Cochabamba, miércoles 21 de febrero de 2018

Un discurso ideal para Nicanor Parra

El (anti)poeta chileno, uno de los más grandes de Latinoamérica y el último de su generación que estaba vivo, murió el martes pasado a los 103 años. El fallecimiento del que fuera hermano de Violeta Parra ha causado una ola de lamentos y homenajes, a los que este suplemento de suma, como no podía ser de otra manera.
| Alba Balderrama | 28 ene 2018



La gran roca ha muerto. La roca que nos ataba a lo profundo del sentimiento. La roca negra y grande a la que nos trepábamos para irnos a sentar cuando necesitábamos mar, cuando necesitábamos distancia y luz para ver las cosas como son y verlas estallar como olas contra el mundo. Esa roca estaba ahí, cuando necesitábamos ver las cosas sin educación, sin romanticismo, sin mentiras, sin lírica ni verso largo, puro abismo, puro sentimiento, ironía y vida.

Nicanor Parra, la gran roca, el Poeta, ha muerto el martes 23 de enero de 2018 en Chile –el país de los seísmos- provocando un temblor. Sus palabras vuelven a resonar en muros de Facebook, en notas de prensa, en videos de archivo, en anécdotas y despedidas, en textos como este. Sus poemas se recitan de memoria, sus antipoemas son el grito que nos recuerda que nada está quieto, que la muerte solo es otra acción, otra ola que se rompe contra la roca, contra la palabra.

¿Qué se puede decir de Parra ahora que se ha muerto, qué, que no se haya dicho mil veces? ¿Que está riendo y llorando? ¿Que abusó de la palabra y se portó horriblemente con la poesía? ¿Que fue el transformador de la poesía, que fue para la poesía lo que Duchamp para el arte? ¿Que dijo “Yo no quiero ser el mejor poeta de Chile, me alcanza con ser el más grande de Isla Negra”, la isla donde vivieron él y Pablo Neruda? ¿Qué decir cuando todo el mundo habla de él, de sus instrucciones para su entierro, de su desaparición física que parecía imposible cuando ya nos tenía acostumbrados a tenerlo cerca, activo y altivo, más de cien años?

Estos días se ha dicho mucho sobre Nicanor Parra.

En el periódico Clarín han dicho: “El 5 de septiembre del 2014, en la celebración del Centenario del nacimiento de Nicanor Parra, el poeta prefirió recluirse en su casa de Isla Negra. Pero en todo Chile se leyó aquel día “El hombre imaginario”, un poema que Parra escribió casi treinta años antes y donde intentaba olvidar un amor frustrado. Ayer, todo Chile volvió a tener sus versos en la garganta. Nicanor Parra murió en la madrugada, a los 103 años. Estaba con su familia en la comuna de La Reina, en Santiago de Chile, adonde había ido recientemente, después de vivir 20 años junto al mar en Las Cruces, a 120 kilómetros de la capital chilena. Allí, en Las Cruces, los vecinos se acercaron a su casa y dejaron flores en la rejas”.

“El hombre imaginario” es un poema sobre un hombre que sueña con una mujer a la que ama mucho. Es un poema que escribió para la mujer que amó Parra con toda el alma, pero que luego lo dejó y se suicidó. El poema dice del hombre: “El hombre imaginario/ vive en una mansión imaginaria/ rodeada de árboles imaginarios/ a la orilla de un río imaginario”. Y de la mujer: “Y en las noches de luna imaginaria/ sueña con la mujer imaginaria/ que le brindó su amor imaginario/ vuelve a sentir ese mismo dolor/ ese mismo placer imaginario/ y vuelve a palpitar/ el corazón del hombre imaginario”. Puro sentimiento.

En el periódico Página 12 de Argentina, Juan Forn ha escrito esto: “Una mujer descuartizada/ viene cayendo desde hace 140 años”. Por esas dos líneas escritas por su compatriota Vicente Huidobro decidió el joven Nicanor Parra dedicarse a la poesía. Ya era (además de hermano mayor de Violeta Parra) ingeniero, diplomado en termodinámica en EEUU y en cosmología en Oxford, cuando quiso saber por qué caía esa mujer desde hacia siglo y medio. La pregunta en particular y la poesía en general no son asuntos muy pertinentes para la ingeniería y Parra era, a pesar de ingeniero, un impertinente. Así que prefirió adscribir a esa otra ley de la termodinámica que enunció Leopoldo Marechal: ‘De todo laberinto se sale por arriba’. Así fue como llegó Parra a lo que definió como antipoesía. ‘Yo me preguntaba por qué cresta los poetas hablaban de una forma y escribían después con esa jerga conocida como lenguaje poético, que no tiene nada que ver con el lenguaje de la realidad’ ”. Forn, en este texto, parece uno de los jóvenes a los que Parra encendía y empujaba a la escritura con su anarquía y osadía, esos jóvenes que lo seguían como a una estrella punk, titulándolo: “Incendio en la Casa del Ser”.

En el periódico francés Le Figaro el 24 de enero dijeron: “Lauréat en 2011 du Prix Cervantes, plus haute récompense litteéraire en langue espagnole, il avait publié l’une de ses œuvres les plus connues en 1954, Poèmes et anti-poèmes. Ami du poète américain Allen Ginsberg, il était considéré comme ayant exercé une forte influence sur le mouvement beatnik des années 1950”.

De una manera extraña, valorando tanto su talento de poeta como el de físico matemático, en el The New York Times han escrito esto: “Nicanor Parra, a Chilean physicist, mathematician and self-described ‘anti-poet’ whose eccentric writings won him a leading place in Latin American literature, died Tuesday. He was 103. His death was confirmed by Chilean President Michelle Bachelet, who expressed her condolences. Her government ordered national flags to be flown at half-staff in public buildings and decreed two days of mourning”.

En el mismo The New York Times, en su versión español, Jorge Carrión, en su artículo “La revuelta permanente de Nicanor Parra”, ha dicho cosas de sus hijos: “Nicanor Parra sobrevivió a muchos de sus hijos heterodoxos, geniales, felizmente desviados, como Pedro Lemebel o Roberto Bolaño. En estos momentos, en Poesía Brossa, la exposición que el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona dedica al gran poeta conceptual catalán —que en 1992 compartió una muestra en Valencia con el chileno—se pueden ver muchos de sus últimos antipoemas, como el que rinde homenaje al autor de Los detectives salvajes uniendo en un único cuadro la doble página de una revista con fotografías del novelista y el titular ‘Adiós, Bolaño’, y una cita de Hamlet manuscrita por el propio Parra: Good night, sweet prince.

“Pero mi sensación es que su herencia no solo pervive en sus herederos directos (como Raúl Zurita o Enrique Lihn), sino que ha empapado la cultura chilena y se ha filtrado en las raíces y en los laboratorios y en las facultades de letras y en las noches putrefactas. Que ya no es posible pensar en Chile sin la influencia del viejo Parra”.

En el periódico libanés An-Nahar no se dice nada, en el surcoreano Gook-Min Ilbo tampoco. Quizá en la mitad del mundo, la de Oriente, no se diga mucho por el tema del idioma, pero se dice que su obra ha sido traducido a 30 idiomas, alguno tiene que ser de Oriente, digo yo. Se ha dicho tanto de él y se sigue diciendo que a mí se me hace difícil decir algo más.

Pero pasa con Parra lo que pasa con el mar, siempre hay más.

El poeta chileno Raúl Zurita, en 2014, en ocasión de la inauguración de la exposición Voy y Vuelvo de los antipoemas de Nicanor, dijo: “Sería imposible resumir, expresar, todo lo que significa y ha significado Nicanor Parra para mí y nada de lo que yo pueda haber hecho podría explicarse sin él. Son cuarenta y seis años y cientos de recuerdos, de imágenes de tugurios de Cartagena o del Santiago profundo con Nicanor golpeando la mesa y apostrofando al mesero, a quien, al parecer, no le caímos en gracia: ‘¡Usted nos va a tener que atender porque yo soy el choro Parra!’”.

La periodista Leila Guerriero es la que quizá ha logrado fotografiarlo de manera más poderosa a lo que lo hicieran las propias fotos de Parra, esas en duotono, con el pelo blanco y furioso cubriendo con su mano de roca su hermoso rostro. Guerriero, en su perfil “Buscando a Nicanor”, empieza diciendo: “Es un hombre, pero podría ser otra cosa: una catástrofe, un rugido, el viento”. Más adelante continúa: “Es un hombre, pero podría ser un dragón, el estertor de un volcán, la rigidez que antecede a un terremoto. Se pone de pie. Aprieta una gorra de lana y dice:

—Adelante, adelante.

Llegar a la casa de la calle Lincoln, en el pueblo costero de Las Cruces, a doscientos kilómetros de Santiago de Chile, donde vive Nicanor Parra, es fácil. Lo difícil es llegar a él”.

Parra, desde que se fue a vivir de Santiago a Las Cruces, ya no daba entrevistas y es una pena porque el humor y la ironía que caracterizaban su escritura eran aún más explosivos en vivo, en sus respuestas. En una parte del texto de Guerriero, Parra habla sobre su nieto:

“-¿Conoce Tierra del Fuego?

-He pasado por ahí. Con un nieto mío, el Cristóbal, el Tololo. Tiene dieciocho, diecinueve años. Es el autor de frases muy fenomenales. Lo primero que dijo fue ‘dadn’. Y después ‘diúc’. Y finalmente ‘bijuá’. Años después le dije: ‘Venga acá, usted me va a contar qué quiso decir con ‘dadn’ ‘. ‘Te voy a decir’, me dice. En ese tiempo yo estaba traduciendo El rey Lear y me paseaba de un lado a otro, y él estaba en su cuna, y yo recitaba El rey Lear: ‘I thought the king had more affected the Duke of Albany than Cornwall’. Y pensaba. ‘¿Cómo traduzco?’. Y él ahí pescó el ‘diúc’. Shakespeare. Y le digo: ‘¿Y el ‘dadn’?’. Y me dijo: ‘To be or not to be: that is the question’. That is: ‘dadn’. ‘¿Y bijuá?’, le pregunté. Y me dice: ‘Ah, eso ni idea’. Una vez la directora del colegio citó a una reunión urgente a su mamá. ¿Por qué? Porque pasaba lista y el Cristóbal no contestaba. Entonces le dijo: ‘Oiga, compadre, ¿por qué no contesta cuando paso lista?’. ‘No puedo porque yo ya no me llamo Cristóbal. Ahora me llamo Hamlet’. Pero un día él estaba aquí, y le digo: ‘Hamlet’. Y nada. Y entonces le digo: ‘Hamlet, hace rato que lo estoy llamando y usted no contesta’. Y me dice: ‘Yo ya no me llamo Hamlet. Ahora me llamo Laertes’. Desde esa época yo renuncié a la literatura y me dedico a anotar las frases de los niños”.

Ese nieto, el Cristóbal, el Tololo, el Hamlet, el Laertes, el 2012 recibió a nombre de su abuelo Nicanor Parra el Premio Cervantes 2011, el llamado Premio Noble de las Letras Hispanoamericanas, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá, España. Como amoroso abuelo le indica lo primero que tiene que leer: “Mi abuelo me ha encargado que pida prórroga de mínimo un año, para así poder perigüeñar un discurso medianamente plausible. El mismo dijo hace algunos años, he llegado a la siguiente conclusión: hay que hablar por escrito” y luego le manda a leer una serie de antipoemas.

Hay momentos así, en que no hay nada que decir, la realidad nos supera con su propio lenguaje. En su libro “Discursos de sobremesa”, Parra escribió: “Hay diferentes tipos de discursos / El discurso ideal / es el discurso que no dice nada / aunque parezca que lo dice todo”. ¿Qué se puede decir cuando todo una vida se la pasó escribiendo y diciendo cosas? Ya era bien sabido que a Parra no le gustaban los discursos, supongo que no esperaron uno los allí reunidos.

Yo, estos días, pienso mucho en el Tololo. Pienso que el Tololo está extrañando más que nadie al hombre de las manos grandes y fuertes, al hombre roca, al poeta Parra y que como yo no debe tener nada que decir ante tanto sentimiento, ante un hombre que sintió tanto durante tanto tiempo, 103 años.

Es posible que, como yo cuando se murió mi papá, quiera repetir este ruego que Parra escribió en un poema largo a su hermana Violeta después de que esta se suicidó: “Qué te cuesta mujer árbol florido / Álzate en cuerpo y alma del sepulcro / y has estallar las piedras con tu voz, Violeta Parra”.

Parra, qué te cuesta.

Las piedras con tu poesía, Nicanor Parra.

***

El 24 de enero, el día del entierro, en el periódico Opinión se ha dicho: “Se cumplió lo que Parra había solicitado años atrás a sus seres queridos: ser enterrado en el patio de su casa, con vista hacia Cartagena. Su tumba fue cubierta con el telar hecho por su madre, Clara Sandoval” y muchas flores, como se ve en las fotos.

 Productora y gestora cultural - albita35mm@gmail.com



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