Cochabamba, miércoles 21 de febrero de 2018

 El Ministerio de Educación y las artes

| *El Papirri | 10 dic 2017

¿Para qué sirve el arte? ¿Y los artistas? ¿Dónde estamos en el actual momento histórico los que nos dedicamos al arte? ¿Es importante formar artistas? ¿Hay que gastar plata en el arte? ¿Para qué? ¿Es gasto o inversión? El asunto es que siguen naciendo artistas en Bolivia. Es inevitable. Miles de jóvenes bolivianos estudian arte, quieren ser profesionales en diferentes especialidades, cada vez hay más guitarristas, directores de cine, literatos, pintores, fotógrafos, bailarines clásicos y folklóricos, coreógrafos. Siguen naciendo directores de teatro, novelistas, cellistas, editores, camarógrafos profesionales, guionistas. Un ideólogo indigenista me decía que la palabra artista no existe en las cosmovisiones originarias, todos somos artistas en nuestras comunidades, decía, todos tocamos tarkas, bailamos kullawada y cocinamos también. No hace falta artistas, me decía esta autoridad originaria que, creo, es más mestizo que yo. Es posible que esta filosofía mande ahora en el Ministerio de Culturas, cada vez más lejano de los artistas y más cerca de las motos. 

Es el Ministerio de Educación de Bolivia el ámbito donde actualmente se valora esta profesión de fenómenos, de raros, de rebeldes, allí fueron a parar el Conservatorio de música y sus notables docentes actuales, las escuelas de bellas artes y sus pintores, las escuelas de Ballet con sus diferentes tendencias, las pocas escuelas de Teatro. Menos mal que el actual Ministro de Educación, Roberto Aguilar, tiene sensibilidad artística, sabe que el arte es memoria, identidad, imagen/país, historia, ética, espiritualidad, estética, patrimonio; valores que el desarrollismo no considera. En la gestión del Ministro Aguilar se ha creado un equipo reducido de técnicos de Formación artística comandado por Verónica Armaza que con gran esfuerzo ha logrado consolidar algunas licenciaturas y técnicos superiores en el país. Yo estudie aaaños en el Conservatorio, horas de horas dándole al instrumento, tratando de entender sinfonías y corales, aquellos directores formados en el eurocentrismo siempre cambiaban el pensum y volvíamos a empezar, querían que todos seamos como Segovia. Al final nunca nos reconocieron académicamente nada, pese a tantos años de estudio. Luego pasé a ser docente de la misma institución dictando por 13 años clases en el Conservatorio. Tengo ex alumnos que ahora son artistas celebres del escenario, la sinfónica, la composición y la docencia. Sin embargo tampoco se reconoció este trabajo silencioso, realizado mediante contratos mañudos temporales de febrero a diciembre que no aportan jubilación alguna. A muchos artistas y docentes bolivianos de arte nos pasó esto.

Es verdad. Los grandes artistas no fueron formados en academias, más bien en talleres que coordinan maestros de arte con una gran dosis de trabajo autodidacta guiado. Pero es importante en este mundo de títulos, diplomados y maestrías un reconocimiento aunque sea simbólico a este trabajo simbólico con el que tenemos que mantener simbólicamente nuestros hogares. Nosotros no tenemos tierras, ni otros negocios, movilidades, minibuses, radios, al arte “nomas” nos dedicamos.

Por todo esto deseo resaltar el compromiso del Ministerio de Educación y de este equipo de técnicos que han logrado ocuparse del arte en estos años mediante la Ley 070 de Educación Avelino Siñañi/ Elizardo Pérez, para reconocer, jerarquizar y promover la formación superior artística en todo el país. Gracias a este trabajo sabemos que hay alrededor de 5.000 jóvenes bolivianos estudiando arte a nivel profesional (pese a la oposición de los padres, en la mayoría de los casos), en 29 instituciones públicas de formación artística y que ahora sí les darán un título. El 49 por ciento de estas instituciones están dedicadas a la música, el 26 por ciento a las artes plásticas, el 15 por ciento a la danza, el 2 por ciento a las artes visuales, el 8 por ciento al teatro (esto al margen de los estudiantes de literatura de la UMSA). No todos los jóvenes bolivianos quieren ser ingeñeros o abogados, pues.

Deseamos también agradecer a este Ministerio la creación del Título de Maestro de las Artes mediante la Resolución Ministerial Nro. 427/2014 del 12 de junio de 2014 que reconoce a personalidades bolivianas de las artes y letras, reconocimiento por su trayectoria artística y de docencia. Alrededor de 100 artistas bolivianos han sido reconocidos con este Diploma, maestros de las artes plásticas como Enrique Arnal, Gil Imana, Gustavo Lara, Remy Daza, Lorgio Vaca, cineastas como Jorge Sanjinez, Antonio Eguino, Alfonso Gumucio, maestros de danza como Manuel Acosta, Melo Tomsich, maestros de la música como Atiliano Auza, Matilde Cazasola, Ernesto Cavour, Alberto Villalpando, Luis Rico, Fernando Arduz, Hugo Monzón, directores de Teatro como David Mondacca, David Santalla, Hugo Pozo, Guido Arce son algunos de los reconocidos, artistas de corazón y oficio que se las juegan día a día en esta dura realidad que subraya otras prioridades o sencillamente niega esta profesión.

El martes 21 de noviembre de 2017 recibimos de manos del Viceministro de Educación Superior Eduardo Cortez el Título de Maestro de la Artes: la bailarina y coreógrafa Mónica Camacho, el gran Director de Orquesta y Coros Ramiro Soriano, el arreglista, docente y pianista Eynar Guillen, el notable quenista Marcelo Peña y este servidor que atónito y con emoción escolar recibió su diploma. Luego el equipo del Ministerio se va por el país a entregar este título a artistas de otras regiones del país que han sido incluidos en esta nominación 2017. Mil gracias al Ministerio de Educación por el reconocimiento a los artistas bolivianos, por el solemne acto y la medalla labrada en nuestros corazones.

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*El Papirri, personaje de la Pérez, también es el cantautor paceño Manuel Monroy Chazarreta.

Músico - papirri@hotmail.com





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