Cochabamba, viernes 19 de enero de 2018
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Chau chau, 2017

| *El Papirri | 07 ene 2018

Se acabó el 2017, un año inolvidable, de reencuentro con la patria, retorno a la música, al escenario, año de cosecha musical, de abrazos intensos con amigos entrañables. Acaba mi programa de televisión Bien le cascaremos, que resultó ser un espacio querido, un ancla dinámica. Fueron 40 sábados ajetreados en el estudio central de ATB de Miraflores, dedicados a creadores de música popular. 40 artistas de diferentes géneros difundieron su obra y compartieron 40 canciones de mi autoría. Hubo momentos tensos, tocábamos en vivo, a veces no daba tiempo de ensayar. Mandábamos partituras por mail, audios por WhatsApp. Llegábamos de aviones directo al set y sus luces amenazantes. Agradezco a todos los músicos participantes, a su talento y buena voluntad. Si hay buenas gentes en este mundo, son estos creadores de música, artistas que no están viendo el reloj para ensayar. Llevaban sus baterías y percusiones, amplificadores de bajo, teclados varios para compartir -esos sí-, buena música, aquella que no se escucha en los canales normales. Queda agradecer a Jimy Iturri por la decisión de apoyarnos, a Sergio Calero por la realización en set, a Alejandro Morales, hábil sonidista contratado especialmente para los shows, a los camarógrafos y maquilladoras de ATB, a Carlitos Mamani por el apoyo en producción y edición de las cápsulas de 15 minutos dedicadas a artistas de otras áreas. Pasaron 40 artistas bolivianos de otras especialidades por nuestro programa, pintores, coreógrafos, cineastas, literatos, gente de teatro, cantores líricos, actores, talentos que dedican su vida a expresar su obsesión estética dejando de lado intereses por las cosas mundanas. Un agradecimiento a todos ellos que nos recibieron en sus casas y espacios de trabajo mostrando generosamente su oficio. Hemos tratado de visibilizar el trabajo de estos artistas bolivianos tan poco valorados y que son patrimonio viviente de nuestro país. Ha sido insuficiente. Pero algo es algo, dijo una vieja mirando a su galán.

Me quedo con la emoción de enero latiendo en mi alma, cuando aparecí en el palco ofishal de Alasita cantándole a mi Ekekito. Álvaro García y Lucho Revilla, amigos míos de antes, ahora vicepresidente y alcalde, respectivamente, aplaudían y bailaban esta bendita canción, unidos en la mística de esta poderosa festividad.

Me quedo entrando al escenario en marzo, Teatro 16 de Julio, con las caritas felices de mi público en las butacas, con su amor intacto y su aguante al Papirri. Me quedo con los ensayos obsesivos, con entrevistas entrañables, con la metafísica popular renaciendo en todos lados, con el saice de abril en Tarija, con el Illimani y sus cinco estados de ánimo al atardecer, con la humedad llena de substancia en Santa Cruz, con los jóvenes músicos de la Llajta dándome el aguante en el Achá. Fueron 23 conciertos por Bolivia, 12 diferentes unos de otros, no creo se pueda repetir esta maravilla.

Me quedo con tu cintura galopándome, con tus labios derritiendo mis tensiones, con la carcajada de mi hermano cuando le dije: “Soy jurado electoral”; con las zapatillas de bailarina de siete añitos de mi nieta Joaquina. Me quedo con la Bolivia solidaria y sonriente de Samaipata. Me quedo con Octavia cantando la canción “Qué tal metal” en la verbena juliana, ante 100 mil personas. Me quedo con tus ojos de niña admirada, con tus pezones tolerantes, con tus puntitas aladas, con las tablas sagradas del Teatro Municipal y su olor a cera inmemorial. Me quedo con la hinchada del Tigre haciendo tronar el Teatro Mariscal de Sucre, con sus tambores y banderas. Me quedo con mi Sopocachi denso, con mis planeadas en teleférico, con Emma y David en el Teatro Nuna, con mi comadre Sabina bañando a su nietito de una semana. Me quedo con el comandante Mamani, gran portero del edificio, que dijo la mejor metafísica del año: “El futuro ya no es como antes”.

Me quedo con la mirada de Llojeta desde la tumba de mis padres, con la alegría de recibir tres reconocimientos perdurables. Me quedo con el último abrazo lazo de Viglietti, con la ternura de Matilde cantando “El fueguito” en mi ventanal. Me quedo con tu sabiduría tranquila, con tu pasito de patito feroz, con las tortas de mi cumpleaños triple, con los solos del Grillo en “El Kusillo”, con la sonrisa de llokallita moko tendido de Evo presidente cantando mis canciones en Vallegrande.

Todo envejece muy rápido, todo pasa a raudales, pero hoy el tiempo se detiene en tus pestañas de niña durmiendo, en tu sorpresivo ronquido de osito. Solo queda galopar el milagro de un año nuevito, llenarlo de vida y amor, y agradecer a los espíritus superiores que nos dan la oportunidad de respirar. No cuenten conmigo para el odio y los enfrentamientos. A esta altura de la muerte, solo nos resta seguir sumando, alimentar de sorbos el privilegio de vivir, besarte suave en la frente, acariciar tus dolores, valorar, agradecer, bendecir esta campiña tarijeña del frente. Bienvenido 2018. Te poblaremos de amor.

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*El Papirri, personaje de la Pérez, también es el cantautor paceño Manuel Monroy Chazarreta.

Músico - papirri@hotmail.com



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