Cochabamba, domingo 18 de noviembre de 2018

Lecturas sutiles Dos formas de escoger pareja

| Carmen Rosa Barrón Torrico | 07 ene 2018

El encuentro que se da entre dos personas que podrán formar una pareja generalmente es difícil de explicar, pues cuando las personas comienzan a elegirse es porque hay algo que les atrae y punto. Pero, más allá de la atracción, ¿cómo es que elegimos con quién compartir nuestro tiempo, nuestro amor, nuestra vida?

Básicamente, como nos dice el psicólogo Marcelo Ceberio (2017), existen dos formas de escoger a nuestra pareja, una es por necesidad y la otra por deseo. Vayamos viendo las diferencias y lo que implica cada tipo de elección.

Cuando escogemos a nuestra pareja por necesidad, lo hacemos para no estar solos. En este sentido, podemos ver que en nuestro contexto existen muchas creencias relacionadas con la soledad, creencias que tienen matices un tanto negativos, pues la soledad se asocia con el hecho de no ser querido, estar aislado, rechazado, privado, triste, y para muchos la soledad es causa de la depresión y amargura. Por lo mencionado anteriormente, está claro que nadie quiere vivir en un estado de soledad.

Además, es nuestro mismo entorno social el que nos lo recuerda todo el tiempo, cuando menciona con preocupación que uno todavía no se ha casado, no tiene pareja o no tiene hijos, comparando situaciones y causando mayor malestar en la persona que está “sola”.

De esta manera, la necesidad de tener una pareja hará que la persona la elija de manera rápida y sin discriminar entre las opciones que puedan presentarse, puesto que solamente se está eligiendo para llenar un vacío. La persona que elige desde su necesidad generalmente tendrá la tendencia de ver en el otro únicamente virtudes, negando casi por completo los defectos que pudiesen existir, pues está eligiendo para cubrir sus carencias.

Este tipo de elección podría llevar a la persona a convertirse en dependiente de la relación, aceptando todo tipo de maltrato o humillación.

Por el otro lado, está la elección de pareja por deseo. Esto tiene que ver, en primera instancia, con asumir otro concepto de soledad, para comprender a la misma como un tiempo en el que uno está bien consigo mismo, un tiempo de disfrute y un espacio personal valioso que hará que la persona se cuestione seriamente con quién quisiera compartirlo. Al ser una decisión tan importante, es más probable que la elección sea más objetiva y selectiva. En este caso, la persona podrá ver en el otro virtudes y defectos, podrá verse a sí misma y podrá ver al otro de manera real.

Entonces, el elegir por deseo a nuestra pareja será una elección madura y libre, puesto que se escoge sin prisa, y no para no estar solo, sino para compartir de manera plena nuestra vida con otra persona.

Es importante, también, no caer en un extremo de esta otra forma de elegir pareja, y concebir a la soledad como un estado permanente, ya que que uno podría volverse totalmente selectivo y desarrollar un complejo emocional relacionado con el temor a las relaciones, donde al final no logre construir nada con nadie.

Para terminar, estamos invitados a repensar sobre los esquemas mentales que hemos construido sobre la soledad, y estamos también invitados a elegir una pareja con quien compartir nuestra vida, nuestro tiempo y nuestro amor desde el deseo, desde la libertad y por supuesto sin prisas.



NOTA: Para cualquier consulta o comentario, puede contactarse con Claudia Méndez Del Carpio, responsable de la columna, al correo claudiamen@hotmail.com. Visítenos en Facebook: LECTURAS SUTILES.



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