Cochabamba, miércoles 26 de septiembre de 2018

¿Brújula?

Nuestro columnista recorre el país, sus carreteras, su gente, sus voces e intenta retratarlo. Detallando sus impresiones, Rodríguez se arriesga a una sutil reflexión. Este es el resultado.
| Mauricio Rodríguez Medrano | 14 ene 2018

Carlos Decker Molina me regaló un libro. Yo le pedí el favor de que me enviara dos. Al final sólo fue uno. Pero necesitaba un correo postal. Pedí ayuda. Nadie en La Paz tenía uno. O al menos nadie que conociera en La Paz tenía uno. ECOBOL (Empresa de Correos de Bolivia) está en extinción. Me ayudó Homero Carvalho.

El único problema: él vive en Santa Cruz. La única solución: la madre de mi novia se casaba en vísperas de año nuevo, en esa ciudad, así que iba a visitarla y de paso recoger el libro. ¿Su título? Brújula, de Mathias Enard.

En la terminal de El Alto una señora me dijo: “Fácil es llegar, pero es difícil volver”. Se refería al pueblo de Chimoré. Me dijo que vivía allí hace diez años y que trabajaba en cocales. Tenía toda la dentadura llena de puentes de oro. Me dijo: «Santa Cruz es el futuro».

La carretera Oruro-La Paz era diferente a cuando viajé hace diez años. Los pueblos estaban llenos de comercios, sobre todo en Patacamaya. Había minibuses que se dirigían a Tambo Quemado. En mí se apoderó una sensación contradictoria: ¿Evo Morales acaso no era todo lo maligno? ¿Éste es el verdadero pueblo al que se refiere cuando habla en sus discursos? ¿Bolivia no estaba dirigiéndose a ser otra Venezuela?

La carretera Cochabamba-Santa Cruz era más próspera. Desde Villa Tunari en adelante los pueblos habían crecido mucho. Hace diez años había más vegetación. Ahora, todo lo contrario: cada pueblo tenía un motel para camioneros y también había bancos que antes solo podías encontrar en las capitales.

Yo leía Anatomía de un instante, de Javier Cercas. La trama es ésta: se narra sobre el golpe militar del 23 de febrero de 1981, suceso clave de la transición democrática que estuvo a punto de regresar a España a la época de las cavernas. El personaje principal es el expresidente Adolfo Suárez que cuando ingresaron los militares, en vez de esconderse de las balas, decidió seguir en pie.

En algún momento, dice Javier Cercas, Adolfo Suárez era un político hecho y derecho y uno de ese talante jamás querrá abandonar el poder. Pensé en Evo Morales o en el gesto que es. Por fin pude comprender su postura frente a la reelección. Comprender no significa aceptar.

Llegué a Santa Cruz. El taxista me decía: “Acá no hay megaobras y el cruceño no tiene memoria, sigue votando por unos líderes que no hacen nada”. Pensé que en La Paz sucedía lo mismo.

La noche después de año nuevo llovió y no paró hasta el mediodía del día siguiente. Hablé con Homero para recoger el libro. Tomé un taxi en plena lluvia para ir hacia el centro. Las calles estaban inundadas. El taxi me dejó en medio de la nada. Recorrí cuatro cuadras a la izquierda y no encontré el café donde debía estar Homero. Pregunté a un hombre. No conocía el café. Caminé cuatro cuadras a la derecha y, entre la lluvia, encontré a Homero. Me esperaba con su esposa.

Tomamos un taxi. Hablamos de literatura. De la movida en Santa Cruz. Me dijo: “Jesús Urzagasti antes de morir decía que el peor mal que se hacía a la literatura en La Paz era tener una carrera de Literatura”. Hablamos del premio Goncourt. Me dijo que ese premio estaba dotado de 10 euros y que lo importante era pertenecer a esa biblioteca. Le dije: “Hay escritores que escriben para ganar premios, pero creo que la literatura no es eso, es algo más”.

Recogí el libro. En Santa Cruz llovió y murieron 3 personas. Algunas páginas de Brújula se mojaron y volví a La Paz abrazando a mi novia, con la sensación de haber perdido algo en el camino.

Escritor y periodista - zion186@hotmail.com



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