Cochabamba, miércoles 26 de septiembre de 2018
[Nido Del Cuervo]

La biblioteca de Óscar Amalfitano

La autora propone un recorrido por el interior, intenso y misterioso, de Óscar Almafitano, uno de los misteriosos personajes del universo de 2666 del chileno Roberto Bolaño.
| Ana Cecilia Ballerstaedt | 14 ene 2018



Óscar Amalfitano, uno de los personajes de la novela 2666 del escritor chileno Roberto Bolaño, cuelga un libro de geometría en el patio de su casa, en el tendedero, junto a las ropas de él y de su hija Rosa. Día y noche, siempre que llega a su hogar, mira el libro. A momentos atento, a ratos distraído, de manera prolongada o fugaz. Mientras reposa en el sillón escucha palabras extrañas, gente que le habla, personas que cree conocer pero que no recuerda, cuyas voces resultan ininteligibles, borradas por el tiempo, como si él, Óscar Amalfitano, padeciera de una amnesia irreversible y exasperante.

Los meses pasan y Óscar observa el libro que pende como una vestimenta más en el cordel de su patio. El título aún es legible: “Testamento Geométrico”. No lo recuerda, sólo lo mira; como si verlo abriera una posibilidad, una esperanza de hacer de aquel objeto algo más que un objeto, un elemento conocido, no un artefacto sino una personalidad. Y entonces mira y espera, paciente. El viento hojea con rapidez las páginas del “Testamento Geométrico” y bambolea a su paso las ramas de los árboles del jardín. Los rescoldos de la brisa refrescan el rostro de Óscar Amalfitano, el ya entrado en años profesor de filosofía de la universidad mexicana de Santa Teresa.

Óscar todavía recuerda la llegada del libro, sin aviso acaecida, entre las cajas de la casa, guardado junto con otros textos de su misma complexión. Apretujado entre el cartón y otros ejemplares hizo su célebre aparición el “Testamento Geométrico”. Al leer el título en el lomo, Óscar simplemente no lo reconoció. Extrañado, trató, una y otra vez, de recordar. Intentó hilvanar momentos, memorias, sucesos, emociones, lecturas; todo sin éxito. Excluido de cualquier esfera familiar, el libro fue tachado por el maestro como extranjero, invasor en su tan conocida y leída biblioteca.

Relegado de sus congéneres, al “Testamento Geométrico” no se le permite ingresar dentro del anaquel donde reposan los otros libros sino que es trasladado sin demasiado preámbulo hasta el patio, donde se sostendrá gracias a la corporeidad de un cordel y un par de ganchos. La descabellada idea es seguida por una interrogante que asalta e intercepta el pensamiento de Óscar: ¿será que él, como buen seguidor y admirador del filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein, alguna vez se ha preguntado si su mano es en realidad una mano? Un leve movimiento de cabeza denota un asentimiento, un sí rotundo y seco, una respuesta cerrada y sin explicaciones.

Probablemente Óscar no crea que el “Testamento Geométrico” sea un libro, o, mejor aún, duda de que sea su libro y quizá no de que sea un libro. La amnesia de Óscar aleja al libro de toda posibilidad fraterna o íntima, lo excluye de su juego bibliófilo lector y lo califica o determina como no integrante del grupo. Así, dicho libro no sería propiamente y en sentido estricto un libro, al menos no de la rama de las preferencias de Amalfitano. La desmemoria marginaliza al libro y lo inserta dentro de una realidad extraña a su sentido convencional de uso dentro de la cotidianidad de Óscar Amalfitano, quien no sabe qué hacer con un libro de geometría, y más allá de inventarle un uso adopta una manera de abordarlo, esto es, tendiéndolo a la intemperie.

La exclusión del libro es entonces la creación de un nuevo sistema libresco, la posibilidad de jugar con su utilidad. Óscar manipula las posibilidades de un libro, presente en su casa como propio, su libro, que, sin embargo, no es reconocido como tal, pero que, de todos modos, está allí. Como una despersonalización del propio cuerpo, al preguntarse si su mano sea en realidad una mano, Óscar lleva a cabo un ejercicio análogo y explora potencialidades que van más allá del sentido subjetivo y visceral de una pertenencia: ya no como mi (o su) libro, sino tan sólo como un libro. Dicha operación parece despertar en Óscar cierto deseo de apropiación afectiva respecto de aquel elemento que se le presenta en parte como ajeno, en cuanto irreconocible (olvidado), pero también familiar debido a su presencia, inexplicable para Óscar, dentro de su propia casa.

Filósofa - acballerstaedt@gmail.com





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