Cochabamba, sábado 20 de enero de 2018
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Averno, una construcción mítica de la noche

El próximo 11 de enero se estrenará en salas del país la película Averno, la cinta más reciente del director paceño Marcos Loayza. A continuación, proponemos unas ideas sobre la película y una conversación con el cineasta.
| Luis Carlos Sanabria | 07 ene 2018



El 11 de enero llegará a las salas de cine del país Averno, la última película del cineasta Marcos Loayza, que narra un paseo místico y mítico a través de la noche paceña y sus recovecos.

Se trata de una cinta en la que la noche, aquella que inspiró al vate de la poesía boliviana por excelencia, Jaime Saenz, y que alimentó al malditismo romántico paceño, muestra su rostro escondido al no iniciado en sus ritos.

Una noche mítica, poblada de seres fantásticos que se mueven en espacios legendarios para el imaginario social, como bares cuyo nombre resuena en la boca de muchos pero que nadie sabe ubicarlo a ciencia cierta. Leyendas urbanas, cuya existencia no puede ser probada ni negada.

Por esos lugares transitará el joven lustrabotas Tupah, protagonista de la cinta, quien emprenderá una aventura en busca de su tío, al estilo de los grandes relatos épicos: desde Orfeo en busca de Eurídice, Odiseo encontrando a su madre en el Hades, o Dante, acompañado de Virgilio, en busca de Beatríz.

En esa aventura también cobrarán vida el Anchancho, el Lari lari y el Kusillo, además de otros seres de la mitología andina y de las leyendas urbanas, proponiendo al espectador un amalgama sincrético de la tradición mítica clásica, la cosmovisión andina y el imaginario popular urbano.

De cara a este estreno, conversamos con Marcos Loayza (Cuestión de fe, 1995), experimentado realizador y exponente referencial del cine boliviano, quién respondió a nuestras preguntas, mostrando cierta reserva para que la expectativa entre el público sea mayor.

P. ¿Puede describirnos un poco la película?

R. Bueno, es una película de viaje, de aventuras, una road movie que sigue el desplazamiento de un personaje, que se llama Tupah, un lustrabotas que atraviesa la noche paceña.

P. Este recorrido a través de la noche paceña, y teniendo una referencia al infierno en el título, tiene algo dantesco. ¿Se proyecta como una reinterpretación o lectura de La divina comedia?

R. Bueno, es una película mítica, y como tal tiene varias referencias al descenso a los infiernos, o al descenso al Hades, al reino de los muertos, que está en La Odisea, está en La divina comedia y está en varios relatos de tipo mítico, principalmente griegos, en los que el héroe se enfrenta a esos recorridos en un mundo subterráneo y desconocido.

P. Entiendo que, durante el recorrido, el personaje se encuentra con distintos seres de leyendas urbanas paceñas o de la mitología andina. ¿Hay algún intento de juntar estas tradiciones mitológicas en un solo relato?

R. Más que hacer una ética con este relato y las posibilidades épicas, yo simplemente quiero abrir una puerta mitológica.

El relato tiene un tono en clave mítica que abre una pequeña puerta de todo un universo, para entrar en él durante 90 minutos. No es mi intención armar todo un relato con estos elementos míticos. Para hacerlo se necesitarían mil películas.

P. ¿Por qué la noche paceña?

R. Pasa que, en general, en los Andes, la ceremonia y la fiesta están presentes. Parte de las posibilidades de cambiar de Pacha es, entre otras, a través del alcohol y de la noche. Son puertas que se manejan de manera tradicional y elijemos una de ellas: la noche.

Esto es fundamental en la cinta, pues creo que La Paz es muy diferente durante el día a la ciudad que se manifiesta durante la noche. Son dos ciudades totalmente diferentes, en esa última es donde ocurren cosas y, como dije, se abren puertas.

P. ¿Tiene alguna relación con la tendencia de la narrativa boliviana de los años 80 que a partir de Jaime Saenz se centró mucho en lo místico de la noche?

R. Sí, tiene referencias a varios escritores de la literatura boliviana como Jaime Saenz, Víctor Hugo Viscarra, René Bascopé y, de alguna manera, Humberto Quino.

Estos plantean la noche como una manera de luz. Ante una sociedad nocturna, en época de la dictadura, plantean la noche como un lugar de libertad.

P. ¿Y en estos tiempos cómo se interpretaría la noche? ¿Ha cambiado o se mantiene como una posibilidad de día ante una realidad oscura?

R. Yo creo que eso, y también los mitos, van mutando por los años según los ojos de los habitantes de los distintos tiempos.

Yo creo que sí quedan cosas de esta manera de ver en el presente. Siguen existiendo los prestes, siguen existiendo lugares míticos, siguen existiendo bares en la ciudad con nombres de subsuelo: Averno, Socavón, Bocaisapo. Es una tradición que se mantiene casi atemporal.

P. ¿Cómo ha sido el trabajo? ¿Qué tiempo ha tomado la filmación, la producción?

R. Bueno, ha tomado como unos dos años.

Pero la idea de rodar Averno surge entre 2005 y 2006, cuando realizaba otra película (El Estado de las cosas, 2007). Para ese trabajo hice muchas entrevistas sobre Bolivia. Conversé con un especialista del pensamiento andino, quien tenía mucha información sobre el tema. A partir de ahí nació la necesidad de investigar el Mankapacha, que en la lógica aymara viene a ser el mundo de abajo, que no necesariamente es el infierno como lo conocemos.

La filmación de Averno se concluyó en seis o siete semanas de trabajo intenso, rodando en las noches casi todas las escenas, y construyendo escenarios.

Hemos ido paso a paso, poco a poco, trabajando con un equipo de más o menos 500 personas.

P. La película se estrena este 11 de enero. ¿Qué encontrará el público que asista a las salas de cine?

R. Nosotros estamos emocionados.

La película no la ha visto prácticamente nadie, y yo creo que será una cinta que sí va a entretener a los espectadores.

Esperamos que después de verla tenga una resonancia en el público. Que la gente salga pensando en ciertas cosas, ya que la cinta tiene muchísimas posibilidades de lectura.

P. Dentro de estas posibilidades de lectura, ¿hay algún tema que usted encuentre más transversal a lo largo de toda la narración?

R. Yo creo que hay varios. Está el tema de la identidad nacional, el tema de lo andino, el tema del héroe, el tema del alcohol. También está lo místico.

P. Hablando de lo místico, en una de las fotografías que se dieron a conocer de la filmación existe, si no me equivoco, una recreación del Tata Santiago, ¿Es así?

R. Sí, hay una recreación del Tata Santiago y de Illapa (deidad andina del trueno y que controla el clima, emparentada con Santiago como parte de la evangelización católica).

Son personajes que habitan ese mundo nocturno, van gravitando en la identidad de Tupah.

P. ¿Hay en esto alguna intención de dualidad o sincretismo?

R. Sí, es algo que se busca. Yo creo que el tema de identidad siempre se ha tratado en términos de blanco y negro: colonia - anticolonia, pobreza - riqueza, colonizador - colonizado, y lo que proponemos es una lectura de matices que espero nos ayude a los bolivianos a vernos mejor.

Escritor – Twitter @luisca_sl

FICHA TÉCNICA

Dirección: Marcos Loayza

1er Asistente de Dirección: Alejandro Loayza Grisi

2do Asistente de Dirección: Iverint López

Directora de Casting: Patricia García

Producción: Santiago Loayza Grisi

Jefe de Producción: Álvaro Manzano

Dirección de Fotografía: Nelson Wainstein

Foto Fija y Making Off Semana 1 y 2: Juan Pablo Richter

Foto Fija y Making Off Semana 3, 4, 5 y 6: Ignacio Loayza

Dirección de Arte: Abel Bellido

ACTORES

Paolo Vargas (Tupah)

Adolfo Paco (Tío Jacinto)

Marcelo Bazán (Joviero)

Lia Michel “Tica” (La ñata)

Percy Jiménez (Cancio)

Toto Torrez (oficinista)

Chubi González (Humberto)

Fred Nuñez (Minotauro)

Leonel Franchese (Presentador)

Miguel Estellano (Don Jaime)

Sidney Sanchez (Judhit)

Freddy Chipana (Anchancho)

Alejandro Marañón (Lari lari)

Luigi Antezana (Benigno)

Bernardo Rosado (Guardian)

Roswita Huber (Dama del averno)

Miguel Vargas (Gordo)





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