Cochabamba, lunes 18 de diciembre de 2017
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Cooperativa belga produce hongos y minimiza el impacto ecológico

| | 20 nov 2017



La cooperativa "Le Champignon de Bruxelles" (El Champiñón de Bruselas), creada por tres jóvenes recién graduados, muestra que las ciudades también son un buen lugar para producir alimentos.

La iniciativa, que lleva tres años de vida, "reutiliza espacios urbanos inutilizados", ya que la producción de champiñón no necesita luz ni suelo de cultivo, a lo que se suma "una gran rentabilidad por metro cuadrado", ya que se pueden apilar las plantaciones en estanterías. El proyecto ocupa solo 750 metros cuadrados de unas cavas construidas en el siglo XIX para dar cobijo al mercado de animales en el Matadero, en 1890, y en el que, ya en los años 30, se creó un centro de cultivo de champiñones.

La cooperativa recicla los residuos de una famosa cervecería bruselense, Cantillon, y de otras "brasseries" (cervecerías) locales, que minimizan el impacto ecológico del cultivo con el objetivo de contribuir a la economía circular. "Se trata de un subproducto que se desperdicia en las ciudades, toneladas de materia orgánica que se tiran. Aquí, transformamos esta materia orgánica en un producto que tiene un valor nutritivo súper interesante", apunta el economista Hadrien Velge.

"Es de cultivo, pero es bio y natural, hay que tener en cuenta que si consumiéramos solo champiñones salvajes perjudicaríamos a la naturaleza porque son necesarios para los ecosistemas", defiende el impulsor del proyecto.

Una vez se genera el sustrato de cerveza, se plantan las semillas, que la cooperativa adquiere en un laboratorio de Gante, se meten en sacos de plástico, a 22 grados y en un lugar sin luz, seco, y ahí se "incuban" los champiñones.

El conjunto del proceso dura tres meses. Cuando se recogen las setas y se almacenan en cajas, con destino a tiendas de producción ecológica o restaurantes belgas.

La champiñonera nació gracias al apoyo público, a los microcréditos y a una campaña de "crowdfunding"(financiación colectiva), pero todavía no es rentable.

"Por ahora producimos 1.2 toneladas de champiñones por mes. Nos gustaría llegar a 2.6 para poder ser rentables", explica Velge a EFE.

La "shitake", es una especie de hongo, de alto consumo en Asia, donde se venera por sus supuestas propiedades antitumorales. "No hace falta inventar recetas exóticas para cocinarlo, basta con laminarlos a la plancha ", sostiene Velge.

La champiñonera belga también produce ya "nameko", una variedad de champiñón más viscosa y muy consumida en Japón, esencial para combatir las infecciones, y "maitake", de color gris, con una forma similar a la del coral, utilizada en la medicina china desde hace siglos.





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