Cochabamba, lunes 18 de diciembre de 2017
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Con las vísceras al sol

El autor de la reseña ensaya un paralelismo de En el cuerpo una voz, con los aclamados documentales del documentalista Joshua Oppenheimer, The act of killing y The look of silence.
| Mijail Miranda Zapata | 26 nov 2017



En el cuerpo una voz es una novela hecha de varios cuentos que podrían sobrevivir por sí mismos, fuera de ella, pero jamás con la brutalidad y la claridad que alcanzan en esa mezcla de violencia y emotividad que propone Maximiliano Barrientos. Es también una composición de distintas voces, formas de narrar y hablar y mirar la catástrofe, las de antes, las de ahora y las que vendrán.

En esta diversidad es posible apreciar quizás la cualidad más estremecedora en la escritura de Barrientos, esa pureza con la que desgrana el lenguaje para propiciar escenarios que nunca parecen parte de una invención, sino una verdad cortada por la mitad, con las vísceras expuestas al sol. Esta realidad, en algunos pasajes de En el cuerpo una voz, provocan la sensación de estar frente a un documental, un intento por reconstruir la historia a partir de testimonios reales.

Aunque ya sea un lugar común calificar la obra de Barrientos como “cinematográfica”, es inevitable recordar, a través de varias páginas del libro, los documentales The act of killing y The look of silence, del estadounidense Joshua Oppenheimer.

En la primera, acaso la que más similitudes guarda con la obra de Barrientos, un grupo de sicarios retirados, ligados a la histórica y vergonzosa dictadura indonesia, relata cómo realizaban sus matanzas y ejecuciones en los tiempos en los que limpiaban su país del comunismo. Pero este no es un montaje en el que el protagonista sea el morbo de la crónica roja, sino que se exploran intersticios de la condición humana en los que no queda más que mirar el espejo y cuestionarnos si nosotros no podríamos ser los próximos genocidas.

Una sensación similar es la que provoca En el cuerpo una voz. El recorrido por una distopía en la que el país se ha quebrado definitivamente y un fraccionamiento aún más atroz ha desolado el oriente boliviano, se transforma así no solo en un recuento de daños, sino en una peculiar forma de encarar la supervivencia con cierta esperanza, siempre desde el dolor y la desconfianza, especialmente con uno mismo.

The look of silence es la secuela a la opera prima de Oppenheimer y en su construcción del desastre en los pies de los derrotados, del perdón, del olvido, de la reinvención de la memoria para sobrellevar la tragedia, tiene también puntos en común con el último trabajo de Barrientos. Porque la novela es la impresión de las miradas y los recuerdos de los que tuvieron de frente las expresiones más decadentes, salvajes y puras del espíritu humano. Esas que sólo aparecen en el seno mismo del apocalipsis, ese que día a día se reproduce en decenas de territorios alrededor del mundo.

Más allá de las referencias geográficas En el cuerpo una voz se extiende alrededor del orbe y puede encontrar su punto de anclaje en los sitios más recónditos y olvidados. Es por eso que cualquier lectura ociosa y adormilada que pretenda asociar directamente este volumen a la historia nacional o, peor aún, a la coyuntura política actual, caerá en un depropósito descomunal y en el desperdicio de una de las propuestas literarias más interesantes del 2017 en Bolivia.

Esa universalidad en el relato de Barrientos demuestra que quizás estemos ante su novela más lograda, alejada ya de esas narraciones de corte intimista, de un fuerte tufo docuficcional. El escritor cruceño ensaya con un tono más ambicioso y lo hace bien y nos obliga a aguardar con cierta ansía su próximo trabajo.

Periodista - @mijail_kbx



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