Cochabamba, domingo 21 de octubre de 2018

En Ebbing, Missouri

Crítica de la más reciente cinta de Martin McDonagh, Tres anuncios para un crimen (Three billboards outside Ebbing, Missouri), candidata a siete premios Oscar, entre ellos mejor película y mejor actriz (Frances McDormand). Se exhibe en salas del Prime Cinemas, cine Center y cine Astor.
| Alba Balderrama | 04 feb 2018



Si supiera quién fue, lo perseguiría día y noche, diría que apenas pueda le cortaría un testículo –o los dos, ya que estamos en eso –, lo encerraría en algún bosque y todos los días le contaría historias de la hija que me quitó, lo patearía, lo rasguñaría. Si asesinaran a mi hija, si supiera quién fue, si eso pasara, eso haría, o no. Tal vez no podría hacer nada por el dolor instalado ya, tal vez no podría hacer nada porque al irse ella me habría ido yo. Hasta ahí mi imaginación. Quizá podría hacer más y mejor, pero, como todo, es cuestión de personalidad, de personaje.

No se me ocurriría jamás hacer pública la inoperancia de la policía para encontrar al asesino, no se me ocurriría hacer volar la estación de policía con bombas molotov, vestirme como si fuera parte de una pandilla con bandana en la frente y overall de mecánico. No se me ocurriría darles una patada en la entrepierna a los compañeros bullys de colegio de mi hijo adolescente para descargar mi furia, no se me ocurriría sacar al cura de mi casa por cómplice de las atrocidades de su propia pandilla, no se me ocurriría ser tan fuerte, no se me ocurriría poner tres anuncios enormes en las afueras de mi ciudad para incomodar al Sheriff, o al jefe de policía en mi caso. Nada de eso se me ocurriría porque, como ya dije, se trata de personalidad y de personaje y porque no habito en la Norteamérica profunda.

Eso se le ocurriría a un director de cine experto en construir personajes y escoger sus actores. Eso se le ocurrió a Martin McDonagh en su más reciente y ya premiada película Tres anuncios por un crimen (2017) -Three Billboards outside Ebbing, Missouri en el original-. La película es sobre los personajes principalmente y para eso se ha rodeado de los mejores: Frances McDormand (la tercera pieza del clan de los Coen), que interpreta a Mildred la furibunda madre de la hija asesinada, Woody Harrelson, el sheriff Bill Willoughby, y un inmaduro, violento, racista y enternecedor Sam Rockell, que interpreta al oficial Jason Dixon, ayudante del Sheriff.

Como un guiño torcido o un chiste oscuro, todo empieza, como muchas cosas empiezan hoy en día, con una publicación. Pero no en el Facebook, en la prensa o en Twitter, sino en tres vallas de anuncios que Mildred alquila para reclamar al departamento de policía y al Sheriff su falta de efectividad en la investigación para encontrar al asesino y violador de su joven hija. Hecho que ha dejado en ella un monstruoso dolor que solo puede manifestarse como furia. Entonces, la madre aquí se convierte en la justiciera, en la John Wayne del pueblo y, como Wayne, es temida, es perseguida, es traicionada. Pero, la entereza, inteligencia e imaginación en su batalla la llevará a conseguir importantes aliados al final.

De hecho, McDormand se inspiró, para construir su personaje, en la figura de John Wayne, en su forma de caminar, en su épica y en la manera contundente de mostrar sus emociones. Y a su vez, el director McDonagh construyó este papel para Frances, pero inspirado en Wayne. “Al final Mildred está más en la tradición del hombre misterioso típico de spaghetti western, que va caminando por el centro de la calle con las pistolas en las manos, y que se carga a todo el mundo, aunque creo que es importante que la única arma que usa Mildred sea su ingenio”, dice el director en una entrevista cuando presentó la película en el 74avo Festival de Cine de Venecia, en agosto del 2017, donde ganó a Mejor Guión.

No se me ocurriría caminar a lo John Wayne y tomar la justicia por mis propias manos, quizá se me ocurrirían peores cosas. No sé.

Es la película de cowboys de este año, pero también es algo más.

Es elevar el nivel de conversación sobre el abuso. No solo contra las mujeres, que tan en boga está el tema, sino contra las familias, los de otras razas, los vecinos, contra uno mismo. Tres anuncios para un crimen es la prueba de que el abuso cometido a uno es el abuso cometido a todos y que mientras más oculto, más grande el abuso. Y de que ante el abuso, está la palabra. La palabra, con todo su poder, y las acciones son las que sacarán a la luz y le pondrán rostro a esos abusadores ocultos, a los que se esconden detrás de alardes bravucones de asesinos y violadores, detrás de madres controladoras y crueles, de padres ausentes y violentos, de sermones de domingo, de placas de policía, del silencio cómplice.

No se me ocurriría jamás hacer pública la inoperancia de la policía para encontrar al asesino, no se me ocurriría siquiera quizá hablar, enmudecería. Pero es cuando hay que hablar, acudir a la palabra, ya sea en unas vallas de publicidad en la carretera, en una película, en una publicación en Facebook, en un grafiti, en un texto, en una carta.

Hacia el final, la película va cobrando una heroica y apabullante fuerza, precisamente gracias a la palabra, la palabra escrita, gracias a una serie de cartas póstumas que el Sheriff deja a su esposa, a Mildred y a Dixon, el irascible oficial de policía colaborador. Esas cartas son de una belleza extrema.

Como esta:

“Jason, aquí Willoughby.

Estoy muerto ahora, lo lamento.

Hay algo que quiero decirte que nunca te dije mientras vivía.

Creo que tienes el talento para ser un policía muy bueno, Jason. ¿Y sabes por qué?

Porque en el fondo eres un hombre decente. Sé que crees que me lo estoy inventando, pero no, estúpido. Pero sí creo que estás muy enojado. Y sé que es desde que murió tu padre y tienes que cuidar a tu madre. Pero mientras estés albergando tanto odio, no creo que seas capaz de convertirte nunca en lo que, yo sé, quieres ser, un detective.

¿Sabes lo que necesitas para ser un detective? Y sé que harás una mueca cuando te diga esto. Lo que necesitas para ser un detective es: amor.

Porque a través del amor, viene la calma

Y a través de la calma viene el pensamiento

Y necesitas del pensamiento para detectar cosas a veces, Jason.

Eso es todo lo que necesitas, ni siquiera necesitas un arma y definitivamente no necesitas odio. El odio nunca puede resolver nada. Pero la calma puede y el pensamiento también. Inténtalo, para variar.”

Mientras lee la carta, Mildred arremete con toda su furia contra la comisaria con cocteles molotov. A partir de aquí la historia toma un giro más esperanzador y la estrofa “all you need is love” toma otra profundidad, el amor es necesario para poder pensar. Todo, a partir de la palabra.

Willoughby cierra la carta: “Nadie pensará que eres gay. Y si alguno lo hace, arréstalo por homofobia. No se sorprenderán. Buena suerte, Jason.

Eres un hombre decente y sí, tuviste mala suerte. Pero todo cambiará para ti, puedo sentirlo”.

Y sí cambia, esas palabras en las cartas, las palabras de las vallas, las palabras dichas lo cambian todo.

Productora y gestora cultural- albita35mm@gmail.com

Tres anuncios para un crimen se estrenó el 10 de noviembre de 2017 y desde entonces la película ha recibido elogios por el guión y la dirección de McDonagh y por las enormes actuaciones de McDormand, Harrelson y Rockell. Ha recibido los premios a mejor película, mejor actriz, mejor actor de reparto y mejor guión en los Premios Globo de Oro 2017. Y tiene siete nominaciones para los Premios Oscar 2018: mejor película, mejor actriz, doble nominación a mejor actor de reparto para Harrelson y Rockwell, mejor guión, mejor banda sonora y mejor montaje. 



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