Cochabamba, lunes 18 de diciembre de 2017
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Para los padres: ¿Qué hacer cuando un niño está deprimido?

Estar pendientes. Para muchos papás no es fácil reconocer que sus hijos están deprimidos. Pero, si la tristeza persiste, hay que consultar con un especialista para valorar la necesidad de aplicar un tratamiento médico.<
TEXTOS. David Schwarz /// fotOS. Silvia MarksDPAb/// | | 19 nov 2017



MÁS COMÚN DE LO QUE PARECE

Todo comenzó hace tres años: primero Laura estaba triste más seguido

que antes. Con el tiempo la falta de ganas y el desánimo se fueron volviendo permanentes. En un momento, esta adolescente de 15 años ya no encontraba motivación para nada.

“Durante mucho tiempo no quise

aceptar ayuda profesional, pero en un momento llegué a un punto en el

que me di cuenta que no podía seguir así”, recuerda. Hoy día recibe tratamiento contra la depresión.

Sin embargo, esta enfermedad sigue cargando con un estigma. Y pocos

saben que los niños también pueden sufrirla. Laura cuenta que hay gente que no le cree que está deprimida

y le dice que lo aparenta para llamar la atención.

Aunque no sea un dato conocido,

la depresión se encuentra entre las

enfermedades psíquicas más frecuentes en niños y adolescentes.

En menores en edad escolar, la incidencia es menor al 2 por ciento . Entre los 12 y 17 años, ya afecta a entre 3 y 10 por ciento de los adolescentes. Pero ¿cómo pueden saber los padres si su hijo está atravesando una tristeza pasajera o está deprimido?

Los psicólogos señalan que en los niños la depresión se manifiesta

cuando se vuelven retraídos, ya no tienen ganas de juntarse con sus

amigos, les empieza a ir mal en la escuela, tienen la sensación de valer poco y todo les cuesta.

En muchos casos, para los niños es además difícil nombrar o describir

sus miedos o depresiones. Los casos difieren según la edad.

Sin embargo, cuando síntomas como la tristeza, la falta de ganas o la ligera irritabilidad perduran durante más de dos semanas y no hay un motivo externo, se recomienda visitar a un especialista.

En primer lugar, los padres deben mantener la calma, informarse y

dejarse asesorar. Luego deberían hablar tranquilamente y en profundidad con su hijo para que les cuente sus problemas. Es importante que los padres demuestren voluntad de ayudar y comprensión hacia la situación. Laura dice que, al principio, su familia no la entendía, pero que luego todos se mostraron comprensivos.

Los padres no deberían esperar demasiado para acudir a un experto. Un problema frecuente es que estos esperan que el desánimo de su hijo se le pase de un día para el otro. Pero decirle solo “ya va a pasar” no sirve de nada.

Si se reconoce la enfermedad, se la puede tratar. Laura va al psicólogo dos veces por semana y, además, acude pasado un día a musicoterapia. Asegura que el tratamiento le ayudó bastante. Está mejor de ánimo y se siente más motivada.

En casos extremos puede ser necesaria una internación, aunque el suministro de psicofármacos en niños y adolescentes se decide rara vez.

Sin embargo, ninguna internación debería ser decidida pasando por encima del niño. Es necesario hablar abiertamente y explicarle que estará mejor. Un buen acompañamiento es explicarle al adolescente cómo es una sesión de terapia o que toda la familia lo acompañe a la consulta.

El objetivo más importante de la terapia es fortalecer los recursos del niño. Se enseña a los pacientes a deshacerse de malos pensamientos y modificar la situación que lo sobrecarga. También es necesario trabajar sobre el entorno: la familia debe estar fuerte

para ayudarle.

Los familiares deberían evaluar también recibir ayuda profesional si se sienten sobrepasados por el problema y no saben qué hacer.

CONSEJOS PARA SUPERARLA

ANA RAMOS

Bajo la supervisión del especialista, los padres podrán intervenir para potenciar el tratamiento y poner las bases para que el niño supere su estado.

Las premisas de la intervención familiar están centradas en la canalización de todo lo positivo que hay en el niño. Se podría trabajarse estos aspectos:

a) Armonía en casa: Las buenas relaciones en la familia deben ser lo habitual, los desacuerdos deben tratarse adecuadamente, y nunca delante de los niños. Si queremos en el niño equilibrio emocional, la familia debe tener equilibrio emocional.

b) Control de emociones: Ser capaz de enfrentar correctamente las situaciones que le causan malestar. Los padres pueden ayudarlo no dándole nada que pida llorando o gritando, acostumbrándolo a pedir perdón, contar hasta 10 y otras herramientas relacionadas con habilidades sociales.

c) Fomentar la autoestima: Es fundamental trabajar su autoestima para que adquiera una imagen de sí mismo adecuada, animarlo a realizar alguna actividad en la que sea diestro, fomen- tar el elogio, evitar las críticas irónicas y las comparaciones.

Terapia apoyo

Cuesta mucho a los padres detectar la depresión en sus hijos, es por ello que la información es fundamental.

No podemos olvidar que uno de los factores de riesgo de la depresión

es el suicidio, y aunque felizmente tiene una prevalencia escasa en la depresión infantil, es un tema que hay que tener presente.

Contacto otros niños

Es necesario aumen- tar las habilidades sociales: Potenciar el contacto con otros niños es fundamental.

Celebrar el cumpleaños, animarlo a asistir a fiestas, potenciar que realice algún ejercicio físico en equipo.





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