Cochabamba, lunes 18 de diciembre de 2017
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Stranger Things, segunda temporada

Medrano tienta una lectura sobre el último fenómeno televisivo que ha conquistado al público y la crítica. Hace un repaso por un listado de series de gran popularidad para concluir que sólo una ocupa el podio. ¿
| Mauricio Rodríguez Medrano | 03 dic 2017



Breaking Bad fue el punto de inflexión para las series de televisión (Twin Peaks también, pero no hablaré de esa serie). Se exploraron a los personajes y se permitió que cada capítulo fuese diferente. Es necesario decir, que hasta esa época (2008) se repetía la fórmula tradicional: cada capítulo era similar al anterior. Incluso Dr. House, la serie más vista por esas épocas, seguía esa receta: problema-característica-crecimiento del problema-solución por parte del protagonista.

Pero Breaking Bad era atípico. El personaje menos importante a veces era decisivo para que la trama siguiera su cauce. Hasta el título de cada capítulo era un guiño a la literatura o al cómic. Por ejemplo: “Ozymandias”. Por ejemplo: Fly.

Y ni qué decir del personaje principal: el bueno que se hacía malo (una suerte de maldición Corleone) y que el espectador podía entender el porqué de cada acción que tomaba.

Después de Breaking Bad hubo un auge en las series de televisión y hubo una apuesta: Netflix. Ya no necesitas esperar cada semana para ver un episodio nuevo, el servicio de series de televisión por internet te entrega toda la nueva temporada para que la veas en un día.

Y HBO sobrevive con Game of Thrones (que no es la mejor serie de televisión de todos los tiempos, sobre todo por las dos últimas temporadas).

Y FOX apuesta a los superhéroes (mejor le va en el cine).

Y Netflix apostó por Stranger Things.

Debo decir que la primera temporada fue algo así como un Breaking Bad ochentero, un respiro, algo nuevo, un punto de inflexión. Pero no se puede evaluar una serie de televisión sin ver las temporadas completas (uno de eso casos es House of Cards, que empezó bien, pero perdió el toque; o The Walking Dead que cada vez pierde más adeptos).

Stranger Things era un homenaje a Stephen King (desde la tipografía que utiliza para el título hasta los personajes que parecen sacados de It). Era un homenaje a las series clase B de los años ochenta y videojuegos. Pero, a la vez, algo nuevo: una serie que alentaba nuestros sentimientos de “que el pasado siempre fue mejor”.

La segunda temporada de Stranger Things otra vez apela a nuestros sentimientos. Hay guiños a los Ghostbusters y Karate Kid y demás películas de los años ochenta. Y la base de toda esta temporada es Alien (la versión de Ridley Scott). Además, está otra vez Stephen King de por medio. Pero hay un problema: regresa al clásico esquema de las series de televisión, antes de Breaking Bad.

Esta vez no por capítulo, sino por temporada: problema-característica-crecimiento del problema-solución por parte del protagonista.

Por eso los primeros capítulos empiezan lentos, se muestra el problema y luego el problema crece y al final hay una solución de por medio. No hay nada nuevo, es como que sólo se hubiera cambiado la carcasa al producto.

El otro problema es la previsibilidad. Por la rapidez a la hora de realizar el guión (vaya uno a saber qué cosas más), Stranger Things se convirtió en un producto de usar y tirar. No se aspira a más.

O tomas el riesgo o satisfaces al consumidor, en este caso Stranger Things decidió satisfacer al consumidor por todo lo que pidió después de finalizar la anterior temporada.

Breaking bad sigue en el podio. Y sabemos que una golondrina no hace el verano.

Periodista y escritor - zion186@hotmail.com



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