al amor y al tiempo (y sabe que no podrá ganar). En esto tiene mucho de Chejov, porque parece que la vida pasa y la acción dramática no es necesaria para contar la tristeza o el abandono.

La narradora cuenta su vida en fragmentos. La novela es como un pequeño diccionario de cosas que le sucedieron (muy al estilo Milan Kundera y no lo niega, ni trata de ocultar sus influencias). Este diccionario es circular es como una historia encerrada en un bucle de tiempo que tiende a repetirse, una y otra vez, hasta el infinito: he aquí la melancolía (o como diría Borges: “El peor infierno es regresar a los sitios en que uno fue feliz”).

En un pasaje, la narradora dice que una historia no se puede contar de forma lineal (en Latinoamérica no se lo puede hacer desde que empezó a escribir Sábato). Para esto, el escritor necesita una buena planificación: Camila lo hace demasiado bien. Y además, le da la posibilidad (en la forma de diccionario o glosario) de economizar palabras y de estructurar muy bien cada escena: personaje que se enfrenta o sale bien parado o pierde algo en el camino.

El otro punto a favor es que no necesita describir La Paz, con sus lugares comunes o su eterno Illimani. En esto se acerca más a Marcelo Quiroga Santa Cruz y su novela Los deshabitados. En otras críticas, leí que le faltó descripción a esta novela. No estoy de acuerdo, no es necesario que una novela tenga que describir la ciudad para que aparezca y ser un personaje más. La ciudad también puede ser una sensación: como lo hace Pahmuk o Murakami o el mismo Bolaño de Los detectives salvajes.

Camila Urioste proviene de la poesía y del teatro: cada palabra de Soundtrack está bien pensada y da la sensación de que la novela tiende a la perfección (como bien lo diría Vargas Llosa).

Si se quisiera etiquetar Soundtrack, estaría dentro de novela indie: nada de lo actual, lo que pide la actualidad, la acción que requiere una novela, hablar de lo “boliviano” o de guerras bolivianas, como pide el canon. Camila no hizo una novela para ganar un premio, de eso estoy seguro. Hizo una novela para contar la vida o la soledad, que, a veces es lo mismo; es un homenaje a los noventa, donde estábamos algo extraviados (y aún lo estamos).

“NOVENTAS. La últimas década en que escribimos cartas, cuando aún esperamos días de respuesta, cuando la ausencia es siempre total, con sus límites bien dibujados, cuando la gente aún descuelga el teléfono fijo para escuchar el tono y cerciorarse de que funciona, cuando salir de casa es ser inalcanzable, cuando hay que tener MTV para ver videos musicales y entonces bailar ‘Freedom’, de George Michael, haciendo cara de supermodelo, haciendo fonomímica frente al espejo, bailar y bailar esa canción, sabiendo todas las palabras y todas las guitarras y creyéndome Nahomi y Linda, haciendo pucheros sensuales y creyéndome Christie y Cindy, y no importa ser una adolescente torpe y con sobrepeso, porque all we have to do now is take these lies and make them true somehow, al we have to see is that I don’ t belong to you and you don’t belong to me, Yeah, Yeah… Freedom…”.



Periodista y escritor - zion186@hotmail.com



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