Cochabamba, lunes 18 de diciembre de 2017
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Los crímenes de Charles Manson

El fin de la inocencia. El líder de la secta que asesinó a Sharon Tate y seis personas más en agosto de 1969 falleció hace unos días. Aunque su nombre está escrito en las páginas de la historia, su legad
TEXTOS.REDACCIÓN REVISTA ASÍ, VOX.COM, NYTIMES.COM, BBC.COM/// FOTOS. POPSUGAR.COM, NYTIMES.COM VOX.COM/// | | 26 nov 2017



Solo en los últimos dos meses, el mundo del espectáculo perdió a figuras como Della Reese (19 de noviembre) —cantante y actriz recordada por su rol de un ser divino en la serie televisiva “Tocados por un ángel”—, Malcolm Young (18 de noviembre) —guitarrista y cofundador de la banda de rock australiana AC/DC—, Robert Guillaume (24 de octubre) —la poderosa voz de Rafiki en El Rey León, entre muchos otros excelentes trabajos—, Tom Petty (2 de octubre) —el rockero que dejó himnos como “Into the great wide open”, “I Won´t Back Down” y “Free fallin’”—, Gordon Downie (17 de octubre) — el músico canadiense cuya muerte arrancó lágrimas al primer ministro de ese país, Justin Trudeau—, y David Cassidy (26 de noviembre), ídolo juvenil de los 70’s por su papel en la serie “La familia Partridge”.

Sin embargo, ninguna de estas partidas resonó tanto como la de Charles Manson —el líder de la secta que asesinó a la actriz Sharon Tate y otras seis personas— el pasado 19 de noviembre. ¿Por qué, incluso muerto, tal criminal suscita más fascinación y curiosidad que seres humanos que dejaron un legado de arte y tolerancia? La respuesta es obvia —morbo— no basta; se debe indagar en la historia personal de Manson y en el contexto social, cultural y político que le dio forma, para así intentar comprender el fenómeno cultural que desencadenó, para bien o mal.

INFANCIA TRISTE

Charles Manson nació el 12 de noviembre de 1934, en Ohio, Estados Unidos. Su madre, Kathleen Maddox, una adolescente de apenas 16 años, había escapado de un hogar opresivo y religioso de su infancia, solo para quedar embarazada y abandonada por su pareja. Poco después del alumbramiento, la joven volvió a casarse, con un hombre llamado William Manson, quien le daría su apellido al primogénito de Kathleen.

Según describe vox.com, Charles creció con parientes de su madre, en un ambiente que él mismo calificó como “descuidado y abusivo”. Para sus 13 años, ya había cometido varios delitos menores, incluyendo robo; y en 1949 comenzó a ser acusado de perpetrar violentos ataques sexuales contra otros niños. Finalmente, en 1952, fue transferido al Reformatorio Federal de Ohio; y tras un encierro de dos años, fue liberado y entregado a unos tíos que vivían en West Virginia.

Por un breve tiempo, Charles parecía haber encontrado calma y estabilidad.

Asistía a la iglesia, pasaba tiempo con su familia, y en 1955, se casó con Rosalie Willis, con quien se mudó a Los Ángeles. Pero, los viejos demonios de Charles permanecían latentes. Según sus biografías, fue durante este periodo que comenzó a estudiar religión fervorosamente, como una herramienta de control y manipulación de otras personas, particularmente, mujeres jóvenes.

Igualmente, reincidió en sus actividades criminales, hasta ser capturado y sentenciado a tres años de cárcel. Mientras, Rosalie dio luz al hijo de ambos, y, poco después, pidió el divorcio.

LOS TURBULENTOS 60’S

La siguiente fue una década turbia para Manson. Moviéndose entre la prisión, meses de libertad condicional, un fugaz matrimonio con una trabajadora sexual y lecciones de guitarra, Charles fantaseaba con la idea de alcanzar fama en Hollywood. Este sueño se agudizó con la irrupción de Los Beatles.

A la par, retomó sus estudios autodidactas del arte de la manipulación, leyendo libros sobre ingeniería social y cienciología y, durante su último encarcelamiento, consultando a otros presos sobre sus técnicas de coerción.

Cuando fue liberado, en 1967, un mundo nuevo lo esperaba. Los “hippies” estaban haciendo temblar los cimientos tradicionales de la sociedad; poniendo flores sobre las armas, gritando “paz y amor” en las calles, y refugiándose en pequeñas comunidades libres de restricciones y tabús.

Manson se introdujo de lleno en el movimiento —si lo hizo más por convencimiento que por conveniencia es difícil saber—, haciendo varios amigos, a quienes aprendería a utilizar a su antojo. La primera fue Mary Brunner, una joven de 23 años que le dio casa, comida y hasta un hijo, llamado Valentine.

Posiblemente autocomplacido por la efectividad de su oratoria, Manson inició una gira por California, reclutando más gente para su grupo, casi siempre mujeres, convenciéndolas de que debían seguirlo, dejando todo atrás.

NACE “LA FAMILIA”

Con un número notable de adeptos detrás de él, Manson decidió llamarlos La Familia, y se dedicó de lleno a buscar su “gran salto” a la industria de la música. Su habilidad de palabra llegó a conseguirle audiciones con agentes y productores establecidos, pero su nulo talento le cerró las puertas tan rápido como parecían abrirse. Fue en esta época, sin embargo, que se hizo amigo de Dennis Wilson, miembro de la popular banda The Beach Boys, quien acogió a Manson y su séquito en su casa, y aceptó financiar su primer álbum a cambio de favores sexuales de las mujeres del grupo. Este arreglo duró hasta agosto de 1968, cuando fueron echados de la casa de Wilson, tras lo cual, se mudaron a Spahn Movie Ranch.

Meses después, gracias a la ayuda de Wilson, Manson fue presentado a Terry Melcher, un reputado productor musical, quien se negó a darle un contrato discográfico. Sin embargo, en diciembre del ‘68, una canción compuesta por Manson fue lanzada como single de los Beach Boys, pero, para sorpresa de Charles, tenía otro título, ritmo y su nombre no aparecía en los créditos.

Para este punto, Manson estaba bordeando la locura. Estaba convencido de que Los Beatles se comunicaban con él a través de su música, convocándolo a iniciar una guerra racial, a la que llamó “Helter Skelter” (una canción del grupo británico). La furia que el rechazo de la industria detonó algo en él, algo terrible.

LOS ASESINATOS DE LA FAMILIA

Aunque el orden de los eventos aún sigue bajo análisis, la mayoría de las versiones coincide en que todo el horror empezó cuando Charles Manson se vio involucrado en dos hechos violentos, en el primer semestre de 1969: disparó a un traficante de drogas y, tras mantener cautivo a un amigo suyo por dinero, uno de sus seguidores, Bobby Beausoleil, mató al rehén. Manson creyó que eran buenas oportunidades para iniciar su revolución, por lo que, en la escena del segundo crímen, ordenó escribir “Cerdito político” y dibujar un símbolo del grupo Panteras Negras, a quienes odiaba, de modo que este fuera inculpado; lo que, según él, desencadenaría la violenta guerra racial.

Sin embargo, tras el posterior arresto de Beausoleil, Manson entró en pánico. Temeroso de que su adepto confesara todo, instruyó a miembros de la Familia que visiten la antigua casa de Terry Melcher y mataran a todos sus ocupantes, dejando las mismas pistas del anterior crimen, para timar a la Policía.

En ese entonces, dicha casa estaba siendo rentada al director de cine Roman Polanski y su esposa, la actriz Sharon Tate, quien estaba en el octavo mes de su primer embarazo. Manson sabía esto, pero no le importaba, solo quería vengarse de la élite de Hollywood que destruyó sus sueños de fama.

Así, el 9 de agosto de 1969, “la mano derecha” de Manson, Charles “Tex” Watson, condujo a Patricia Krenwinkel, Susan Atkins, and Linda Kasabian, tres mujeres miembros de La Familia a la casa en cuestión, donde procedieron a matar a todos los que se encontraban ahí: Tate (por consecuencia, a su bebé no nacido) y cuatro invitados a una reunión preparada por la actriz. Siguiendo las instrucciones, escribieron “Cerdo” en la puerta, con sangre, para implicar a las Panteras Negras.

La siguiente noche, llevados por el mismo Manson, las tres mujeres y dos seguidores más, llegaron a la residencia de Leno y Rosemary LaBianca, donde repitieron la masacre.

EPÍLOGO

Por mucho tiempo, los asesinatos de Tate y LaBianca fueron vinculados al ocultismo y satanismo. Lo cierto es que sus móviles fueron más políticos, motivados por el egoísmo y la cobardía de un hombre y sus delirios.

Condenado en 1971, Manson pasó el resto de su vida en la cárcel, lo que no evitó que siguiera emitiendo erráticas opiniones, mostrar violencia hacia oficiales penitenciarios, tatuarse una esvástica en la frente, comprometerse en matrimonio con una mujer de 26 años llamada Elaine Burton (no llegaron a casarse, ¡uf!) y, ante todo, disfrutar de la atención que tanto disfrutaba. ¿En paz? Quizá, pero que descanse, para siempre.

¿Y si...?

En 1967, tras varias condenas en la cárcel, llegó a pedir que lo dejaran ahí, pero su solicitud fue rechazada. Otra vez libre, en plena época hippie y con el apogeo de Los Beatles, fundó su “familia”. ¿Qué historia se contaría hoy si nunca hubiera salido?

¿Revolución?



Como muchos otros, Charles Manson quedó fascinado ante la filosofía de libertad y “amor libre” del movimiento hippie. Pero esta forma de vida, como bien apunta Karina Longworth, a menudo terminaba replicando la misma inequidad de género del patriarcado, dejando a las mujeres vulnerables a explotación sexual y manipulación ideológica, lo que Manson aprendió bien.

Inocencia terminada...

Los crímenes propiciados por Charles Manson calaron profundamente la sociedad norteamericana. La “fogata de paz y amor” fue abruptamente apagada por el terror de saber que ni la actriz más hermosa del planeta estaba a salvo de la violenta locura de una secta.





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