Cochabamba, lunes 23 de julio de 2018

¿Cómo iniciar el año sin la presión de las tareas pendientes?

Reflexión franca. Como brindar y comer uvas, preocuparse por todos esos propósitos sin cumplir, recientes y acumulados, se ha vuelto una tradición de Año Nuevo, manchando de estrés y culpa lo que debería ser un momento de energía renovada. Esta nota explica que la postergación reiterada de las metas propuestas puede ser un indicio de que en verdad no eran deseadas.
TEXTOS. Miguel Espeche, lanacion.com.ar /// FOTOs. THEBALANCE.COM, IQUITMONDAY.ORG /// | | 07 ene 2018



Llega fin de año y la celebración de siempre se hace presente, con los brindis, los deseos de prosperidad y las comilonas tradicionales. Sin embargo, varios trasfondos no demasiado tenidos en cuenta habitan la festividad. Uno de ellos es la certeza de que ese nuevo año, aún nonato, no viene libre y rozagante, sino que carga sobre sus espaldas varios "karmas" que influyen en él y lo envejecen antes de tiempo.

Una parte de ese karma es, otra vez, la lista de cuestiones pendientes

(proyectos, obligaciones, decisiones) que tantas personas traen de arrastre, y que está allí, larga y pesada, acechan- do como deuda que pasará a engordar la agenda del 2018. Sabemos que la celebración de final del ciclo es usada tradicionalmente como un momento de balance. Allí se ponderan logros y tropiezos en diversas áreas, que van desde lo laboral y económico hasta lo afectivo y espiritual.

Aquello que "faltó hacer", según ese balance, suele influir en el ánimo, generando culpa y pesadumbre, sobre todo cuando se presta más atención al "debe" que a los logros que durante el mismo año se han tenido.

Lamentablemente, todavía vive y goza de buena salud aquella falsa idea que dice que al señalarse sólo los yerros o faltantes las cosas mejorarán. La realidad demuestra que eso no es verdad.

Hoy en día los consultorios de psicoterapia atienden a un gran número de personas que sufren la sensación de que "nada alcanza" para satisfacer imperativos a veces autoimpuestos. La queja es que siempre falta algo y no se da abasto, por lo que se terminan postergando cuestiones que quedan allí, en el limbo de lo adeudado.

¿Cuál es la causa por la que dejamos para el final la dieta para adelgazar, pintar la sala, visitar al dentista, tomar un café con aquel viejo amigo, y tantas cosas que aparentemente son importantes y deseables, que emergen cuando la burbujeante copa se eleva y se mira al horizonte del nuevo año?

Vale explorar la "revolucionaria" posibilidad de que aquello que dejamos para "después" sea, de una u otra forma, algo que realmente no nece- sitamos tanto como creemos y que gran parte de los temas postergados sean cosas que, lisa y llanamente, no tenemos ganas de hacer, al menos por ahora.

Será interesante explorar la validez de ese "no tener ganas", en vez de pelearse con ello, sintiendo la misma culpa que se sentía antaño cuando

lo pecaminoso perseguía a todos con su dedo admonitorio.

¿ES TAN MALO POSTERGAR?

La palabra procrastinación es la que signa (negativamente, por cierto) esa tendencia a dejar para mañana

(o para el año que viene) lo que "deberíamos" haber hecho lo antes posible. Empezar un curso, casarse, separarse, ser más eficaces en el trabajo, leer más, comer más verduras, enamorarse, empezar yoga, visitar a los tíos, comprarse un perro, viajar... tantas cosas quedan en el tintero sin plasmarse a la hora de evaluar el año que pasó, tantas que abruman.

Sin desconocer lo negativo de ciertas postergaciones de cuestiones importantes (un chequeo médico imprescindible, por ejemplo), digamos que es válido no disparar contra la postergación de las cosas sin antes preguntar: "¿Quién vive?".

Es importante salir en defensa de algunas postergaciones, sobre todo si entendemos que suelen ser un sinceramiento que sirve para entender el verdadero mapa de lo que somos.

Estamos tan acostumbrados a vivir "teniendo que" hacer las cosas (más que "queriendo" hacerlas), que hasta lo que se dice anhelar sabe a obligación. Mientras el "tengo que" genera agobio, cansancio y sensación de que nos quitan la energía, el "quiero" retroalimenta el tono vital, en clave de entusiasmo (...). La innovación permanente, la exigencia de ser "singular", el no quedarse atrás en la competencia, la obligación de maximizar ganancias hasta el infinito, la incomprensible mala prensa que tiene la "zona de confort" (una zona tan grata y útil, por cierto), entre otras cuestiones, son parte del escenario que describe muy bien el artículo y que tanto se ve en la realidad cotidiana.

Estas exigencias calladamente transparentan un sordo "talibanismo" que castiga lo que no sea seguir una agenda destinada a la "eficacia total". Se ve allí una nueva inquisición con buenos modales, que percibe como pecaminosa la siesta, el dejar fluir ciertas cosas con espontaneidad,

el gozar lo que se tiene y lo que se es, percibiendo como flojera la ausencia de "hambre" para ganarlo todo y mirando con malos ojos el deseo de simplemente "estar", bendiciendo solamente el "avanzar", "vencer" o "acumular" en las cuestiones de la vida. Así las cosas, no hay agenda que pueda cumplirse, dado que lo que "falta" para satisfacer tantos requisitos es algo parecido al infinito. En esa pretensión, la dimensión de lo faltante es inconmensurable y, si para sentir satisfacción hay que llegar al infinito, se entiende la angustia.

Una sugerencia en tal sentido es utilizar la situación para un sinceramiento: ¿realmente es deseable eso que quedó para el final de listado de cosas que se habían planificado?

El deseo entusiasma y hasta ofrece energías para sufrir algunos avatares en el camino (un maratonista sufre el cansancio, pero le vale porque desea llegar a su meta). En cambio, el sentimiento que surge de lo que quedó pendiente es presión, agobio, culpa... todo, menos entusiasmo genuino.

Será bueno que el nuevo año sea depositario de sueños y deseos, y no de viejas deudas y angustias. La procrastrinación puede no ser tan mala, por cierto, sobre todo cuando la entendemos y no solo la enjuiciamos, condenándola al lugar de la neurosis, sin preguntarle qué nos quiere decir.



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