Cochabamba, lunes 18 de diciembre de 2017
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Hay casos de maltrato real, falso y “en defensa propia”

En el 70% de las denuncias de varones se descubrió que las mujeres reaccionaron ante la violencia de ellos. En los casos reales, el 90% ocurre al sospechar o verificar una infidelidad.
| darynka sÁnchez A. | 19 nov 2017



En una sociedad de estructura patriarcal, como la boliviana, “la violencia se convierte en un instrumento de disciplina para garantizar el cumplimiento de los mandatos y la supervivencia de ese sistema”, afirma la promotora de Avances de Paz y docente de postgrado en materia de violencia basada en género, Sandra Aliaga Bruch.

A través de diferentes estudios, se ha comprobado que la violencia hacia mujeres “es infinitamente mayor y más visible”, pero eso no quiere decir que no exista la violencia hacia los hombres. Y en varios sentidos: hay maltrato a sí mismos, de la sociedad y de las mujeres hacia los varones. “Y digo de la sociedad, porque el sistema les exige a los varones comportarse de formas específicas para probarse machos”, apuntó Aliaga. Les exige ser violentos, los presiona a vivir en los excesos del consumo de alcohol, del cigarro, de la velocidad, del sexo sin protección, y a “solucionar” los problemas a través de los puños. Todo, para que prueben que son hombres. Al esforzarse en imitar esa imagen hegemónica, los varones incurren en una “violencia autoinfligida”.

Empero, la docente coincide en que es necesario identificar el tipo de violencia que los hombres han comenzado a denunciar y la respuesta de las autoridades. Aliaga accedió a un informe del Centro de Información y Desarrollo de la Mujer (CIDEM) en el que se detallaba que de cada 100 denuncias de violencia, 4 a 5 eran presentadas por varones. Pero, le llamaron la atención dos aspectos importantes: uno, la rápida respuesta que las autoridades les daban a esas denuncias. “Más de la mitad de las causas, en las que los hombres son víctimas, ya tienen sentencia. Pero, con las mujeres no pasa lo mismo. Hay mora procesal, pese a que la Ley 348 instruye celeridad”.

VIOLENCIA Y DEFENSA PROPIA 

El otro aspecto que le llamó la atención a Sandra Aliaga tiene que ver con el segundo tipo de denuncia presentada por los varones: cuando la violencia de la mujer surge en defensa propia.

“En la investigación del 70 por ciento de las denuncias presentadas por los hombres se descubrió que las mujeres habían actuado en una legítima defensa de sus propias vidas. Es decir, ellas reaccionaron cuando eran golpeadas por sus parejas o cuando ellos habían intentado matarlas”. La psicóloga clínica forense del IDIF de Cochabamba, Lorena Cox, explicó que las mujeres que son sometidas a ciclos recurrentes de violencia, pueden desarrollar el síndrome de la mujer maltratada que la convierte en una amenaza para el agresor inicial. Luego de acumular varios síntomas de este síndrome, cuando estas mujeres sienten que su vida está en serio peligro pueden experimentar picos de temor insuperable que las desbordan y pueden llegar a causar lesiones muy graves o muertes muy crueles.

El director de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (FELCV) de Cochabamba, coronel Iván Luque, ratificó estos datos.

“Al analizar las estadísticas con todo el personal de la FELCV, verificamos que en un 70 a 80 por ciento de los casos, cuando la mujer se posesiona como agresora, lo hace en defensa propia”, aseguró.

En la mayoría de los casos, el agresor inicial es el varón, pero la mujer sabe que su fuerza física es limitada y no puede devolver una bofetada o un puñete, “por lo que toma lo que esté a su alcance, ya sea una tijera, un cuchillo, una plancha, un martillo o un florero, para devolver un daño que ella considera recíproco”.

Según Luque, en los casos reales de violencia contra los varones, el 90 por ciento ocurrió porque las mujeres descubrieron una infidelidad o que sus parejas habían tenido otros hijos fuera del matrimonio.

“En muy pocos casos hemos visto a mujeres que agredan porque el varón no cumpla el rol de proveedor. La mayoría de las mujeres denunciadas, en los casos reales de maltrato, reaccionan ante los celos y la traición con excesiva violencia”, sostuvo el jefe policial.

El experto en violencia basada en género, Yecid Aliaga, asegura que este es un maltrato por emoción violenta.

“La emoción violenta ha sido históricamente mal utilizada para justificar las injustificables olas de feminicidios. Es cierto que los celos implican posesividad y que esta se relaciona con el sistema patriarcal, con el machismo, porque tiene que ver con la conquista, con el sentimiento de pertenencia, de propiedad, que es una construcción patriarcal. Si no es mío, no es de nadie”, describió.

La doctora en Teoría de Género e investigadora española radicada en Costa Rica, Coral Herrera, asegura que el amor romántico es una construcción social, cuyo discurso es reforzado por el cine, las novelas y la literatura y que nos hace creer que el amor es para siempre, que el príncipe azul debe ser perfecto, que transforma a las personas violentas en pacíficas y que los celos son sinónimo de amar. Es un discurso que encubre y genera violencia en base a mitos, a cuentos. “Nos mantiene distraídas soñando con finales felices, adoptando un estilo de vida concreto y que el sistema patriarcal se mantenga tal como está. El romanticismo es político. Y la violencia una alternativa”, escribe Herrera.



DENUNCIAS Y VENGANZA

En los últimos meses, se han conocido varios casos de hombres que efectúan falsas denuncias de violencia para contrarrestar los procesos penales que enfrentan por la Ley 348.

“Son las denuncias por venganza y generalmente responden al asesoramiento de malos abogados que intentan presionar de esa manera a las verdaderas víctimas de violencia, para obligarlas a desistir de los procesos que iniciaron antes que ellos”, explicó la abogada y coordinadora de Voces Libres, Mercedes Cortez.

La defensora atendió al menos cuatro casos en los que los agresores, aconsejados por sus abogados, decidieron acusar a sus víctimas o a sus familiares de violencia en contra de ellos, para poder manipularlas y presionarlas a abandonar sus procesos. Llamativamente, en varios de estos casos la Fiscalía fue rápida para imputar a las víctimas falsamente acusadas, pero muy lenta para viabilizar las denuncias de maltrato iniciales de las mujeres.

El caso de Lucy Alí Velarde es un ejemplo de ello. Ella denunció por violencia a su exesposo, en octubre de 2016. En represalia, él la acusó en abril de 2017 de fracturarle el brazo, pese a que habían 10 testigos de que eso no ocurrió.

Ambas denuncias fueron procesadas por fiscales diferentes, pero la denuncia más antigua no avanzó. Hasta la fecha, el agresor ni siquiera ha sido presentado en audiencia cautelar. En cambio, Lucy fue detenida preventivamente en una cárcel durante cuatro meses, pese a que sus hijas son pequeñas.

Falsas denuncias

Se han dado casos de hombres que denuncian por maltrato a sus víctimas, para obligarlas a desistir de los procesos que les iniciaron.





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