Cochabamba, domingo 17 de diciembre de 2017
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Lecturas sutiles La envidia, no es solo cochabambina

| Daniela Marisol Rico Dehne | 19 nov 2017



“¿Cómo se dice niño envidioso en italiano?

Cocha-Bambino”

(Chiste popular)

La envidia habita en todos los seres humanos. Es un sentimiento universal, difícil de exterminar y más arcaico que los celos mismos; no hay sujeto que no haya sentido en su ser alguna vez envidia, y aquel que dice que no, levantaría nuestras sospechas. En otras palabras, la envidia, en su medida, es normal.

¿Pero qué ocurre en la ciudad de Cochabamba? Parece que la envidia se da más allá de la “normalidad”. Está en el corazón de Bolivia, turísticamente tiene varios atractivos, pero su gente no es uno de ellos. Pensarán, ¿por qué se atreve a afirmar esto? La misma población confirma esta idea: el día de su aniversario se realizó una encuesta en las calles con esta pregunta: ¿qué es lo positivo y negativo de un qhochala? La mayoría respondió que, en su aspecto positivo, está la alegría y el buen gusto por la comida; y entre sus cosas negativas, como si fuera una norma de comportamiento marcada, se habla del cochabambino como un ser colmado de envidia, egoísmo y mañas.

Siguiendo esta idea, otro artículo muy llamativo sobre este tema es “Cochabamba o los desvaríos de la envidia”, escrito por Antonio Mayorga Ugarte, donde el entrevistado H.C.F. Mancilla nos dice que en el valle central de Cochabamba, sobretodo, parece existir una necesidad de engañarse mutuamente unos a otros, uno a costa del otro; enfatizando también acerca de esa simpatiquísima predisposición a tratar mal, ningunear, acabar o rebajar todo mérito del prójimo, como una tendencia de envidia muy marcada.

Los cochabambinos nos hemos vuelto un poco más tolerantes con estas observaciones de los visitantes, pero si la envidia no es solo un fenómeno psicológico que se da en esta región, sino un sentimiento humano y universal: ¿Qué hace que sea compartida e institucionalizada en las costumbres de un pueblo entero? Hay una respuesta compleja. Se ha dicho muchas veces que la envidia es el vicio más característico de un pueblo con poca población, como dice el dicho “pueblo chico infierno grande”, y esto tiene que ver más con la percepción interna de inferioridad que con la escasez objetiva. Considerando que Cochabamba tiene una población poco extensa, se puede pensar que hay un sentimiento generalizado de inferioridad o, más específicamente, una desigualdad significativa entre los ideales y la percepción de la propia valía en una mayoría de los habitantes. No se puede concluir sobre esto, porque el psicoanálisis, puede contribuir a exponer la dinámica de la envidia y su transmisión, pero no se encuentra en posición de afirmar qué sucesos o hechos del pasado determinaron las inclinaciones de un pueblo entero.

Quizás la diferencia entre Cochabamba y otras ciudades reside en las normas. Habrá que revisar la historia, y ver de qué manera se dio la inscripción de la ley en lo colectivo y en lo individual, pues parece que esta, que debería ser la encargada de regular la relación entre pares, el impulso al odio, las satisfacciones individuales, no funciona, haciendo que la falla sea muy evidente.

Según Mancilla, aquí la ley es el castigo que dice, pues vale la regla que dice “todo para el amigo, la ley para el enemigo”. Eso quiere decir que, la ley aquí está considerada como lo negativo por excelencia, no como el vehículo que nos evita comernos unos a los otros.

Los celos y la envidia, no son la misma cosa. Estos dos sentimientos suelen ser confundidos, pero tienen características diferentes: los celos tienen un condimento amoroso y se necesitan tres personas. El celoso será el que sienta que queda “excluido” de la escena de a dos. Él llora por la persona o el objeto amado, pues lo quiere para él.

En la envidia se necesitan solo dos personas, yo y el otro. El envidioso se pregunta: ¿por qué él tiene y yo no? Esto genera hostilidad y competitividad, resultando en un deseo de agredir y que el otro sufra. En un ejemplo cotidiano tenemos al tipo que raya el auto de otro con una llave, pero no porque quiera el auto, sino porque lo que quiere es hacer sufrir, basándose en un fundamento: cómo él tiene, y yo no, lo voy a maltratar La envidia que pasa del mero pensamiento al acto no es saludable, porque estropea y en ocasiones anula completamente el placer de la admiración, el gozo de la amistad, la utilidad del compañerismo y la solidaridad.

La envidia puede ser un impedimento psicológico muy serio, y siempre una fuente de sufrimiento, más para el envidioso, que para el envidiado.

NOTA: Para cualquier consulta o comentario, contactarse con Claudia Méndez del Carpio, responsable de la columna, al correo electrónico

claudiamen@hotmail.com

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