Cochabamba, sábado 20 de enero de 2018
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El centenario de Óscar Soria

El autor recuerda a una de las figuras más emblemáticas del cine boliviano, pero no solo en un ejercicio nostálgico y devocional, sino como un llamado urgente a revalorizar el legado de aquellos que dejaron su impronta en nuestras
| Claudio Sánchez | 31 dic 2017

Si hay un nombre en toda la historia del cine boliviano que se asocia directamente a la escritura de guiones, ese es el de Óscar Soria. Referencia ineludible a la hora de pensar en las historias de nuestra cinematografía. Es el personaje más importante, esencialmente, porque su vida atraviesa los períodos históricos más relevantes del pasado siglo XX.

“Cacho”, como lo llamaban en círculos íntimos, cumpliría en diciembre de 2017 la tan mentada edad de 100 años. Es su centenario, motivo suficiente para volver a él y su obra. Nacido en la ciudad de La Paz un 28 de diciembre, se sabe que desde sus años en la escuela gustó de la escritura y que sus primeros relatos corresponden a aquellos tiempos. Participó de la Guerra del Chaco, que enfrentó a bolivianos con paraguayos entre los años 1932 y 1935 y esta fue una de sus primeras vetas de inspiración, aunque con los años no sería la única ni la más prolífica. Todavía estaba por venir el momento más trascendental de la historia nacional del siglo XX: la revolución de abril.

“Soria se considera un producto de la Revolución de 1952, cree también que (Jorge) Sanjinés y (Antonio) Eguino lo son. La eclosión popular de esos años transformó sus perspectivas y su visión y responsabilidad ante la sociedad.” Esta afirmación, hecha por Carlos Mesa en Notas Críticas N°51, publicación editada por Cinemateca Boliviana en 1984, permite hacer un primer acercamiento a la obra de Soria. Tantos sus cuentos, como los argumentos que escribiría después del 52 ya no se desprenderán de la cuestión social, y reflexionarán sobre los nuevos actores de la sociedad boliviana: los mineros, campesinos y posteriormente las nuevas clases urbanas.

Su relación con el cine tiene origen en 1953, cuando uno de sus cuentos da origen al argumento del cortometraje Los que nunca fueron, producido en Ecuador para la Organización Mundial de la Salud (OMS). La película fue realizada por Jorge Ruíz y Augusto Roca. Desde entonces, empezaría a transitar los momentos más interesantes de la cinematografía: la etapa del nacionalismo revolucionario, junto con Ruíz, el cine urgente de Jorge Sanjinés y el cine posible de Eguino, además de su posterior relación de trabajo y amistad con Paolo Agazzi a finales de los años setenta y a lo largo de la década del ochenta.

Óscar Soria fue guionista de Jorge Ruíz, Hugo Roncal, Jorge Sanjinés, Antonio Eguino y Paolo Agazzi. Además, colaboró con Danielle Caillet. Más de treinta películas entre corto, medio y largometrajes llevan su firma, no sólo es sorprendente el número de producciones en las que participa sino también la profundidad de los temas que aborda y la sensibilidad con la que lo hace.

A “Cacho” Soria el cine boliviano le debe el guión de Ukamau (1966) opera prima de Sanjinés, quien luego de su estadía en Chile como estudiante hizo en Bolivia algunos cortometrajes que ya mostraban su capacidad y talento. Dos de los más importantes de los años previos a esta cinta emblemática son Aysa (1965) y por supuesto la tan impresionante Revolución (1963), ambos cuentan también con la participación de Soria.

Así como sucedió con Sanjinés, del mismo modo lo hizo con Eguino, cuando escribió el guión de su primera película Pueblo chico (1974) y con Paolo Agazzi y Mi socio (1982) el primer largometraje de su carrera.

Más allá de la frialdad de los números y datos, las valoraciones críticas a su obra en conjunto son todavía escasas, faltan estudios más profundos sobre el aporte al guión en Bolivia por parte de Soria. Es posible que la mayor contribución en este sentido la haya hecho Carlos Mesa con su estudio monográfico publicado en Notas Críticas N° 51 que editom la Cinemateca Boliviana en 1984. Es también importante el capítulo que dedica Alfonso Gumucio en su libro La historia del cine en Bolivia (1982), bajo el título de “Sanjinés+Soria=Revolución”.

Bolivia necesita nutrir cada vez más las referencias bibliográficas sobre sus actores culturales. El caso de Soria y su relación con el cine, podrían tener un parangón con el oficio de guionista que realizó el paraguayo Augusto Roa Bastos, cuyas adaptaciones de textos a la pantalla grande, como también argumentos escritos específicamente para el cine forman parte del legado cultural de ambos escritores.

El centenario del nacimiento de Óscar Soria, que se celebra el próximo 28 de diciembre, exige volver a pensar qué estamos haciendo en beneficio de la cultura cinematográfica boliviana, es una vez más una excusa para volver a poner en el tapete la cuestión fundamental de la gran lucha de la investigación y la crítica especializada en el país, la urgencia de contar con un fondo editorial de origen público que pueda contribuir al gran propósito de solidificar las bases del cine en todos los eslabones de su cadena productiva.

En días pasados se ha dado un paso importante hacia esta tan urgente soberanía nacional intelectual, aquella que exige seguir nutriendo de referencias nuestras culturas en sus más amplios sentidos, la reciente inauguración de la Imprenta del Estado Plurinacional debería permitir que el Ministerio de Culturas pueda brindar mejores condiciones para publicaciones especializadas en las diferentes disciplinas artísticas, y una de ellas –sin duda– es la cuestión cinematográfica.

Crítico e investigador de cine - mardecine@gmail.com





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