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Dientes blancos

Sobre la novela de 1999 de la escritora inglesa Zadie Smith.
| Mauricio Rodríguez Medrano | 10 dic 2017



“Por alguna razón, hoy toda pequeñez parece tener una importancia incalculable, y cuando de alguna cosa se dice que no tiene importancia suena a blasfemia. Nunca se sabe —¿cómo lo diría yo?— cuál de nuestros actos, cuál de nuestras omisiones tendrá alguna importancia” (E.M. Forster, Donde los ángeles no se aventuran).



Zadie Smith se cambió el nombre para que sea más exótico (la S la reemplazó por Z y a la vez se hizo escritora). Nació en 1975 y vio caer el muro de Berlín. Es inglesa, pero su madre es jamaicana. Su padre es fotógrafo. En 1997, empezó a escribir su primera novela. Y lo hizo demasiado bien. En 2000, después de presentar algunos capítulos en algunas revistas, publicó Dientes blancos.

Dientes blancos es una novela atípica frente a la seriedad de McEwan o la tradición inglesa (digamos Shakespeare en su estilo más trágico). Dientes blancos es una novela llena de humor (y reflexión). Es, más o menos, una fábula sobre la época actual.

Trata de dos familias, una inglesa con un hombre que se casa con una mujer negra y exmormona (su madre espera el fin del mundo cada fin de año); la otra, una familia hindú, con un padre de familia que quiere ser un musulmán ortodoxo, pero engaña a su mujer con la profesora de sus hijos gemelos (¡la profesora se llama Poppy!).

Lo importante de Zadie Smith es el tono que da a la novela: un tono cómico y hasta a momentos, satírico.

Empieza así: «Primera hora de la mañana, último cuarto del siglo, avenida Cricklewood. A las seis y veintisiete del 1 de enero de 1975, Alfred Archibald Jones se encontraba de bruces sobre el volante de un familiar Cavalier Musketeer inundado de dióxido de carbono, vestido de pana y confiando en que no fuera muy severo el juicio que le aguardaba».

Archibald Jones está por suicidarse, pero un carnicero musulmán lo impedirá porque se estacionó en el lugar donde el camión de carne debe descargar las reses. Ese mismo día conocerá a su gran amor: Clara (que es negra), que tiene unas piernas hermosas y no tiene toda la dentadura de arriba.

Es Año Nuevo.

Archibald Jones tiene un mejor amigo llamado Iqbal. Lo conoció en la Segunda Guerra Mundial, cuando se quedaron solos en un tanque que se averió. Su amistad perdurará y sus hijos heredarán un pasado tórrido y lleno de fracasos.

A esto hay que sumarle que los hijos gemelos de Iqbal se hacen extremistas. Uno, abogado profuturo y tecnología, y el otro un musulmán que lo único que quiere es destruir a los infieles.

Iqbal tiene una esposa que le hace violencia psicológica.

Zadie Smith es seguidora de Mark Twain, sobre todo en la concepción de que el ser humano tiene el humor como arma única para afrontar a la realidad que aplasta. Arma que permite que además exista la novela, porque la novela es pura ambivalencia (nótese eso con el Quijote y Sancho Panza, que no pueden estar separados).

Zadie Smith también tiene mucho de Faulkner al analizar la maldición de las familias. Ella tiene una respuesta: el pasado está demás (lo mismo sucede con Inglaterra, parece decirnos: su pasado es tan fuerte, que no permite que los ciudadanos miren un futuro con esperanza).

Periodista - zion186@hotmail.com



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