Cochabamba, lunes 18 de diciembre de 2017
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Antezana: “La ficción es una de las formas más radicales de jugar el juego de lo real”

Entrevista con el escritor Sebastián Antezana sobre Iluminación (Ed. El Cuervo), su reciente libro de cuentos.
| Sergio de la Zerda | 03 dic 2017



Un ya casi lugar común de la literatura señala que Julio Cortázar alguna vez dijo, apelando a terminología del box, que la novela siempre gana por puntos, mientras que el cuento lo hace por nocaut. Pero hay excepciones como Iluminación (Ed. El Cuervo), que se gana al lector mediante la contundencia de la precisión narrativa al tiempo que con una profundidad de mundos, personajes e historias que, de modo inverosímil, abarcan una cuantas páginas.

Siete relatos conforman el tercer libro de Sebastián Antezana Quiroga (México - Bolivia, 1982), quien se adentra en sombrías relaciones familiares, de pareja, introspectivas y hasta entre animales, para golpear los sentidos en cada párrafo. Por ello es que la reciente obra del Premio Nacional de Novela 2007 por La toma del manuscrito ha merecido altísimos elogios en su aún corto andar.

Estos, también de fuera del país, coronan un momento en verdad extraordinario de la literatura boliviana y varios de sus escritores y escritoras, que ganan o son finalistas en premios, que son traducidos y reeditados, y que con ello ponen en una renovada vitrina a nuestras letras.

Con el asimismo autor de El amor según (cuentos, Ed. El Cuervo, 2011), candidato doctoral de Estudios Romance en la Universidad de Cornell (EEUU) y uno de los editores del desaparecido suplemento cultural Fondo Negro, dialogó la RAMONA.



-Ya sea emparentado con el paso de un asteroide o con la tragedia misma, el amor parece ser invariablemente una catástrofe en varios relatos de Iluminación. ¿Cree que las relaciones humanas siempre acaban degenerándose?

En las relaciones humanas hay espacio para todo. Creo que mis cuentos juegan con la idea de que ellas, y especialmente ese núcleo reconcentrado que es la familia, son territorio natural de la experiencia emocional, de sus vacíos, de sus extremos, las instancias de definición en las que se juega la historia de las personas que las componen. La degeneración del vínculo es solo un resultado de los varios que tiene la ecuación familiar. Otros resultados, que creo que están también presentes en los cuentos, son la pasividad, la extrañeza, el rechazo y a veces la felicidad. Una felicidad que en ocasiones se alcanza por medios violentos, incluso crueles, pero que no por eso deja de ser felicidad.

-“Había comprendido todo, la realidad era un lugar doble, un espejo deformante incapaz de salvar a nadie”, dice uno de los personajes del cuento “La mujer del jinete”. El desencanto introspectivo con la realidad y las rutinas caracterizan también a sus historias. ¿Lo anterior forma parte de una visión suya sobre los tiempos actuales?

Por lo general trato de no usar mis cuentos como manifiesto sobre el presente. Pero sí creo que hay instancias de lo real que, en literatura, se develan como un juego descarnado, a veces dañino, a veces desbalanceado o idiota. La ficción es una de las formas más radicales de jugar el juego de lo real, y lo real puede ser un terreno que no ofrece salidas frente a su propia dinámica avasalladora –eso, sobre todo, si pensamos a la literatura como representación del sistema sociopolítico en que estamos insertos–. Pero, afortunadamente, la literatura es eso y también mucho más.

-Desde nuestra perspectiva, su prosa en este nuevo libro, sobre todo en el primer relato, “Proteo, cazador”, tiene la precisión de la fotografía. ¿Esto guarda alguna relación con la temática de su segunda novela, El amor según?

No creo encontrar demasiados ecos entre este libro y el anterior. A diferencia de El amor según, este libro no fue escrito como respuesta a nada ni pretendía saldar ninguna cuenta. Surgió, más bien, mediante un pausado y trabajado proceso de escritura motivado por diferentes estímulos todos de orden literario, y distintas experiencias de lenguaje que solo después, en el momento de la revisión y reescritura, encontraron una forma común. En ese proceso de escritura, el trabajo con la palabra y el ritmo fue quizás lo que me tomó más tiempo. Porque creo que la escritura no solo es un ejercicio de contar historias sino también –¿sobre todo?– de intervenir a fondo el lenguaje y de apuntar, así, a provocar o conmover o divertir al lector mediante esa intervención.

-“Obra mayor de la literatura boliviana”, ha dicho el expresidente Carlos Mesa sobre Iluminación. Claro, es difícil comentar un elogio así para el trabajo propio, pero, ¿cree al menos que está en el mejor de sus momentos como escritor?

Agradezco el comentario de Mesa y de las otras personas que han escrito críticas sobre Iluminación. Y agradezco sobre todo su lectura. Por un lado creo que con este nuevo libro me siento más a gusto que con mis libros anteriores. Pero por otro preferiría pensar que Iluminación es solo un escalón que me llevará a alcanzar el libro siguiente, que siempre se piensa –o por lo menos así lo pienso yo– como el mejor.

-Los logros de autoras bolivianas en el Premio García Márquez, elogiosas críticas de nuestra narrativa reciente en exterior, así como en Bolivia, y traducciones varias parecen caracterizar un punto alto en nuestras letras. ¿Hubo un hecho determinante para ello o es una feliz coincidencia colectiva?

Es difícil juzgar el momento presente debido a su inmediatez. Sin embargo, me animaría a decir que no hubo un solo hecho que haya provocado el buen estado del campo literario nacional –un campo literario, por otra parte, chiquito, desconocido, elitista y económicamente insostenible–, y ni siquiera me animaría a decir que, más allá de cuatro o cinco autores, este sea un momento literario particularmente destacado en Bolivia. Lo que sí creo es que la buena calidad de algunos de nuestros autores ha coincidido con un feliz momento de la comunicación, y por lo tanto se ha puesto en una vitrina especial una literatura boliviana que, por otra parte, siempre ha sido interesante.

-De igual modo, ¿podría ser coincidencia que buena parte de los más alabados autores estén publicando con El Cuervo?

Creo que Fernando Barrientos, director de la editorial, ha tenido el buen ojo de captar –¿seducir?– un grupo de autores importantes, tanto por el valor literario de sus libros como por su capacidad de resonancia. Así, El Cuervo, esa pequeña editorial independiente que ya tiene, si no recuerdo mal, ocho años, se ha transformado en un potente megáfono que anuncia alguna de la buena literatura actual producida en Bolivia. Coincidencia o no, yo le deseo siempre alas y buen viento.

-Varios medios impresos han achicado o hecho desaparecer sus suplementos culturales. ¿Cómo cree que puede sobrevivir el periodismo cultural? ¿Es inevitable el salto al digital?

Esta es una pregunta difícil y también un poco dolorosa. En parte porque yo dirigí por un tiempo un suplemento cultural pero, sobre todo, porque siempre he sido un lector de suplementos culturales. La respuesta es que no lo sé. Si el salto al formato digital se da de forma plena, espero que siempre haya lectores interesados en el periodismo pausado y la crítica. Creo que ese salto se terminará dando. Me da miedo pensar en no sentir el tacto del papel. Pero por otro lado eso no pasa en la industria libresca. Pese a años de amenaza el digital no le gana, todavía, la batalla al libro físico. En todo caso creo que esta es una pregunta que se debería plantear a los dueños de los periódicos. ¿Qué clase de periodismo quieren, señores? ¿Uno que trate y cuestione las manifestaciones culturales de su sociedad o uno que no las reconozca y las pase por alto?

-¿Cuáles sus planes futuros?

Hace ya muchos años que vengo trabajando de forma interrumpida, debido al trabajo y la vida que no dan pausa, en una nueva novela que será mi tercera. Es un trabajo ambicioso en el que se juntan historias que pertenecen a dos planos temporales, uno en el presente y otro en el futuro. La historia del presente es la de una joven pianista que vive con un cáncer terminal. La historia futura tiene que ver con una máquina contadora de historias que es capaz de viajar en el tiempo mediante la lectura química de la sangre enferma. Es una novela sobre música y enfermedad que espero terminar en los próximos años.

Periodista - mirandoelhumo@yahoo.com





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