Cochabamba, domingo 17 de diciembre de 2017
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Lecturas sutiles ¿Cómo elegimos las mujeres a los hombres, antes y ahora?

| Claudia Sandra Palau | 26 nov 2017



Comúnmente suele creerse que en la época de las cavernas (cuevas) las hembras no elegían a su macho. Eran tomadas por los cabellos y luego sometidas. Pero hay versiones que dicen que esto no es lo que ocurría, hay dibujos que aparecen en las cuevas del paleolítico, en los que vemos a las figuras de perfil con los labios unidos y también hay abrazos.

Eran épocas de convivencia grupal se estima, que habitaban en el mismo lugar entre veinte y cincuenta personas, que se piensa que general- mente pertenecían a la misma familia.

Las hembras les daban acceso a algunos machos y restringían a otros. Esto ya nos introduce dentro de lo que se conoce como selección sexual.

Afirman no solo que las hembras tenían gustos por algunos machos, sino que su preferencia no se limitaba únicamente a las características físicas, como altura, tamaño, etc.

Para estos investigadores, las mujeres sentían atracción por aquellos machos que poseían más habilidades y cualidades, entre ellas se destaca la generosidad.

En esa época ellos eran los que salían a buscar alimentos, y esto representaba un esfuerzo terrible que iba desde arriesgar su vida (era bastante frecuente que no regresen, que fueran devorados por las fieras) o bien que vuelvan con las manos vacías. Por tal motivo, el macho generoso, ese capaz de compartir su alimento era el más requerido.

Otro punto a considerar es el de las habilidades, aquel que podía defender a su cría, el que sabía pelear, el protector. A menudo se confunde la figura de protector con proveedor, y sin embargo son posiciones bien diferentes.

En la actualidad el proveedor da lo que quiere, regala o entrega lo que le parece bien ofrecer, pero si esto lo trasladamos a la época de las cavernas, es mucho más que eso.

Por entonces, día a día se arriesgaba la vida ya sea para obtener alimento, para salvarse de ataques o de las inclemencias del tiempo. En este punto aparece algo que lo podríamos relacionar con la caballerosidad, se trata de ¿machos caballeros?

El macho que tenía tales condiciones, era aquel capaz de proteger o de poner a salvo a su cría y a su hembra de las fieras, de los derrumbes, diluvios y otros.

Sigmund Freud dice la mujer busca ser amada, más que amar. Se dirige a un hombre que le dé su amor.

¿Buscamos un proveedor de amor? Pero en los tiempos actuales, globalizados, momentos de sometimiento a la imagen que nos presenta el mercado, en los que la pertenencia en muchos casos, la otorgan las posesiones, no se busca generalmente la protección, sino más bien al proveedor.

El sujeto prisionero de los objetos, sostenido desde la posición de tener más, que la de ser, se engaña, pensando que adquiriendo nuevos elementos, cada vez más costosos y atractivos se obtiene seguridad o protección.

Entonces cabe la pregunta, ¿qué elegimos, cuando creemos que elegimos?

Seguramente el amor, que el capitalismo intenta reducirlo a un mero recurso material.

NOTA: Para cualquier consulta o comentario, contactarse con Claudia Méndez Del Carpio, Responsable de la columna, al correo claudiamen@hotmail.com Visítanos en Facebook : LECTURAS SUTILES





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