Cochabamba, viernes 19 de enero de 2018
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El cannabis sirve como analgésico y para el cáncer, pero aún es ilegal

| JORGE HURTADO | 10 dic 2017

El cannabis sativa (marihuana) es una planta milenaria que se utiliza en Asia con fines rituales y medicinales. En nuestro país, en los últimos años se ha incrementado su uso, de manera informal, porque la planta sigue siendo ilegal.

Se lo utiliza como un analgésico general, por ejemplo, en pacientes que reciben tratamiento con quimioterapia para luchar contra el cáncer.

La quimioterapia deja demasiadas manifestaciones desagradables en el organismo: náuseas, vómitos y dolores en el cuerpo. Se ha visto que el uso de esta planta alivia, en forma importante, estos síntomas. De ahí que en España haya un grupo llamado Ágata, que ha logrado que las autoridades autoricen la siembra de una cantidad limitada de plantas (de marihuana) para paliar los efectos de la quimioterapia en mujeres con cáncer.

En Bolivia se usa en forma ilegal los productos del cannabis sativa.

Algunas personas nos han referido que utilizan el cannabis en casos de glaucoma, que es una enfermedad en el ojo por una falla en el drenaje. Con la marihuana medicinal se mejora los síntomas de esta afección.

Otro efecto médico del cannabis se observa en el asma, pero que requiere de la vaporización para el suministro de la dosis.

Se ha visto que dilata los bronquios y mejora la ventilación pulmonar.

Este producto se utiliza también para combatir el insomnio, porque actúa mejor que otros fármacos, los cuales no funcionan o tienen efectos colaterales, especialmente al día siguiente, debido a que la persona siente malestar. En cambio, el Cannabis no conlleva secuelas.

Estos aspectos que menciono son los más conocidos en el país y en el exterior, donde el uso medicinal ya es legal.

En el país sí conozco casos de personas que utilizan el cannabis para tratar enfermedades, pero repito que lo hacen sin indicación médica, porque no se puede prescribir al ser una planta prohibida por las Naciones Unidas.

Sí sabemos que hay un uso voluntario por parte de algunas personas, quienes han encontrado una alternativa, pero sin prescripción médica todavía.

En el país hay personas que manejan de manera casera productos de cannabis sativa, pero lo más indicado sería contar con una normativa para que tengan un estatus legal.

Porque la ilegalidad implica una elevación en el precio de estos productos, no solamente en el caso del cannabis, sino en el de los fármacos en general. Está ocasionando varios problemas.

La restricción, cada vez mayor en determinados medicamentos, ha dado lugar al surgimiento de un mercado negro, que hace que pacientes que tienen recetas legales recurran al mercado ilegal para conseguir los fármacos, porque no los obtienen en las farmacias establecidas.

En mi caso, como médico, aconsejaría el uso del cannabis para algunas enfermedades, porque el uso empírico y la observación casual que podemos hacer sobre este aspecto nos ha demostrado que el cannabis en particular tiene efectos beneficiosos para la salud, sin los efectos colaterales de las medicinas químicas legalmente autorizadas. El problema es que no existe una normativa, un canal legal, un uso científico legal para su utilización o investigación.

Sabemos que hay iniciativas de personas particulares que impulsan la fabricación de aceite, gotas o ungüentos de cannabis.

Si se pregunta a algún médico sobre qué efectos negativos tiene el uso del cannabis, ninguno podrá responder, porque no hay ninguna información al respecto.

La marihuana, pese a la prohibición abusiva que ha tenido durante mucho tiempo, es una de las plantas más estudiadas.

Para la legalización del cannabis en Estados Unidos, Europa y países de Sudamérica se requirieron de gran cantidad de estudios científicos y médicos.



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