Cochabamba, miércoles 17 de octubre de 2018

De amores, muertes y dioses

Ofrecemos un acercamiento minucioso y concreto al primer volumen de cuentos del escritor cochabambino Luis Carlos Sanabria, editado el año anterior por 3600.
| Álvaro Vásquez | 07 ene 2018



Al terminar la lectura de Deus ex machina (Editorial 3600, 2017), de Luis Carlos Sanabria, buscando traducir el título obtenía “dios de la máquina” o algo así, y no hallaba justificada su elección.

Sin embargo, luego descubrí que esta expresión se originó en el teatro griego y romano, y alude a la utilización de una grúa (machina) o de cualquier otro medio mecánico, que desde fuera del escenario introducía a un actor que interpretaba a una deidad (deus) para resolver una situación o dar un giro a la trama (gracias Wikipedia). Además, la enciclopedia virtual añade que actualmente la expresión es utilizada para referirse a un elemento externo que resuelve una historia sin seguir su lógica interna.

Así, queda justificada la elección del título del cuento que da nombre al libro. Sin embargo, esa atractiva idea de crear un elemento externo que de sentido al texto no parece ser transversal al resto de los textos. Es decir, que simplemente –como es usual en libros de cuentos– parece haberse elegido el título de un cuento para nominar al libro. No parece mal en absoluto, dado que es un nombre que llama la atención y representa al texto más extenso del volumen.

¿Cuál es, entonces, el hilo conductor de estos cuentos? Si no es ese demiurgo externo al que hace referencia el título, se necesita una lectura más atenta para encontrar el factor de unidad de estos textos. Rodrigo Urquiola, en el comentario de la contratapa, dice que los personajes son seres hechos de preguntas quizá por siempre inalcanzables, y quizá esa incertidumbre que encarna en preguntas sea el factor común a los relatos.

¿Cuáles son los temas que originan esas incertidumbres? ¿Dios (dado el título), acaso la trilogía heredada de Rulfo de vida/amor/muerte o algún otro?

Hay dos temas recurrentes en la mayoría de los cuentos de este libro: La muerte y el amor. La muerte, ya sea de manera protagónica o simplemente como referencia, se encuentra presente en nueve de los quince cuentos, y en nueve también figura el amor, o más bien, la relación amorosa entre hombre y mujer; no el típico y trillado amor romántico, sino más bien la relación de pareja que puede ser platónica, realista, angustiante y hasta insoportable.

Otro tema presente en siete cuentos, y que podría pasar desapercibido dado que no es muy usual de encontrar, es la presencia de una figura paterna o materna que influye en el desarrollo de los textos. Figura en siete cuentos.

Finalmente, en la tercera parte de los cuentos tienen un rol protagónico la figura divina y el reino onírico. Todos los cuentos incluyen en su trama al menos uno de los tópicos mencionados.

Acaso sean reflejo de las inquietudes que normalmente tienen (tenemos) las personas (¿el autor?) en su diario vivir.

Parecería que los quince cuentos que componen el libro figuran en el orden en que fueron escritos, o quizá de a poco se va tomando gusto al estilo del autor, no lo sé; pero lo cierto es que la segunda parte del libro me gustó más que la primera. (¡Ah, sí! Se extraña un índice que ayude a ubicarse).

Los cuentos mejor logrados, para mi gusto: “Epílogo”, “Viejos enemigos”, “El índice”, “Sobre labios y fauces” (del que osadamente diré que hubiera querido que se titule “El baile del beso”), “Lugar común” (escrito en clave cinematográfica, muy bueno), y “No hermano, no es obsesión”, quizá porque se enfoca en un tema con el que tengo cierta fijación: los olores.

“Deux ex machina” es un cuento muy bien trabajado (se diría incluso bien documentado), que se sirve de un recurso que me hizo recordar a “Las ruinas circulares” de Borges y a El mundo de Sofía de Jostein Gaarder.

Mención aparte para “Sueño del taparaku”, que me dejó en boca un agradable sabor a momentos ya pasados que espero tener la oportunidad de rememorar con el autor.

Felicitaciones a “Luis K” (como le gusta hacerse llamar) por su debut oficial en narrativa.

Escritor





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